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Sharon…de
Hagana y Quibya a Sabra y Shatila
Said
Alami.
Adónde
está el orgullo de los hombres?-O acaso hay que decir hipocresía?-Porque
tanto dolor no tiene nombre—en Sabra y Shatila (Alberto Cortez… de su
canción “Sabra y Shatila”).
El Estado de
Israel acaba de coronar medio siglo de su forzada existencia reconociendo
ante el mundo que es el Estado paria que en realidad ha sido desde que fue
implantado en el lugar donde nunca debió existir y de donde será
arrancado tarde o temprano, de seguir con su actual mentalidad racista y
expansionista.
Al haber elegido
al sanguinario general, Ariel Sharon, para primer ministro, este Estado ha
quedado al desnudo ante el mundo entero, pues con ello ha alcanzado tal
grado de bancarrota moral que ya siente que no necesita tapar sus vergüenzas.
Y no es que Sharon sea la vergüenza más grande que tiene Israel, pero sí
es la más notoria tanto a nivel interno como a nivel internacional.
Sharon pertenece
a la saga de terroristas israelíes más conocidos por sus crímenes desde
antes de la implantación de Israel. El primer terrorista de renombre en
los archivos policiales de Londres que llegó a gobernar Israel fue
Menahim Beguin, de la organización terrorista judía, Irgun, que el 19 de
abril de 1948 ejecutó la matanza de Deir Yasin, en la que fueron
asesinados cientos de palestinos. El segundo terrorista internacionalmente
conocido que gobernó Israel fue Yitzhac Shamir, de la organización
terrorista judía Stern, responsable de un sinfín de asesinatos antes de
1948. El tercero de esta saga es Sharon, de la organización terrorista
judía Hagana, a la que perteneció desde 1945.
Sharon es
conocido, sobre todo, por su papel fundamental en las matanzas de Sabra y
Shatila (Líbano, 1982) en las que al menos 2.000 civiles palestinos,
incluidos bebés, niños, mujeres y ancianos fueron degollados. ( fueron
unos 3.500 muertos, según el periodista israelí Amnon Kapeliouk, autor
de un libro sobre las matanzas de Sabra y Shatila).
Tal fue la
repugnancia internacional que provocaron esas matanzas hacia Sharon, que
el entonces primer ministro, Beguin, no tuvo más remedio que destituirle
de su cargo de ministro de Defensa, en febrero de 1983. La investigación
interna abierta por las autoridades israelíes entonces, bajo una
formidable presión internacional, terminó acusando, en el informe del
juez Isaac Kahan, a Sharon de ser el instigador de aquellas matanzas. Este
informe sigue válido hoy día. En enero de 1985 Sharon perdió una
demanda por libelo contra el semanario estadounidense, TIME, por sus críticas
y acusaciones hacia Sharon en relación con las matanzas de Sabra y
Shatila.
El Consejo de
Seguridad de la ONU, convocado en una sesión extraordinaria para discutir
sobre las matanzas de Sabra y Shatila, condenó por unanimidad las
matanzas. En aquella sesión, el embajador de España ante la ONU, Jaime
de Piniés, acusó sin rodeos a Israel y dijo en su intervención ante el
plenario del Consejo:” ya sabemos cuál es el significado de la ley y el
orden israelíes”. España condenó entonces ante el Consejo de
Seguridad, en duros términos a Israel haciendo al Estado sionista
responsable directo de aquellas matanzas. Piniés, al decir en aquella
intervención suya que “ Israel ha venido ignorando sistemáticamente
las resoluciones del Consejo de Seguridad”, lo que hacía era señalar y
constatar, para la vergüenza del Consejo y de la comunidad internacional,
una verdad como un castillo, que hoy día pocos responsables europeos se
atreven siquiera a susurrar, excepto en sus dormitorios, tan postrados
como están a los pies del sionismo mundial y de su sede central en la
Casa Blanca.
