|
Viaje a Palestina :
Tanques
contra piedras
Iosu
Perales
Una
delegación de la ONGD vasca, Hirugarren Mundua ta Bakea, ha visitado
recientemente tierras palestinas. Su recorrido por los territorios
ocupados, su testimonio ocular, sus entrevistas, les ha permitido obtener
una fotografía privilegiada de cuanto está ocurriendo en el conflicto
israelo-palestino. El firmante de este artículo tan revelador, nos invita
a tomar una actitud activa de solidaridad con la causa palestina. Y es
que, por debajo de las noticias que sitúan la confrontación en claves
politicistas y geoestratégicas, hay un pueblo real, sufriendo el asedio,
el genocidio lento de una política israelí que, como escribió, hace tan
sólo unos días, un turista atrevido en el muro de las lamentaciones de
Jerusalén, es una política nazi. Paradojas de la historia.
Cuando
el 28 de septiembre de 2000, el general Ariel Sharon entró en la
Explanada de la Mezquita Al-Aqsa acompañado de centenares de policías y
del ultraderechista alcalde Jerusalén, se puso en marcha una nueva
provocación contra el pueblo palestino con un significado preciso:
ratificar el derecho israelí a la soberanía plena sobre la ciudad santa
y reafirmar el carácter hebreo de este lugar.
Los
musulmanes presentes reaccionaron con protestas, en una zona donde las
emociones y los símbolos gobiernan los impulsos humanos. Jerusalén es
para los musulmanes el tercer lugar sagrado, tras la Meca y Medina. Los
judíos creen que en esta ciudad está enterrado el Templo de Salomón y
allí se reconstruirá cuando llegue el Mesías. Como se sabe, Jerusalén
es uno de los puntos gruesos de las negociaciones entre el gobierno israelí
y la Autoridad Palestina.
Al
día siguiente, el 29 de septiembre, la policía israelí, cumpliendo órdenes
del presidente Ehud Barak disparó contra cientos de manifestantes
musulmanes, dejando siete muertos y decenas de heridos. En ese instante
estalló la "segunda intifada". Después de seis meses los
muertos palestinos suman alrededor de 400, cuando en el curso de los cinco
años de la primera intifada perdieron la vida un total de 1.000 personas.
Al número de muertos hay que sumar miles de heridos, muchos de los cuales
quedarán lisiados de por vida. Este escandaloso incremento de víctimas
continúa hoy, y así sabemos como cada día la policía israelí responde
a las piedras de los niños con tanques, y a los disparos de algún
francotirador palestino con bombardeos sobre ciudades. En nuestras retinas
permanecen grabadas las imágenes del niño de 12 años Mohammed Jamal
Ahmad Al-Dura, muerto en Gaza por disparos de los soldados israelíes
mientras su padre, parapetado detrás de un bloque de cemento, lo
intentaba proteger con su cuerpo y suplicaba indefenso el fin del tiroteo.
Y en nuestra retinas también, después de este viaje, permanecerá la
angustia visible de las poblaciones de Belén, de Beit Jala, de Beit
Sahour, de Ramallah... siempre esperando los ataques de los aviones y
helicópteros israelíes, la posibilidad cercana de que los tanques
disparen sus obuses, de que los colonos desde sus asentamientos situados
en las alturas disparen indiscriminadamente. Y permanecerán en nuestra
retinas los efectos brutales de los bombardeos, las casas destruidas.
La
lucha por Jerusalén no es sólo la lucha por el control de un lugar, sino
también, y esto es lo más importante, un enfrentamiento que decidirá cuál
es la cultura que deberá prevalecer en este lugar. ¿Debe caer Jerusalén
bajo la hegemonía fundamentalista hebraica o debe recuperar su carácter
de ciudad pluricultural? Treinta años de excavaciones no han permitido
encontrar indicios del Templo de Salomón, pero muchos judíos tienen sin
duda una concepción monocultural de Jerusalén.
