Artículos de opinión

 

 

 

Anatomía del Racismo

Hannan Ashrawi

 

Los apologistas de la ocupación israelí deben encontrar a otros para culparlos por el horror infligido a los palestinos - ¿qué mejor que las mismas víctimas? 

 

Echarle la culpa a la víctima" ha sido el recurso común de los culpables en la racionalización y deformación del horror del crimen mismo.

Trátese de mujeres maltratadas, niños abusados, o palestinos que sufren hace tiempo la brutalidad de la horrenda ocupación militar israelí, el primer (y último) recurso de los cobardes es difamar a la víctima, acusando a él, ella o ellos de haber causado la crueldad merecida del crimen.

El requisito previo esencial, por supuesto, es la deshumanización total de las víctimas y la eliminación de sus derechos y atributos más básicos así como de sus peticiones de protección.

Inevitablemente, el trato discriminatorio exacerbado que resulta es reforzado aún más por el aumento de la vulnerabilidad, la deformación y la exclusión de la protección de la consideración humana y a los imperativos morales.

Por ello, la última erupción de confrontaciones entre el ejército de ocupación israelí y los manifestantes civiles palestinos se convirtió en el terreno de juego de la potencia total de la "máquina de mentiras" israelí en su ejercicio más deliberado, concentrado y racista de engaño y deshumanización dirigido contra todo un pueblo.

La forma más básica de engaño es fabricar una falsa simetría entre el ocupante y el ocupado, entre el opresor y la víctima. La "violencia" del poderoso ejército de ocupación israelí utilizando munición de guerra, tanques y helicópteros artillados es (en el mejor de los casos) comparada con la "violencia" de civiles palestinos protestando por el trato discriminatorio y por la continua pérdida de derechos, tierras y vidas.

Además, se apela a los palestinos a que sean dóciles, a que detengan la "violencia," a que terminen con el "cerco" de Israel, como si el ejército más poderoso de la región estuviera "amenazado" por el rechazo de su ocupación y brutalidad por un pueblo desarmado. La solución obvia y simple, por supuesto, es retirar el ejército y terminar con la ocupación.

Esto, irónicamente, va acompañado por una devaluación de los derechos y las vidas de los palestinos, traduciendo su debilidad objetiva en una disminución de derechos, mientras que los poderosos determinan los parámetros de la "justicia" para los débiles.

Toda la presentación exhibe constantemente el síndrome de "la carga que sobrelleva el hombre blanco." Los palestinos debieran "agradecer" toda "oferta generosa" que Israel decida "otorgarles," sin importar la injusticia e ilegalidad evidente de la posición negociadora de Israel.

Tanto la extrema derecha como la extrema izquierda en Israel (así como en los EE.UU.) han adoptado este enfoque condescendiente, paternalista, hacia la paz – Barak ha ido "lo más lejos posible" al "ofrecer" a los palestinos casi 90% de sus tierras así como algunas "responsabilidades" en Jerusalén, y esos palestinos "ingratos" están siendo "intransigentes" y adoptando una línea dura.

Habiéndonos limitado ya a 22% de la Palestina histórica, se nos está pidiendo ahora que compartamos la anexión ilegal de Jerusalén por Israel y su política de colonización, es decir una sociedad nefasta para violar la ley internacional y las resoluciones relevantes de la ONU.

Si no estuviéramos dispuestos a negarnos a nosotros mismos, a rehusar el papel de los buenos pequeños nativos, y si continuáramos rechazando la versión unilateral israelí de la "paz" que nos "ofrece" un estadito de bantustanes aislados y serviles bajo el sistema de apartheid israelí, se nos obligará a someternos a fuerza de bombas.

Después de todo, si no funcionan ni la presión ni la amenaza ni el forcejeo político, la agresión militar descarada podrá producir los resultados deseados ya que "los árabes no entienden otra cosa que el lenguaje de la violencia."

Vienen entonces a usarse las tácticas de terror instantáneo o la política del pánico con etiquetas tales como los palestinos "terroristas" o "dictatoriales" o "violentos", mientras ilustran la realidad de la voluntad humana de los palestinos de resistir la subyugación y la opresión como prueba de tales distorsiones.

Se hace evidente un círculo vicioso: Arafat debe "controlar" a su pueblo (¿nación u ovejas?) y "ordenarles" que se calmen y acepten su esclavización y la represión de los israelíes. De otra manera ya no será un "socio para la paz" y no podrá ser considerado un "líder."

Al mismo tiempo, Israel no puede tratar con Arafat o los palestinos porque son inherentemente "antidemocráticos" y por lo tanto no tienen nada en común con democracias "civilizadas" como Israel y los EE.UU.

