Artículos de opinión

 

 

                                   

Repetir o no repetir

Edward W. Said


Masiosare

Un clima ominoso se está apoderando de Medio Oriente, ahora que Ariel Sharon ha venido a Estados Unidos. Cualquiera que recuerde lo sucedido entonces notará sin duda una sorprendente semejanza entre el periodo actual y el que precedió la invasión israelí a Líbano de 1982. El mismo criminal de guerra, Sharon (quien debería estar compartiendo la suerte de Milosevic en La Haya), visitó al secretario de Estado, Alexander Haig, y después regresó para decir que había recibido luz verde de Estados Unidos. Posteriormente, sus ejércitos invadieron Líbano.

Y por supuesto, ha hecho lo mismo esta vez con el inexperimentado Colin Powell y el presidente, intelectualmente en desventaja, George Bush. Ambos hombres, en menos de un mes, han adoptado totalmente la mentira israelí de que el principal problema es "la violencia", que automáticamente se atribuye a los palestinos, mientras se considera que la política de contención es la aportación israelí. Por lo tanto, ahora lo único que Sharon debe hacer es invadir áreas bajo control de la Autoridad Nacional Palestina y después decir que esto se puso en práctica con la aprobación de Estados Unidos para salvaguardar la seguridad israelí.

Tal vez la visita de Colin Powell a Palestina y su sugerencia de enviar observadores internacionales para supervisar la tregua complique ligeramente las cosas, pero la mentalidad de Sharon no permitirá sino la invasión, en opinión de los palestinos. Por lo pronto, queda claro que ningún funcionario israelí puede decir algo más que no sea una mentira redomada. La semana pasada un debate televisivo en Estados Unidos entre el ministro palestino Nabil Shaath y el vocero de la Knesset, Avraham Burg, confirmó este triste hecho y que nuevamente, por cualquiera que sea la razón, la Autoridad Nacional Palestina y sus voceros parecen incapaces de comprender lo que está sucediendo.

Burg se sentó, y descaradamente fabricó una falsedad tras otra: dijo que como demócrata y amante de la paz le preocupaba que no existiera ninguna voluntad para la paz de parte de Palestina; que Israel sigue intentando con gran ahínco conservar la calma mientras que los terroristas palestinos (alentados por la ANP) han amenazado a su hija nada menos que con asesinarla brutalmente; que Israel siempre ha querido la paz; que Arafat lo controla todo; que él y Shaath son exactamente lo mismo, con la excepción de que él, Burg, está en posibilidades de influenciar a Sharon hacia la moderación y Shaath no puede hacer lo mismo con Arafat, y continuó argumentando cosas por el estilo. Todo con el fin de enviar el mensaje, en el estilo clásico de la propaganda (repetir una mentira lo suficiente hasta que se crea como verdad) de que Israel es victimado por los palestinos, quiere la paz y está esperando que los palestinos emulen su magnanimidad y moderación.

Ante todas estas farragosas construcciones Shaath parecía no tener respuesta alguna, salvo decir lastimeramente que los palestinos también quieren la paz y desean que se aplique el plan Mitchell (como si ese documento de pacotilla elaborado por el Comité Estadunidense de Asuntos Públicos de Israel ya se hubiese tornado en una escritura). ¿Acaso líderes palestinos como Abed Rabbo, Shaath, Erakat y otros han olvidado que, como senadores, Mitchell y Warren Rudman, que son la mitad del comité que produjo el estúpido reporte, eran los miembros mejor pagados de ese lobby israelí? Por lo visto, sí.

Shaath insistió en que se intenta la moderación y se quiere regresar a los principios de Oslo, y así siguió. Rara vez he visto una concentración semejante de falsedad israelí ser recibida con tan rastrera servilidad por parte de palestinos, y esto ocurría mientras millones de sus coterráneos siguen sufriendo el peor castigo colectivo posible. Cuando alguien como Shaath tiene la oportunidad preciosa de tratar con un criminal como Burg, no debe ni por un momento permitirle olvidar que Israel ha perpetrado horrendos crímenes de guerra, que se impide a millones de personas trasladarse, comer, tener acceso a servicios de salud, que 500 personas han sido asesinadas y 2 mil casas demolidas, que 50 mil árboles han sido arrancados y miles de acres de tierra han sido confiscados, que la construcción de asentamientos continúa, y todo eso ha ocurrido durante el "proceso de paz".