Crisis
del proceso de paz
En
realidad, el acto de Ariel Sharon, fue la gota que rebasó el vaso de la
paciencia palestina. Esta nueva Intifada en Cisjordania, Jerusalén Este y
en la Franja de Gaza, y que se ha extendido entre los palestinos de
Israel, tiene como raíz el fracaso total de un injusto proceso de paz.
Han sido siete años de engaños, desde que en la ciudad de Oslo se
firmara en 1993 un acuerdo entre las partes, que nunca ha sido cumplido
por Israel.
Es
verdad que aquellos acuerdos fueron acogidos con entusiasmo por el mundo,
e incluso por la mayoría del pueblo palestino. Lo que en Oslo se firmó
era la puesta en marcha de un autogobierno palestino en algunas partes de
Cisjordania y la Franja de Gaza, durante un período provisional que debería
haber finalizado en mayo de 1999. A partir de esa fecha deberían haberse
iniciado las negociaciones para la creación de un Estado Palestino, abordándose
la cuestión de Jerusalén Este (que los palestinos desean como su
capital), el destino de cuatro millones de palestinos refugiados, el
estatuto de los asentamientos coloniales israelíes en Cisjordania y Gaza,
y el control de los recursos hídricos (algo estratégico para un Estado
Palestino viable y con soberanía).
Las
cosas no sucedieron de esta manera. Israel, con el apoyo de Estados Unidos
(que como sabemos siempre veta en el Consejo de Seguridad de la ONU
cualquier resolución contraria a Israel), se arrogó la potestad de
decidir qué partes del acuerdo cumpliría y cuáles no, decidiendo
unilateralmente los ritmos y plazos. En ausencia de una autoridad
internacional que verificara el cumplimiento de los acuerdos (algo que sí
sucedió en El Salvador y en Guatemala, por poner ejemplos), la parte más
fuerte, Israel, terminó enterrando los acuerdos de Oslo.
Es
así que siete años después de Oslo, Israel controla el 61% de
Cisjordania, lo que le ha permitido doblar el número de colonos judíos
en esa región, haciendo más difícil la solución del problema. En la
Cisjordania de hoy, tres millones de palestinos permanecen ubicados en
zonas aisladas entre sí, rodeadas de carreteras y asentamientos bajo
control israelí. Como en un apartheid, los palestinos viven en amplias
prisiones al aire libre, sin libertad de circulación, sufriendo cortes de
agua y luz como medidas de castigo, y sumando víctimas a resultas de los
disparos de colonos y del ejército israelí, quienes juegan a tirar al
blanco. Sometidos en zonas vigiladas por el ejército israelí, los
palestinos no pueden acudir a trabajar fuera de sus recintos; el paro
aumenta en paralelo a la miseria; a los hospitales no llegan medicinas e
instrumental urgente; los alimentos entran con cuenta gotas en los pueblos
y ciudades. Hemos visto con nuestros ojos qué significan los cierres de
las poblaciones palestinas; cómo las tropas israelíes controlan todos
los accesos, las carreteras infestadas de tanques, como sólo por castigar
cierran caminos árabes con toneladas de piedras y tierra.
No
es aventurado afirmar que Israel nunca pensó en cumplir los acuerdos de
Oslo. Su propósito real es el siguiente: En Cisjordania, territorio de
5.750 kilómetros cuadrados, se quiere imponer de hecho anexiones que la
dividan literalmente en trozos rodeados por 2400 kilómetros de carreteras
de circunvalación que llevan a las colonias judías. La idea es que el
autogobierno palestino se constituya sobre la base de provincias aisladas
entre sí. Este mapa cantonalista para un "estado Palestino"
incluiría al norte de Cisjordania la ciudad de Nablús, en la parte
central a Ramala, en el sur a Belén. Jericó quedaría aislada. Los
palestinos se verían separados de Jerusalén, el centro de su vida. Y en
la Franja de Gaza, pequeño territorio de sólo 380 kilómetros cuadrados,
Israel quiere perpetuar la existencia de zonas bajo su control, por
razones de seguridad. Actualmente la franja se divide en tres zonas: la A)
bajo control palestino; la B) bajo autonomía política palestina y
control militar israelí; y la C) bajo control israelí.
