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Terrorismo de Estado, el
verdadero terrorismo
ROSA REGAS
no
de los objetivos prioritarios de la Presidencia española
de la Unión Europea, según nos ha dicho Aznar, es la lucha
contra el terrorismo, y en este sentido se quiere
conseguir el consenso entre todos los países. Pero Aznar
no ha especificado de qué terrorismo nos habla. Porque
mayor aún y más destructor que el terrorismo en manos de
grupos enloquecidos e incontrolados es el terrorismo que
actúa con total impunidad, con todo el poder de las leyes
y de las armas, y en nombre de Dios o de la raza, y que si
tiene el apoyo de las grandes potencias, no acepta la
menor oposición, ni una humilde recomendación ni menos aún
la crítica que lo hace culpable de vulnerar los derechos
humanos. Así lo hemos visto en la entrevista que el señor
Piqué, como representante de la UE, celebró días atrás con
un terrorista de Estado, Sharon, el jefe del Ejecutivo
israelí.
Para luchar contra el terrorismo que sufre en su país,
Sharon no duda en decidir unilateralmente quién es
culpable y quién merece el castigo que con sus tanques y
sus misiles impone cuando y como le da la gana. Es decir,
juzga y castiga a los ciudadanos sin someterlos a juicio
ni permitirles la defensa. Los mata, sin más. Castiga al
pueblo con la destrucción de aeropuertos, edificios, casas
de particulares, cuarteles de policía, puertos, barcos,
estaciones de autobuses, instalaciones de radio y
televisión y cuantas otras los palestinos han logrado
levantar con ayuda internacional.
Condena a cuantas personas se le ocurre con el pretexto
de que son responsables de los atentados, los asesinan por
la espalda, por el frente por donde quieran sus soldados,
y si los tienen a demasiada distancia sus tanques no
tienen más que invadir el territorio palestino como si
fueran los dueños y señores del lugar.
¿Qué diríamos si cada vez que ETA comete un atentado el
Gobierno respondiera bombardeando Bilbao, o enviando
misiles contra un caserío al que hace responsable de
esconder a terroristas, o se internara en territorio
francés destruyendo casas, estaciones de autobuses y de
trenes y tirando bombas a diestro y siniestro? ¿Qué diría
la comunidad internacional?
No sé lo que le dirían al Gobierno español, lo que sí
sé es que esta misma comunidad internacional no se atreve
a decirle a Sharon que está vulnerando todas las reglas no
ya de la convivencia, sino las del Derecho Penal, los
derechos humanos y todas cuantas leyes se han promulgado a
lo largo de la historia para que los hombres no vayan
matándose cruelmente y destruyéndose.
Cuando Piqué se fue con la negativa de que Sharon
volviera a iniciar el proceso de paz, no pudo decirle
todas estas cosas y posiblemente no porque no las crea,
como las cree todo el mundo que sepa lo que es y condene
el terrorismo de Estado, sino porque no se atrevió. ¿Cómo
reconvenir a un aliado de Estados Unidos, precisamente
cuando el propio emperador, distraído quizás con sus
galletitas o pensando en las próximas elecciones, ni
siquiera tiene una palabra para evitar pararle los pies al
monstruo?
Y es que Sharon no quiere la paz. Lo vimos el día que
se dirigió rodeado de guardaespaldas y soldados a la
explanada de las mezquitas en un alarde de fuerza y de
desprecio que ha provocado esta oleada de atentados por
uno y otro lado. Pero que no se engañe el pueblo de
Israel: con Sharon, al que han votado masivamente, lo
único que lograrán de aquí a la eternidad será la muerte
de los suyos, porque están dejando a los palestinos tan
sin recursos, tan maniatados, tan prisioneros entre los
tanques, tan miserables, que no teniendo más que la vida
por defender, prefieren inmolarse a vivir como esclavos en
la más absoluta pobreza e indignidad.
¿No lo sabían entonces? ¿No lo vieron? ¿Quién es tan
inocente de no darse cuenta de que un hombre sobre el que
pesan las acusaciones de asesinar brutalmente y a sangre
fría a miles de habitantes de Sabra y Chatila sabrá
encontrar un camino que les dé la paz si no es con la
sangre? Y la sangre pide sangre y no le importa de qué
lado le viene.
