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EL SIONISMO EN LOS ESTADOS
UNIDOS:
Edward Said
No hay israelí que no reconozca la existencia del pueblo palestino.
Pueden
justificar su suerte, pero nunca ignorarlo. El discurso sionista
norteamericano nunca es tan directamente honesto. Para ellos, los árabes
no
son seres reales, sino fantasías de casi todo lo que puede ser endemoniado
y
despreciado.
El Sionismo en los EE.UU. El verdadero problema Por Edward Said Este
artículo busca ahondar en el papel mal interpretado y mal juzgado del
sionismo norteamericano en la cuestión de Palestina. A mi juicio, el
papel
de los grupos sionistas organizados y sus actividades en los Estados
Unidos
no ha sido suficientemente considerado durante el período del
"proceso de
paz", un descuido que juzgo sorprendente, considerando que la política
palestina ha sido esencialmente el endilgar el problema de nuestra suerte
como pueblo a los Estados Unidos sin ninguna conciencia estratégica de
hasta
qué punto la política norteamericana es, en realidad, dominada, si no
controlada completamente, por una pequeña minoría de gente cuyos puntos
de
vista sobre el Medio Oriente son en cierto modo incluso más extremos que
aquellos del Likud israelí.
Tomemos un pequeño ejemplo. Hace unos meses, el diario israelí Ha´aretz
envió a uno de sus principales columnistas, Ari Shavit, a pasar varios díasconversando conmigo; un buen resumen de esta larga conversación apareció
como una entrevista de preguntas y respuestas en la edición del 18 de
agosto
del suplemento del periódico, básicamente sin cortes y sin censura.
Expresé
muy sinceramente mis puntos de vista, con el mayor énfasis en el derecho
de
retorno de los refugiados, los acontecimientos de 1948 y la
responsabilidad
de Israel por todo esto. Me sorprendió que mis puntos de vista fueran
publicados tal como los expresé, sin la menor manipulación por parte
Shavit, cuyas preguntas fueron siempre corteses y sin ánimo de
enfrentamiento.
Una semana después de la entrevista hubo una respuesta por Meron
Benvenisti,ex vicealcalde de Jerusalén bajo Teddy Kollek. Fue asquerosamente
personal,llena de insultos y calumnias contra mí y mi familia. Pero jamás negó
que
hubiera un pueblo palestino, o que hayamos sido expulsados en 1948. En
realidad, dijo: los conquistamos, y ¿por qué íbamos a sentirnos
culpables?.
Respondí a Benvenisti una semana más tarde en Ha´aretz y lo que escribí
fue
también publicado sin cortes. Recordé a los lectores israelíes que
Benvenisti fue responsable de la destrucción (y probablemente sabía del
asesinato de varios palestinos) de Haret Al-Magharibah en 1967, durante la
cual varios cientos de palestinos perdieron sus hogares bajo los
bulldozers
israelíes. Pero no tuve que recordarle a Benvenisti ni a los lectores de
Ha´aretz que existimos como un pueblo y que por los menos podíamos
discutir
nuestro derecho al retorno. Eso se daba por descontado.
Hay aquí dos puntos. Uno es que toda la entrevista no podría haber
aparecido
en ningún periódico norteamericano, y por cierto, en ningún órgano
judío-norteamericano. Y si hubiera habido una entrevista, las preguntas
que
se me habrían hecho hubieran sido antagónicas, intimidantes, injuriosas,
como por ejemplo, por qué han estado involucrados en el terrorismo, por
qué
no reconocen a Israel, por qué Hajj Amin (gran muftí de Jerusalén,
fallecido
en 1974) fue nazi, etc. Segundo, un sionista israelí como Benvenisti, sin
importar cuánto detesta mi persona y mis puntos de vista, no negaría que
hay
un pueblo palestino que fue obligado a partir en 1948. Un sionista
norteamericano sostendría durante mucho tiempo que no hubo conquista
alguna
o, como adujo Joan Peters en un libro de 1984, desaparecido y prácticamente
olvidado en la actualidad, From Time Immemorial (Desde Tiempos
Immemoriales,
que obtuvo todos los premios judíos cuando apareció en este país), que
no
había palestinos viviendo en Palestina antes de 1948.
Cada israelí estará dispuesto a admitir y sabe perfectamente que todo
Israel
era antes Palestina, que (como Moshe Dayan dijo abiertamente en 1976) todo
pueblo o aldea israelí tenía antes un nombre árabe. Y Benvenisti dice
abiertamente que "conquistamos ¿y qué? ¿Por qué debiéramos
sentirnos
culpables por haber ganado?" El discurso sionista norteamericano
nunca es
tan directamente honesto: siempre tiene que irse por la tangente y hablar
de
hacer florecer el desierto, y la democracia israelí, etc., evitando por
completo los hechos esenciales sobre 1948, que han sido vividos por cada
israelí. Para el norteamericano, se trata sobre todo de fantasías, o
mitos,
no de realidades. Los partidarios norteamericanos de Israel están tan
lejos
de la realidad, tan atrapados en las contradicciones de culpa diaspórica
(después de todo ¿qué significa ser sionista y no emigrar a Israel?) y
de
triunfalismo como la minoría más exitosa y más poderosa en los Estados
Unidos, que lo que emerge es muy a menudo una mezcla aterradora de
violencia
indirecta contra los árabes y un miedo y odio profundo contra ellos, que
es el resultado, a diferencia de lo que sucede con los judíos israelíes, de
no
tener un contacto prolongado con ellos.
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