Posibles
escenarios
A
medio plazo, el proyecto de Israel es lograr una realidad Palestina
domesticada, gobernada por una Autoridad que sea corrupta, bárbara y
obediente. A largo plazo, probablemente lo que busca es una Palestina que
forme parte del Reino de Jordania, algo que sería bien acogido por
sectores de la nobleza palestina.
Pero
estos pronósticos no tienen mucha importancia en comparación con la
incertidumbre acerca de lo que pueda pasar las próximas semanas y meses.
Por las conversaciones que hemos podido tener se pueden indicar distintas
variables:
- Ariel Sharón estaría buscando el momento propicio para volver a
ocupar los territorios actualmente bajo autonomía palestina.
- El gobierno israelí, al
bloquear el proceso de paz trata de desgastar a la Autoridad Nacional
Palestina, enterrando Oslo, y colocando a Arafat como responsable ante su
pueblo al no haber sabido manejar el proceso de paz. Tesis que sería
reforzada por la corrupción importante en el seno de la ANP. Esta
estrategia buscaría la caída de Arafat y la elección por parte
norteamericana-israelí de otro interlocutor palestino.
- Como variante de la
"solución" anterior los israelíes buscarían pudrir la situación,
seguir castigando militar y económicamente y desatar al interior de la
sociedad palestina una confrontación civil que justificara la intervención
de Jordania como pacificadora, lo que convertiría a ese país como
interlocutor en el proceso de paz.
- Otro enfoque ve en la
estrategia israelí el intento de doblegar a Arafat para que se avenga a
una negociación que acepte la recuperación palestina de Cisjordania de
entre el 40-60% del territorio, según el mapa de 1967, no el de la
repartición de 1948; así como el reconocimiento de la soberanía israelí
sobre Jerusalén.
Todas
estas variantes tienen puntos fuertes y débiles. Lo cierto es que los
palestino ya estuvieron totalmente ocupados durante 30 años por lo que la
primera alternativa no les resulta desconocida. Por otra parte la ocupación
total llevaría a Israel a hacerse responsable de demasiados problemas
sociales, económicos, de orden público, etc.
La última de las variantes, según
amigos palestinos de PTM, no es probable habida cuenta que Arafat tiene
asumido el querer pasar a la historia -ya al final de su vida- con la
posición actual y no como vencido.
Esta última tesis se pudo
apreciar en Camp David. Ante el fracaso de los acuerdos de Oslo, el
presidente Clinton quiso hacer algo para marcharse de la Casa Blanca con
un éxito, y convocó en Camp David a Barak y a Arafat, en el mes de julio
de 2000.
Norteamericanos e israelíes
montaron un gran alboroto publicitario en torno a supuestas concesiones de
Barak. En realidad todo fue propaganda. Con respecto a la cuestión de los
millones de refugiados, lo máximo que aceptó fue el regreso de unos
pocos miles palestinos, de forma escalonada en un tiempo de diez años. Un
retorno presentado como algo humanitario y no como un derecho ciudadano y
político de los millones de palestinos que huyeron de los territorios
durante las guerras de 1948, 1956 y 1967. En cuanto a los asentamientos de
colonos judíos en Gaza y Cisjordania, Barak insistió en la necesidad de
anexionarlos a Israel. Y, en cuanto a Jerusalén Este, las concesiones de
Barak no fueron más allá de la propuesta de que los palestinos desempeñasen
algunas "funciones municipales" en algunos de sus barrios,
excluyendo su derecho a intervenir en la planificación urbanística. En
otras palabras: Jerusalén Este quedaría bajo la soberanía israelí.
El objetivo de las negociaciones
fue asegurar la adhesión formal de la Autoridad Palestina a este
proyecto. Pero ni Arafat ni ningún otro líder palestino hubiera podido
aceptar una solución de este calibre, sin que ello significara una gravísima
traición a la causa palestina y al sentimiento árabe.
Así pues, Camp David fue un
fracaso. La paz de Oslo no pudo ser recuperada y el presidente Clinton se
fue sin el éxito que deseaba.
