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ÁRABES EN AMÉRICA.
Este fin de semana fue especial. Jueves, Viernes y Sábado en Viña del Mar.
Se llevó a cabo el XIII Congreso Fearab América y el Primer Encuentro de
Juventudes Americano Árabes.
No sabía que esperar, ni siquiera sabía realmente de que trataba todo
esto. De lo que sí estaba convencido, era que quería y debía estar allí.
vi muchas caras conocidas. Vi a los clones de mi padre y de mi
abuelo. La mayoría hombres entre 50 y 70 años.
Todos algo calvos, bien alimentados, narices prominentes, acogedores,
cálidos y cordiales. Algunos hablaban en español y otros en Árabe. Eran
cristianos, ortodoxos y musulmanes. Chilenos, argentinos y cubanos.
Capitalinos y de provincia. Existían algunas diferencias entre nosotros,
pero siempre con denominadores comunes: la sangre, el origen y el idioma.
Conocí a muchas personas. A mi tío Emilio, al que veía por primera vez. A
un señor Cubano, que me demostró que las utopías no han muerto y que él
vivía motivado por dos. A hombres y mujeres de edad que me transmitieron
su sabiduría. A jóvenes de toda América que me contagiaron con su
entusiasmo. Hombres brillantes y mujeres muy especiales.
Aprendí muchas cosas de nosotros. La importancia de los Árabes en
Latinoamérica. Como nos hemos sabido adaptar a los países que nos han
acogido. Cuanto hemos aportado. Cuanto influimos en la formación de la
Cultura Occidental. Como nos han discriminado. Como han tergiversado
nuestro pasado. Como hemos vuelto a salir adelante. Como haber llegado a
América, no fue más que volver a casa.
Tomé más conciencia que nunca de la Causa Palestina. Aprendí de gente que
sabe demasiado.
Comprendí que no es nuestra causa, sino que es la causa de la Humanidad,
de la Justicia, de los Derechos Humanos y del entendimiento entre los
pueblos. Asumí que la Intifada es la lucha de Palestina por Palestina.
Condené cualquier forma de terrorismo.
Confirmé que somos un pueblo de paz, ¿Quiénes si no nosotros conocemos las
consecuencias del Terrorismo de Estado?.
Distinguí entre terrorismo y la lucha por la independencia y la libertad.
Me hice cómplice del dolor que sufren los Palestinos día a día. Rechacé
enérgicamente el daño que causa la potencia ocupante a nuestros pequeños.
Me demostraron que los niños Palestinos no sueñan y si lo hacen es con su
muerte.
Comprendí que la tierra es en parte nuestra y que Jerusalén Oriente es
nuestra capital eterna. Exigí el respeto a las resoluciones de la ONU y a
los principios del Derecho Internacional. Soñé con la creación de un
Estado Palestino.
Aprendí muchas cosas de mí mismo. Que debo seguir aportando con lo mejor
que sé hacer. Que debo asumir con responsabilidad lo que la causa me
exige. Que no hay lucha que no valga la pena. Que debo ser un puente entre
mi abuelo, mi padre y mis hijos, para que vivan según la cultura que nos
han heredado. Definitivamente entendí de donde vengo, quien soy y hacia
donde debo ir.
Y como escuche muchas veces el fin de semana, ¡Nos vemos en Jerusalén!
....por todos aquellos que fueron expulsados de su
tierra y nos trajeron hasta acá.......especialmente mi
abuelo.
11 de Noviembre de 2001
Andrés Gidi. - Chile
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