Nunca Israel ha tenido tantos muertos israelíes como
desde que rige sus destinos ese hombre sin escrúpulos, más
terrorista que cualquier terrorista, porque tiene más
poder que todos ellos juntos, más impunidad, más
arrogancia y actúa en nombre de una justicia que solamente
reconoce él: la de la violencia, la de la prepotencia.
Porque para Sharon no hay más paz que la que se erija tras
la destrucción y la aniquilación del pueblo palestino, y
en caso de no poder acabar con todos los palestinos, su
única ambición es tener prisioneros a los que sobrevivan
como los está teniendo ahora, y convertirlos en callados
esclavos al servicio de su país. Así es, aunque siempre
habrá alguien que no lo acepte. Y que no nos digan que
tiene el poder que el pueblo le ha dado en las urnas. Este
argumento no sirve, también lo tuvo Hitler. La decencia de
un líder político no se mide por los votos, sino por su
respeto a los derechos humanos. Y de esto Sharon no
entiende nada.
Estoy en contacto con muchas personas que viven en
Israel y están tan horrorizadas como lo estoy yo por lo
que está ocurriendo, por esta imparable ascensión del
terrorismo y del terrorismo de Estado. Pero no se atreven
a hablar. Saben que no acabarán las inmolaciones de los
palestinos mientras no se entre en la vía de la
negociación, y saben que por la destrucción de cada casa,
de cada edificio, por cada asesinato selectivo, aparecerán
otros tantos jóvenes dispuestos a morir porque es la única
forma que les queda de protestar.
A esos israelíes contrarios a la voracidad destructora
de Sharon les ocurre lo mismo que a los estadounidenses
que no están a favor de la guerra de Afganistán en
represalia por la destrucción de las Torres Gemelas: se
les acusa de antipatriotas y por esto callan y muchos de
ellos no se atreven ni a reunirse amedrentados por las
posibles represalias y tal vez porque se dan cuenta que
contra la fuerza de las armas, no hay nada que hacer.
El señor Sharon además, ha invocado ante Piqué que los
europeos no recordamos las persecuciones que han sufrido
los judíos a lo largo de su historia, como si estos
crímenes, por el hecho de estar cometidos por un
descendiente de los que sufrieron el Holocausto, quedaran
justificados, es más, dejaran de ser crímenes para
convertirse en actos necesarios para equilibrar la balanza
de aquel sufrimiento y destrucción perpetrados por los
nazis.
Y a los que no estamos de acuerdo con él nos trata de
antisemitas que aprovechan cualquier acción de Israel para
demostrarlo. Pero sabe él y cuantos piensan como él, que
no es así, éste es sólo un argumento para contrarrestar la
mala conciencia de sus súbditos, no la de Sharon que no
tiene ni buena ni mala conciencia. Es una forma de
condenarnos antes de que podamos hablar o mejor aún, una
forma de callarnos para que nos se nos acuse de
antisemitas.
No lo somos, es más, la mayoría de nosotros tenemos
sangre y apellidos judíos y estamos muy contentos con
ellos, pero no hemos perdido la capacidad de criticar la
vulneración de los derechos humanos, sea quien sea quien
las perpetre. Aunque fuera nuestro padre. Y si es el
pueblo israelí, o su líder, quien lo hace, aunque nos
duela mucho más que si lo hiciera el líder de otro país
porque entendemos que tras tanto sufrimiento cabría una
conducta más pacifista, también lo decimos. Sobre todo
cuando los límites de la decencia se han traspasado hace
ya demasiado tiempo azulando de forma tan irreparable el
fuego de los odios, y el oprobio y la vergüenza cubren, o
deberían cubrir, la conciencia de un pueblo. Un pueblo
que, ciertamente, ha sufrido mucho en su historia. Pero
contrariamente a lo que cree Sharon, una cosa no tiene
nada que ver con la otra.
El-Mundo 29 de enero de 2002
Rosa Regàs es escritora, reciente ganadora del
Premio Planeta 2001 con su novela La Canción de Dorotea.
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