Tensiones en la sociedad
palestina
Hay que señalar que la
Autoridad Palestina y la OLP fueron a Oslo con la decisión de avanzar
hacia la formación de un Estado palestino en el marco de la resolución
242 de Naciones Unidas. Esto significa aceptar que dicho estado se
constituirá en un territorio que supone sólo el 22% de la Palestina histórica,
frente al 78% ocupado por Israel. Esto quiere decir que ni siquiera
reivindica la vuelta a las fronteras sancionadas por la Naciones Unidas en
1947 en la repartición del territorio ocupado por tropas británicas para
la creación de los dos Estados. Como sabemos, la guerra de 1948 dio a los
israelíes la oportunidad de aumentar sus territorios significativamente.
Pero, curiosamente, los acuerdos
de Oslo, en lugar de remitirse de forma clara a las resolución 242 y de
crear una comisión internacional de verificación, se firmaron sobre
bases de compromisos voluntarios de las partes. La OLP cometió un error.
Ello ha dado lugar a que dentro
de la sociedad palestina las críticas a la Autoridad presidida por Arafat
hayan aumentado. La nueva intifada muestra el cansancio del pueblo ante la
ANP y Arafat.
Hay quienes dicen que la
Intifada tiene un doble destinatario: la ocupación israelí y la censura
a la ANP -muy cuestionada además por la corrupción-. Podemos señalar de
este modo hasta tres corrientes críticas en el interior de la sociedad
palestina:
-Una corriente desaprueba los acuerdos alcanzados entre la ANP e Israel
en Oslo. Crítica el creciente autoritarismo y la corrupción que se
observa en la ANP. Pero, en aras de mantener la unidad nacional y no
alterar la correlación de fuerzas interpalestinas, prefiere mantener
prudencia.
-Una segunda corriente formada
por la izquierda tradicional del FPLP, el FDLP y el viejo partido
comunista, ahora reconvertido en el partido del pueblo palestino,
es mucho más beligerante al comportamiento de la ANP en Oslo, pero no ha
sabido presentar un programa alternativo y realizable.
-Los movimientos islamistas
forman la tercera corriente crítica. Hamás y la Yihad Islámica
combaten todo el proceso negociador y apuestan por la lucha armada. Su sueño
del pasado islámico remite a la frustración del presente. Entre sus
tendencias internas hay alguna que no descarta la negociación con Israel,
pero en posición de igualdad.
En
todo caso, el denominador de las críticas pone de relieve la falta de una
estrategia política alternativa que pudiera sustituir a la estrategia de
la ANP que, demasiadas veces, da la impresión de querer llegar a acuerdos
con Israel sin consensuar los temas más transcendentales en el campo
palestino y en la misma posición de debilidad que negoció en Oslo.
La fuerza israelí
La guerra seguirá por tiempo.
La proporción de muertes entre palestinos e israelíes es de 15-1. La caída
de Barak y el ascenso al poder del general Ariel Sharón, buscado en
tiempos pasados por terrorista por las autoridades británicas, y
responsable de las matanzas de mujeres y niños palestinos en las aldeas
de Sabra y Chatilla, no deja lugar para el optimismo. En realidad Barak no
era un angelito: su plan de paz es una versión particularmente cruel de
la conocida negación de los derechos del pueblo palestino por parte de
norteamericanos e israelíes. Y, sin embargo, Sharón está a su derecha.
La sociedad israelí,
adoctrinada en las escuelas, por los medios de comunicación, durante el
servicio militar de tres años para los hombres y un año y medio para las
mujeres, vive bajo la obsesión de la seguridad. Toda la violencia que
pueda utilizar es poca para garantizar su sobrevivencia como Estado. Para
ello utiliza el holocausto como la prueba de ser los perseguidos de la
historia que, por sus sufrimientos pasados tiene ahora derecho e impunidad
para aplastar a sus enemigos. El recuerdo de los campos de concentración
hace a los israelíes herederos de una tragedia que los hace inmunes a
toda crítica y juicio de valor acerca de su conducta actual. La guerra
los cohesiona. Vértebra a una sociedad de muchas procedencias que de otro
modo tendría dificultades para implementar su unidad. La amenaza árabe
une a centroeuropeos, rusos, argentinos, estadounidenses, etc, todos ellos
llegados a la tierra prometida. Además, la religión juega un papel en
tanto que fuerza nacional para conquistar la tierra. La tierra sagrada que
debe ser ocupada por judíos, desalojada de árabes que la hacen impura.