Se agitan simultáneamente otras etiquetas prefabricadas y epítetos estereotipados como un ejercicio de estigmatización para reducir la humanidad de los palestinos.

Las maledicencias históricas y familiares utilizadas por los funcionarios y figuras públicas israelíes (incluyendo cucarachas, gusanos de dos patas, perros) han sido extendidas con la inclusión de "culebras" y "cocodrilos."

La reducción de nuestra humanidad a una serie de abstracciones es revelada de su manera más flagrante en el juego de los números. Las víctimas palestinas del fuego graneado israelí son indicadas a diario como "x" número de muertos e "y" número de heridos. Sus nombres, identidades, esperanzas destruidas, y sueños destrozados no se mencionan en parte alguna. También quedan ausentes el dolor y la angustia de sus madres, padres, hermanas, hermanos y otros seres queridos que tendrán que vivir con esa pérdida trágica.

La documentación visual del asesinato a sangre fría del niño Mamad al-Durra destruyó la complacencia de aquellos que estaban cómodos con el anonimato de los palestinos y la invisibilidad de su sufrimiento. Pero incluso en ese caso, la máquina de propaganda israelí trató de deformar la realidad aunque se encontraba frente a una evidencia irrefutable.

Primero, se dijo que había sido muerto por "pistoleros" palestinos. Luego, que "fue cogido en el fuego cruzado." La peor versión fue la descripción cínica del niño Mamad como un "perturbador" y un niño "malvado" que se buscó su propia desgracia, como si la respuesta adecuada a un niño que vive su niñez fuera su muerte deliberada. La última acusación involucraba una pregunta: "¿Qué estaba haciendo allí?" La verdadera pregunta debiera haber sido "qué estaba haciendo el ejército israelí allí" en el corazón de la Franja de Gaza palestina, disparando a civiles incluyendo a un niño y a su padre que habían sido cogidos con las manos en la masa: tratando de permitirse el acto "provocativo" de ir juntos de compras.

Nótese, sin embargo, el trato diferente que ocurre cuando dos agentes secretos israelíes, pertenecientes a los tristemente célebres escuadrones de la muerte israelíes son muertos por manifestantes palestinos.

Ningún palestino trató de justificar este acto: Se dieron órdenes de investigar y arrestar a los responsables. Después de todo debiera haber algo como la vigencia de la ley y un proceso adecuado.

Pero por su parte Israel movilizó sus tanques y sus ejércitos y los acercó más aún para reforzar el sitio y la estrangulación de las ciudades, aldeas y campos de refugiados palestinos. Luego introdujeron a los helicópteros artillados Apache y bombardearon las ciudades y pueblos palestinos en una forma irracional y cruel de castigo colectivo.

Su versión de los acontecimientos presentó a los agentes israelíes como reservistas que se habían "perdido" por error en Ramala y luego fueron "linchados" por la turba. Las referencias a "matanza", "sed de sangre" y "salvajismo" fueron la moneda verbal prevaleciente.

Aunque nadie condonaría la muerte de los soldados es importante , sin embargo, ver los hechos reales y su contexto: Ramala, como ciudad bajo un cerco militar israelí total estaba cerrada a todo movimiento de entrada o salida de la ciudad. Había una sola entrada abierta, enteramente controlada por múltiples puntos de control militares israelíes. De manera que "perderse" en Ramala necesitaría intentos deliberados y repetidos, requiriendo tenacidad, persistencia y hasta astucia.

Los dos agentes israelíes fueron claramente infiltrados y plantados en medio de una marcha de protesta en el centro de la ciudad. La ocasión fue el funeral de un palestino, Issam Joudeh Hamad, de la aldea de Umm Safa, que había sido raptado por colonos israelíes y torturado de la manera más cruenta hasta la muerte.

No se presentó repetidamente a los ojos del mundo las secuencias y las fotografías horripilantes del cuerpo, ni el testimonio de los médicos que lo habían examinado, para acumular puntos o deshumanizar a los israelíes. Algunas estaciones árabes me informaron que las imágenes eran tan horribles que se abstuvieron de usarlas.

La mayor parte de la gente que participaba en la marcha (en la ciudad palestina sitiada de Ramala) conocían a la víctima y algunos habían visto el cadáver. Los dos agentes secretos israelíes que habían infiltrado la marcha fueron reconocidos por los palestinos como miembros de los "escuadrones de la muerte" que habían sido responsables de asesinatos y provocaciones. A pesar de que la policía palestina trató de protegerlos, los dos fueron muertos ante las cámaras.

