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Palestina: Una realidad presente y objetiva

Edward Said
ZNet en español

Llegada a su séptimo mes, la Intifada ha alcanzado la más cruel y, para los palestinos, la más sofocante de las etapas. Los dirigentes israelíes están claramente determinados a seguir lo que siempre han hecho: la vida imposible a esta gente que sufre injustamente. Y Sharon no conoce límites a sus deseos, todo ello en nombre de un "principio" aceptado por EE.UU., que es el de rehusar a hacer algo mientras la "violencia" continúe.

Esto parece legitimar a Sharon en acosar a una población entera de tres millones de personas, mientras él y Shimon Peres, probablemente el más deshonesto e hipócrita de todos ellos, van por el mundo quejándose del terrorismo palestino. Así que no perdamos más el tiempo preguntándonos como es posible que queden impunes empleando tácticas tan despreciables. El hecho es que lo hacen y continuarán haciéndolo en un futuro próximo.

Una vez dicho y admitido esto, no hay razón, sin embargo, para aceptar las consecuencias pasivamente. Analicemos, por tanto, la situación con calma desde un punto de vista táctico y estratégico. Esto es lo que encontramos:

La dirección palestina que firmó en Oslo y aceptó el ruinoso principio de la tutela de EE.UU. así como toda clase de concesiones miserables (incluyendo el proceso continuado de asentamientos), es simplemente incapaz de hacer algo más de lo que hace ahora, que es atacar a Israel verbalmente y hacerle señas por debajo de la mesa para indicarle que desea volver a las viejas (e inútiles) negociaciones en más o menos exactamente las mismas condiciones. Aparte de esto, tiene poco poder y menos credibilidad.

La pasmosa capacidad de supervivencia de Arafat le ha llevado tan lejos como ha podido, y aunque el límite debería ser obvio para él, no tiene ninguna intención de marcharse. La ilusión de que él es Palestina y Palestina él persiste tozudamente; y seguirá creyéndoselo mientras viva, no importa lo que ocurra. La dificultad añadida es que todos sus teóricos sucesores son hombres menos capaces y probablemente no hagan sino empeorar las cosas.

La política estadounidense no se ve afectada por la precaria situación palestina, por muy grave que ésta pueda ser. Bush es tan pro israelí como Clinton, y el lobby israelí en los EE.UU. y en Europa es tan despiadado en sus mentiras y desinformación como lo ha sido siempre, a pesar de años de esfuerzo por parte de los árabes para lograr un acercamiento tanto a la administración estadounidense como (de manera bastante sorprendente) al lobby israelí. Aún así, hay una gran simpatía espontánea por la causa palestina en EE.UU. y en Europa (entre los afro-americanos, latinos, la mayoría de las iglesias que no son parte de las iglesias fundamentalistas del Sur, la comunidad académica, e incluso, como demostró un extraordinario manifiesto firmado por varios cientos de rabinos en apoyo de los derechos palestinos en un anuncio pagado en el New York Times, los judíos americanos, muchos de los cuales están tan horrorizados ante Sharon y Barak como lo estamos nosotros), a pesar de que nunca se haya llevado a cabo ninguna campaña palestina para ganarse a este sector de una manera sistemática.

Es muy poco probable que los estados árabes hoy representen algo más que una ayuda táctica marginal para los palestinos. Todos ellos poseen intereses directos que los ligan a la política norteamericana; y ninguno tiene la capacidad de ser un aliado estratégico para los palestinos como se ha podido comprobar en la reciente cumbre de Amman de manera concluyente. Por otro lado, hay una gran brecha que separa a los gobernantes de los gobernados en el mundo árabe, y esto es motivación suficiente para la causa palestina, si se dirige hacia la emancipación y el fin de la ocupación.

Los israelíes no van a poner fin a su política de asentamientos ni a su asedio de los palestinos en general. A pesar de sus fanfarronadas, Sharon no es un hombre muy inteligente o siquiera competente. Se ha valido de la fuerza y del engaño a lo largo de su carrera, flirteando con el crimen y el terror la mayor parte del tiempo, haciendo uso de ellos siempre que ha creído poder salirse con la suya. Nunca nos hemos dirigido al público israelí -particularmente a aquellos ciudadanos consternados por los acontecimientos actuales, que en efecto condenan a Israel a un conflicto sin fin- ni tampoco, desafortunadamente, tenemos ahora nada que decir, por ejemplo, a los cientos de reservistas que han desertado del servicio militar durante la Intifada. Hay un sector de población dentro de Israel a quienes debemos comprometer con la causa palestina, de la misma manera que el CNA (Congreso Nacional Africano) hizo del incluir a blancos en su lucha contra el apartheid un punto prioritario de su política.