Incluso un portavoz por lo general excelente y confiable, como Ghassan Khatib, se ha visto infectado por el virus de hablar de la violencia y del informe Mitchell, omitiendo por completo la ocupación, la ocupación, la ocupación. ¿No pueden estos impotentes portavoces concentrarse en la realidad diaria de nuestro pueblo y su sufrimiento, y hablar siquiera una vez como seres humanos y no como émulos de tercera de Kissinger y Rabin, quienes se han convertido en sus modelos a seguir? ¿Qué nos pasa que nunca podemos hablar concretamente de lo que es el factor central de nuestra existencia a cualquier nivel, como es el hecho de que desde hace más de 53 años hemos sido oprimidos por Israel y seguimos sufriendo esa opresión mediante bloqueos, sitios, bombardeos aéreos y ataques con misiles desde helicópteros, y que nuestros refugiados no han recibido un centavo de compensación y ni siquiera la esperanza de repatriación por parte del Estado que los ha despojado y castigado desde entonces.

Lo que me confunde es que aún después de ocho años de decepciones y traiciones la mente oficial palestina es incapaz de reconocer el desastre que fue Oslo y, en cambio, quiere que se lo devuelvan. Es como preguntarle al verdugo si, por favor, no le importaría afilar un poco su hacha antes antes de dar un tajo. Por supuesto, uno debe permanecer en cualquier juego político que se esté desarrollando, y es obvio que uno debe responder directamente a las cuestiones referentes a acuerdos, treguas y demás. Pero sobre todo, lo que encuentro más consternador es que nuestros voceros muestran rasgos de ser tan totalmente ajenos y lejanos a los horrores cotidianos en la vida del palestino promedio, como para siquiera mencionarlos.

A ellos les quiero decir que sin importar la ocasión, sin importar la pregunta, sin importar el periodista de diario, televisión o radio, cada pregunta debe ser respondida, en primer lugar, con algunas cuestiones básicas sobre la ocupación militar que ha tenido lugar por 34 años desde 1967. Este es el origen de la violencia, la fuente de los principales problemas y la razón por la que Israel nunca podrá tener una paz verdadera. Toda nuestra posición política debe basarse en el fin de la ocupación y ésta debe ser la prioridad, por encima de toda y cualquier otra consideración.

Cuando a Erekat, Shaath, Ashrawi o Khatib se les pregunte algo, por ejemplo, sobre el informe Mitchell o la visita de Colin Powell, su respuesta debe empezar siempre diciendo: "Mientras la ocupación israelí sobre Palestina exista, nunca podrá haber paz. La ocupación con tanques, soldados, puestos de control y asentamientos, es violencia, y es una violencia mucho mayor que cualquier cosa que los palestinos hayan hecho mediante su resistencia." Algo así.

Estas estimables personas deben recordar que 99 por ciento de las personas que leen periódicos o ven noticias por televisión en todo el mundo (incluidos los árabes), simplemente han olvidado -si es que alguna vez lo supieron- que Israel es un poder ilegal de ocupación y lo ha sido durante 34 años. Por lo tanto, debemos recordárselo al mundo una y otra vez. Repetirlo, repetirlo y repetirlo. Esto no es una tarea difícil, si bien creo que es absolutamente crucial. Recordarle a todos reiteradamente sobre la ocupación israelí es una acción necesaria, mucho más que las declaraciones estúpidamente inconsecuentes y sentimentales israelíes y de estilo estadunidense sobre la paz y la violencia. ¿Podemos aprenderlo, o estamos condenados a repetir nuestros errores para siempre?.

Traducción de Gabriela Fonseca

10 de julio de 2001