Esto se convirtió de inmediato en una justificación instantánea para que se denigrara a todos los palestinos como asesinos, y para la campaña de odio más sistemática y venenosa de la historia reciente. También fue usada como justificación para los ataques aéreos israelíes sobre Ramala y otras ciudades palestinas.

En su conmovedor llamado a sus compatriotas (13 de octubre de 2000) para que no utilizaran este incidente para justificar el racismo y el odio, el poeta israelí Yitzak Laor documenta varios linchamientos de palestinos por el ejército y las fuerzas de seguridad israelíes. En todos los casos los perpetradores jamás fueron castigados, y el público israelí no expresó su rechazo moral, ¡y ni hablar del bombardeo de ciudades israelíes!

Lo mismo se aplica al reino de terror de los colonos israelíes que alcanzan con sus ataques a los palestinos en sus propios hogares y pueblos, con plena colusión y protección militar israelí.

Presentados como "civiles israelíes" indefensos rodeados por palestinos "hostiles", se ignora a menudo la naturaleza siniestra y mortal de la violencia de los colonos, extremistas armados que arrasan todo a su paso. La ilegalidad de los asentamientos israelíes, el carácter extremista fundamentalista de los colonos armados, y los horribles actos de abducción, tortura, asesinato o simple violencia desatada, que se cometen impunemente, son rara vez mencionados.

Y durante todos estos eventos, se sigue culpando a los palestinos.

La falsedad más descaradamente racista es el despojo israelí de nuestra humanidad como padres. En un intento de desnaturalizar nuestros sentimientos más básicos por nuestros niños, se nos acusa de "enviar a [nuestros] niños a la muerte" para "ganar puntos en los medios."

El horror es aumentado por la ecuanimidad total y ciega con la que una calumnia nacional de semejante dimensión es repetida por israelíes de todos los partidos, sin tomar una distancia crítica o siquiera tener conciencia de la enormidad de una tal acusación racista.

Cuando los niños palestinos se convirtieron en objetivos para los francotiradores israelíes y otros actos de violencia del ejército, el ministerio de educación no tuvo otra opción que cerrar temporalmente las escuelas a fin de minimizar el peligro para los alumnos en el camino hacia y desde la escuela.

Esto fue inmediatamente asido por la máquina de mentiras israelí como prueba de que habíamos cerrado las escuelas para "soltar" a nuestros niños para que salieran y "causaran disturbios" obstruyendo así el libre vuelo de las balas israelíes.

Ni siquiera mencionan la seguridad del hogar y los intentos de los padres de proteger a sus niños.

La verdad es que, por ejemplo, el bebé de 18 meses, Sara Abdel-Athim Asan, fue baleado en el asiento trasero del automóvil de su padre, mientras que otras víctimas infantiles fueron muertas en sus propios hogares o cerca de ellos. Mu´ayyad al-Jawarish, de 12 años de edad, fue baleado en el jardín de su casa.

La mayoría de los niños recibieron balas en la cabeza o en la parte superior de su cuerpo, sobre todo con balas de alta velocidad. Los blancos más comunes de las balas de acero cubiertas con goma fueron los ojos de los niños.

El ejército israelí ha mantenido una política de tirar a matar (o para causar una invalidez permanente) costando las vidas de más de 105 palestinos e hiriendo a más de 3000 (muchos de ellos con heridas graves). Los funcionarios israelíes pretenden que se han "mostrado comedidos." Desde luego pueden ir más lejos- pueden cometer genocidio o completar la limpieza étnica que comenzaron en 1948.

Y a pesar de todo, lo que peligra es la "seguridad" de Israel. El poderoso ejército de ocupación de Israel se encoge de miedo ante el grito del pueblo palestino exigiendo justicia y libertad. El pueblo palestino no necesita seguridad en su propio país o en sus propios hogares porque han sido meticulosamente deshumanizados por su opresor para que merezcan lo que les sucede.

Peor aún que ser "no-existentes" (como en el mito del "país sin pueblo para un pueblo sin país"- que hasta Simón Peres parece compartir ahora), en las mentes de las historias oficiales israelíes, parece que ahora existimos a un nivel inferior como una especie infrahumana, privada de las calidades y derechos más elementales que guían la conciencia y los valores morales de la humanidad en su conjunto.

Todo esto a fin de aliviar la culpa y la responsabilidad del verdadero culpable. Los apologistas de la ocupación israelí deben encontrar a otros para culparlos por el horror infligido a los palestinos - ¿qué mejor que las mismas víctimas?

11 de Febrero 2001