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Palestina: Una realidad presente y
clara
Edward W. Said
El País
En su octavo mes, la
Intifada ha llegado a su fase más cruel y, para los palestinos, más
asfixiante. Los líderes de Israel están claramente decididos a hacer lo
que siempre han hecho: la vida imposible a este doliente pueblo. Lo que
Sharon está dispuesto a hacer no tiene límites, y todo en nombre de un
'principio' aceptado por Estados Unidos, que consiste en negarse a hacer
nada mientras continúe la 'violencia'. Esto parece dar a Sharon derecho a
asediar a toda una población de tres millones de personas, mientras él y
Simón Peres, sin duda el más deshonesto e hipócrita de todo el lote,
recorren el mundo quejándose del terrorismo palestino. Pero no perdamos
el tiempo preguntándonos cómo es posible que se salgan con la suya
empleando tácticas tan despreciables, el hecho es que lo hacen y que
seguirán haciéndolo en un futuro previsible.
Una vez dicho y reconocido esto, no hay razón para
aceptar pasivamente sus consecuencias. Por consiguiente, analicemos
serenamente la situación desde un punto de vista táctico y estratégico.
Esto es lo que encontramos:
1. Los líderes palestinos que aceptaron los acuerdos
de Oslo y el ruinoso principio de la tutela estadounidense, así como toda
clase de concesiones mezquinas (incluida una campaña de asentamientos en
marcha), son incapaces de hacer más que lo que hacen ahora, o sea, atacar
verbalmente a Israel y hacerle señas por debajo de la mesa para indicarle
que están dispuestos a volver a las viejas (e inútiles) negociaciones más
o menos de la misma manera. Aparte de esto, tienen poco poder y aún menos
credibilidad. La pasmosa habilidad de Arafat para sobrevivir le ha llevado
todo lo lejos que le podía llevar, y aunque debe de ser evidente para él
que se le ha acabado la cuerda, no tiene intención de soltarla. Insiste
tozudamente en la ilusión de que él es Palestina y Palestina es él; y
seguirá creyéndolo mientras viva, pase lo que pase. La dificultad añadida
es que todos sus hipotéticos sucesores tienen menos talla y es probable
que no hagan sino empeorar las cosas.
2. La política estadounidense no se ve afectada por la
difícil situación palestina, por muy grave que ésta sea. Bush es tan
pro israelí como Clinton, y el grupo de presión israelí en Estados
Unidos y en Europa es tan despiadado en sus mentiras y su información
falsa como lo ha sido siempre, a pesar de los años de esfuerzos por parte
de los árabes para lograr un acercamiento al Gobierno estadounidense y
(lo que no deja de sorprender) al lobby israelí. Y aunque hay una gran
cantidad de simpatía sin explotar hacia la causa palestina tanto en EE UU
como en Europa, no ha habido ninguna campaña palestina para ganarse a los
afroamericanos, los latinoamericanos, la mayoría de las iglesias que no
forman parte de las iglesias fundamentalistas del Sur, la comunidad académica
y, como demuestró una extraordinaria declaración de varios cientos de
rabinos apoyando los derechos palestinos en un anuncio pagado en The New
York Times, los judíos norteamericanos, muchos de los cuales están tan
horrorizados ante Sharon y Barak como nosotros.
3. Es mucho menos probable que nunca que los Estados árabes
puedan brindar a los palestinos algo más que una ayuda táctica marginal.
Todos ellos tienen intereses directos que les ligan a la política
estadounidense; ninguno tiene la capacidad de ser un aliado estratégico
para los palestinos. Por otro lado, en el mundo árabe, un amplio abismo
separa a los gobernantes de los gobernados, lo que da un aliento
suficiente a la causa palestina, si se canaliza hacia la emancipación y
el final de la ocupación.
4. Los israelíes no van a poner fin a su política de
asentamientos ni a su asedio a la vida palestina en general. Pese a su
fanfarronería, Sharon no es muy inteligente, ni siquiera competente. Ha
dependido de la fuerza y el engaño a lo largo de toda su carrera y
flirteado con el crimen y el terror la mayoría del tiempo, empleándolos
siempre que ha creído que podía salirse con la suya. Nunca hemos
abordado a la opinión pública israelí -especialmente a esos ciudadanos
molestos por los acontecimientos actuales, que de hecho condenan a Israel
a un conflicto permanente- y, desgraciadamente, tampoco tenemos ya nada
que decir, por ejemplo, a los cientos de reservistas que se han negado a
realizar el servicio militar durante la Intifada. En Israel hay todo un
grupo de votantes a quienes involucrar, Debemos hallar el modo de hacerlo,
como el Congreso Nacional Africano convirtió en una prioridad política
involucrar a los blancos en la lucha contra el apartheid.
5. La situación palestina en sí tiene remedio, ya que
son los seres humanos los que hacen la historia y no al revés. Hay
suficientes jóvenes palestinos en todo el mundo y suficientes palestinos
mayores absoluta y totalmente exasperados, consternados y hartos de un
liderazgo que ha protagonizado un desastre tras otro sin rendir cuentas
jamás, sin decir la verdad jamás y sin enunciar jamás claramente sus
metas y objetivos (a excepción de su propia supervivencia). Como dijo en
una ocasión el fallecido Eqbal Ahmad, la OLP ha sido siempre muy flexible
desde el punto de vista estratégico y extremadamente rígida desde el táctico.