La situación palestina es remediable, dado que son los seres humanos quienes hacen la Historia y no al revés. Hay suficientes palestinos jóvenes por todo el mundo y otros tantos más viejos que están totalmente exasperados, consternados y enfermos hasta lo más profundo por un liderazgo que ha ido de un desastre a otro sin haber rendido cuentas nunca, sin haber dicho la verdad jamás y sin haber sido nunca claro sobre sus objetivos y pretensiones (excepto en las de su propia supervivencia). Como Eqbal Ahmad dijo una vez, la OLP ha sido históricamente muy flexible en sus estrategias y extremadamente rígida en sus tácticas. En efecto, este aforismo se refleja exactamente en su política y actuación desde 1993. Arafat comenzó aceptando las resoluciones 242 y 338 como base de las negociaciones (estrategia), luego cambió flexiblemente y aceptó una modificación tras otra durante los años siguientes; los asentamientos se iban a terminar, luego se incrementaron y también aceptó esto. Lo mismo con Jerusalén y la devolución de todos los territorios. Pero Arafat nunca renunció a su táctica, que era la de permanecer en el proceso de paz y depender de los norteamericanos a pesar de lo que sucediera. Estratégicamente flexible, tácticamente rígido.

Por tanto, necesitamos ahora algo que la situación requiere, pero a lo que los actores se resisten; es decir, una verdadera declaración de metas y objetivos. Ésta tiene que incluir ante todo, el fin de la ocupación militar israelí y de los asentamientos. De ninguna otra manera se puede alcanzar la paz entre palestinos e israelíes. No existe una paz "provisional" (como la que Oslo supuso desde el principio, en enorme detrimento de la población palestina). Ni tampoco es posible que sólo haya unos derechos para los palestinos y no otros. Este es un sin sentido inaceptable. Un conjunto de leyes y derechos, un conjunto de metas y objetivos. Sobre esta base se puede organizar un nuevo movimiento pacifista palestino que debe incluir a judíos israelíes y no israelíes, especialmente a individuos heroicos y grupos como los Rabinos por los Derechos Humanos y el movimiento liderado por Jeff Halper para terminar con la demolición de las casas.

¿Cuáles son entonces los objetivos de este movimiento? En primer lugar, ha de ser un movimiento centrado en la liberación palestina y la coexistencia, en el que todos sean parte activa en lugar de espectadores pasivos esperando a que otro Saladín o quien sea descienda de los cielos y solucione el conflicto. Tiene que haber una representación de las otras dos sociedades cuyo impacto en Palestina es fundamental: los EE.UU., que proveen a Israel del apoyo sin el cual los actuales acontecimientos que están teniendo lugar hoy en Palestina no serían posibles. Después de todo, el contribuyente norteamericano suministra a Israel directamente con tres billones de dólares en ayuda más un constante resuministro de armamento (como los helicópteros que ahora mismo están bombardeando a pueblos y villas palestinas indefensas) que equivale a un total de casi cinco billones de dólares. Esta ayuda debe detenerse o modificarse radicalmente. Y segundo, la sociedad israelí, que se ha dedicado o a aprobar políticas racistas en contra de los palestinos "inferiores" o a apoyar activamente con su incorporación al ejército, el Mossad y el Shin Beth la implementación de esta política inmoral y humanamente inaceptable. Lo increíble de todo esto es que hayamos soportado esta situación por tanto tiempo, como tantos otros ciudadanos israelíes que deben involucrarse para cambiar las cosas.

Aunque actualmente toda declaración de derechos humanos en el mundo (incluyendo la Carta de la ONU) reconoce el derecho de la gente a resistir por todos los medios disponibles a la ocupación militar, y a los refugiados el derecho de volver a sus casas, también es cierto que los bombardeos suicidas en Tel Aviv no tienen ningún sentido, ni político ni ético. También éstos son inaceptables. Hay una gran diferencia entre la desobediencia civil organizada o la protesta masiva, por un lado, y el suicidio kamikaze de uno mismo y de otros inocentes, por el otro. Esta diferencia tiene que ponerse de manifiesto clara y enfáticamente, y esta práctica ha de ser desterrada de cualquier programa palestino serio de una vez por todas.

Los otros principios son bastante obvios. Autodeterminación para ambos pueblos. Igualdad de Derechos para ambos. No ocupación, no discriminación, ni asentamientos. Todo el mundo ha de estar incluido. Cualesquiera que sean las negociaciones a considerar deben asentarse sobre estas condiciones, que deben ser claramente formuladas desde el principio y no dejarse implícitas o sin decirse, como sucedió en el proceso de Oslo promocionado por los EE.UU. La ONU ha de ser el marco. Mientras tanto, es nuestra obligación como palestinos, árabes, judíos, americanos y europeos el proteger a los desprotegidos y el terminar con los crímenes de guerra como el castigo colectivo, los bombardeos y las persecuciones que sufren los palestinos cada día.

Estas son las realidades de hoy, en el núcleo de las cuales se encuentra la enorme asimetría, la disparidad tremenda de poder entre Israel y los palestinos. Así que debemos hacer lo posible para lograr una situación mas justa de inmediato por los medios políticos todavía a nuestra disposición: el poder de pensar, planificar, escribir y organizar. Esto es cierto para los palestinos en Palestina, en Israel, en el exilio. Nadie está exento de alguna obligación para con nuestra emancipación. Es triste ver que la dirección actual sea totalmente incapaz de entender esto y por tanto debe apartarse a un lado, lo cual hará, con la más absoluta certeza, algún día.

3 de Julio de 2001

Título original: Palestine: Present and Clear Reality
Autor: Edward W. Said
Origen: ZNet
Traducido por Sonia Martínez y revisado por Joana Llinàs