En resumidas
cuentas, la comunidad internacional hacía a Israel, en la persona de su
entonces ministro de Defensa, responsable de las matanzas de Sabra y
Shatila, dado que las tropas israelíes controlaban Beirut y todos los
accesos a los campos de refugiados palestinos de la capital y sus
alrededores, desde el 15 de septiembre de aquél año. Eso quiere decir
que Sharon, nada más ocupar Beirut, tras la marcha de la ciudad de los
guerrilleros de la OLP, empezó a preparar la inmediata ejecución de las
matanzas de los civiles palestinos que quedaban sin protección ninguna en
los campos de refugiados. Sharon no perdió el tiempo y encargó la misión
a su jefe de Estado Mayor, Rafael Eytan, quien a su vez delegó tan
espantosos crímenes a Fadi Frem y Eli Hobaiqa, lideres entonces de las
llamadas Fuerzas Libanesas, que no eran más que milicias a sueldo de
Israel, al igual que las milicias del Ejército del Sur de Líbano, de
Saad Haddad, entonces subordinado directo de Sharon y Eytan. Las dos
milicias se encargaron del trabajo sucio en Sabra y Shatila, matando y
degollando a palestinos inocentes en una carnicería que empezó el jueves
16 de septiembre y se prolongó hasta altas horas de la noche del sábado
18 de septiembre, siempre bajo la atenta mirada de Sharon.
Sabra y Shatila
fueron dos matanzas más en la interminable cadena de crímenes que Israel
viene cometiendo contra el pueblo palestino. Sin embargo, Sharon no se
estrenaba como carnicero en aquel Beirut de 1982. Sus crímenes habían
empezado antes de la implantación de Israel, como miembro de la Hagana.
Pero su primera matanza no se produjo hasta 1953, y a diferencia de las de
Sabra y Shatila, esta fue ejecutada con sus propias manos y las de sus
soldados. Fue en una noche de octubre de aquel año cuando Sharon,
encabezando una fuerza de 130 hombres, atacó a los pacíficos campesinos
del pueblo de QUIBYA, en la Cisjordania, que entonces era territorio bajo
soberanía de Jordania. Los aldeanos dormían ajenos al destino que les
deparaba Sharon y sus soldados, que fueron colocando explosivos en los
muros de 50 de las casas del pueblo, volándolas a continuación. 69
hombres, mujeres y niños fueron asesinados en Quibya mientras dormían,
seguramente ante la triunfal y macabra sonrisa de Sharon, que hoy tiene el
destino de Israel en sus manos. Según el historiador israelí, Benny
Morris, aquella matanza enfureció a los Gobiernos de Washington y
Londres, que entonces, como hoy, eran los aliados incondicionales de
Israel.
Sharon, no
olvidemos, ha sido el arquitecto de la invasión israelí de Líbano, que
degeneró en un estruendoso fracaso para Israel. Precisamente, la Comisión
Kahan prohibió a Sharon, fundador del Likud en 1973, volver a asumir la
cartera de Defensa, “por sus fracasos en Líbano”. ? Como puede
alguien a quien se le prohíbe ser ministro de Defensa acceder a la
jefatura del Gobierno?. ?En que mente cabe que un terrorista (Hagana), un
criminal de guerra (Sabra y Shatila) y un genocida (Quibya) pueda ser
elegido para primer ministro, en cualquier parte del mundo, y por mayoría
aplastante, excepto en Israel?.
Ahora, (21 de
febrero) fracasado al parecer su intento de formar un Gobierno de unidad
nacional con los laboristas, Sharon, puede quedar enteramente a merced de
partidos minoritarios y fragmentados, ultraortodoxos, ultranacionalistas y
ultraderechistas, que le pueden convertir en su rehén, con lo cual estaría
condenado a la desesperación política en el Knesset. En una situación
así, Sharon podría huir hacia delante, ?como? haciendo lo único que
sabe hacer: endurecer la agresión militar contra los palestinos hasta límites
que pueden convertir a la matanza de 450 palestinos perpetrada por Barak a
lo largo de los últimos 5 meses en un simple prólogo de las próximas
matanzas. Pero, aun así, Sharon no podrá evitar que su estancia en el
poder sea fugaz y que las elecciones generales sean convocadas en breve
plazo.
Cara al exterior,
Sharon se tropezará con una frialdad casí total por parte del presidente
de Egipto y el rey de Jordania, únicos vecinos árabes que reconocen a
Israel. Por supuesto que Sharon no se atreverá a visitar ninguno de esos
dos países, donde Barak sí que era recibido de vez en cuando. Los israelíes
lamentarán habre elegido a un primer ministro que además de estar
paralizado políticamente en el interior y casí aislado en el exterior,
no les resolverá problema alguno respecto a los palestinos, que ya están
más que curados de espantos, llamese estos Netanyahu, Barak o Sharon.
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