La religión como armazón ideológico, fanático, que justifica la
expansión permanente, el adentrarse en tierras palestinas bajo la
Autoridad Nacional para fundar nuevos asentamientos de colonos.
Los colones disparan desde sus
asentamientos situados en las alturas, rodeando poblaciones palestinas,
mientras los soldados rusos, polacos, argentinos, perdón quise escribir
judíos apuntan también con sus tanques y cierran herméticamente los
accesos a los pueblos árabes. Todo ello desde una ideología de la
inocencia: "matamos palestinos pos su culpa, por su empeño en no
irse a Jordania que es donde deben de estar".
Pincelada final sobre el paisaje
humano de los territorios ocupados
Lo que hemos visto en los
territorios ocupados es la violación sistemática de todos los derechos
humanos, uno por uno. Es la utilización más perversa por parte de quien
tiene la fuerza para rendir a un pueblo en el hambre, el miedo, el
cansancio, la pérdida de toda esperanza. En este sentido, la ocupación
tiene dos aspectos: la presencia de tropas israelíes, soldados y
reservistas, y la expansión de los asentamientos de colonos. Estos últimos
se construyen en las alturas. Belén está rodeada de fortalezas de
colonos; Jericó lo mismo. Desde estos asentamientos de dispara sobre los
palestinos, se controlan los recursos eléctricos y de agua, las
carreteras y caminos. Miles de kilómetros unen los asentamientos de los
territorios ocupados, dejando a las poblaciones palestina aisladas. Es una
política de genocidio lento que parte de la idea de que los palestinos
sobran en la gran Israel. Los colonos son generalmente gentes venidas de
centroeuropa, de Argentina, de Rusia, etc, a los que el Estados les otorga
vivienda, salarios sin necesidad de trabajar, un fusil, una protección
militar. La estrategia es ir ganando territorio para hacer imposible la
vida a los árabes. Estos asentamientos se construyen sobre tierras
expropiadas por la fuerza a los palestinos; un día van las máquinas y
empieza la construcción.
Es corriente que un palestino te
señale un asentamiento y te diga "Allí tengo yo mi tierra. Allí
tenía mis naranjos, mis olivos". Pero los asentamientos de colonos
judíos incursionan también en pueblos y ciudades árabes. Es corriente
ver en Jerusalén Este casas tomadas por colonos, mediante la técnica de
la ocupación armada. Se apropian de los pisos altos, fortifican las
azoteas, y mantienen gentes armadas día y noche para su protección. En
ellos ondea la bandera sionista. Son actos de provocación, uno de los
cuales es el de Hebrón. Ciudad cien por cien árabe, vio como un dúo un
grupo de judíos se registraban en un hotel y nunca más salieron de él.
Con la justificación de su defensa llegaron soldados israelíes que
tomaron edificios cercanos, mientras nuevos colonos iban ocupando casas
cercanas obligando a sus habitantes palestinos a abandonarlas. Hoy en Hebrón,
en medio de la ciudad, 6000 judíos armados hasta los dientes, viven
rodeados de cien mil palestinos. Su misión: el expansionismo y la
provocación.
Los territorios ocupados son
polvorines. En ellos, cualquier niño es un tirador de piedras como modo
de expresar su rabia y su dolor. Cualquier palestino puede disparar sin
eficacia casi siempre, sólo para expresar el odio al ocupante. La
respuesta será brutal. Sin duda los judíos aprendieron del holocausto:
como los nazis, queman tiendas árabes, hacen razias, por cada piedra dos
obuses, por cada tiro palestino diez bombas. Así es la vida en los
territorios.
4
de Mayo de 2001
fuente:
http://www.rebelion.org
|