En efecto, este aforismo se ve perfectamente reflejado en su política y
actuación desde 1993. Arafat empezó por aceptar las resoluciones 242 y
338 como base de las negociaciones (estratégicas), luego cambió con toda
flexibilidad y aceptó una modificación estratégica tras otra durante
los años siguientes; se iban a interrumpir los asentamientos, pero después
aumentaron, y también lo aceptó. Lo mismo con Jerusalén y la devolución
de todos los territorios. Pero Arafat nunca vaciló en su táctica, que
consistía en seguir dentro del proceso de paz y confiar en EE UU pasara
lo que pasara. Estratégicamente flexible, tácticamente rígido.
6. Por consiguiente, ahora necesitamos algo que, aunque
la situación lo requiere todos los actores se resisten, o sea, una
verdadera declaración de metas y objetivos. Éstos tienen que incluir
ante todo el final de la ocupación militar israelí y el final de los
asentamientos. Ningún otro camino puede conducir a la paz y la justicia a
los palestinos o a los israelíes. La paz 'provisional' (como se insistió
en Oslo todo el rato, en fatal detrimento del pueblo palestino) no existe.
Tampoco es posible que los palestinos tengan algunos derechos, pero otros
no, es un disparate inaceptable. Un conjunto de leyes y derechos, un
conjunto de metas y objetivos. Sobre esa base se puede organizar un nuevo
movimiento palestino que debe incluir a judíos israelíes y no israelíes,
especialmente individuos y grupos heroicos como los Rabinos pro Derechos
Humanos y el movimiento liderado por Jeff Halper para acabar con la
demolición de casas de los palestinos.
7. ¿Cuáles son los objetivos de ese movimiento? En
primer lugar, debe ser un movimiento organizado, centrado en la liberación
y la coexistencia palestina y en el que cada uno forme parte de un todo,
en lugar de ser un espectador ocioso a la espera de otro Saladino o de que
lleguen órdenes de arriba. Hay que concentrarse en las otras dos
sociedades cuyo impacto para Palestina es crucial: en primer lugar, EE UU,
que proporciona a Israel un apoyo sin el cual lo que hoy pasa en Palestina
no sería posible. Después de todo, el contribuyente estadounidense
aporta directamente a Israel 3.000 millones de dólares en ayuda, además
de un constante reabastecimiento de armas (como los helicópteros que
ahora bombardean ciudades y pueblos palestinos indefensos), que equivale a
un total de casi 5.000 millones de dólares. Esta ayuda tiene que ser
interrumpida o radicalmente modificada. Y en segundo lugar, la sociedad
israelí, que o bien ha seguido apoyando pasivamente las políticas
racistas contra los palestinos 'inferiores' o bien las ha apoyado
activamente trabajando en el Ejército, el Mosad o el Shin Beth para
llevar a la práctica esta política humanamente inaceptable e inmoral. Es
increíble que lo hayamos aguantado tanto tiempo, como lo han aguantado
tantos israelíes, que tienen que hacer algo para cambiarlo.
8. Aunque todas las declaraciones de derechos humanos
en el mundo (incluida la Carta de Naciones Unidas) reconocen hoy el
derecho de un pueblo a resistir por cualquier medio cuando está bajo
ocupación militar, y el derecho de los refugiados a regresar a sus
hogares, también es cierto que las bombas suicidas en Tel Aviv no cumplen
ninguna finalidad, política o ética. También ellas son inaceptables.
Porque hay una enorme diferencia entre la desobediencia organizada, o la
protesta masiva, y el volarse a uno mismo en pedazos cargándose de paso a
unos cuantos inocentes. Hay que declarar clara y rotundamente la
diferencia y grabarla de una vez por todas en todos los proyectos
palestinos serios.
9. Los otros principios son bastante simples. Autonomía
para ambos pueblos. Igualdad de derechos para todos. Fuera la ocupación,
la discriminación y los asentamientos. Todo el mundo está incluido. Toda
negociación que se emprenda debe basarse en esos principios, que tienen
que ser claramente afirmados desde el comienzo, en vez de omitidos o
sobreentendidos, como sucedió en el proceso de Oslo impulsado por EE UU.
El marco tiene que ser Naciones Unidas. Entretanto, depende de nosotros,
palestinos, árabes, judíos, norteamericanos y europeos, el defender al
indefenso y poner fin a los crímenes de guerra, como el castigo
colectivo, los bombardeos y la persecución que los palestinos padecen a
diario.
10. Ésta es la realidad actual, en cuyo núcleo se
halla la enorme asimetría, la tremenda disparidad de poder entre Israel y
Palestina. Debemos apresar inmediatamente su elevado fundamento moral
mediante los medios políticos de que todavía disponemos: el poder de
pensar, planear, escribir y organizar. Esto afecta tanto a los palestinos
de Palestina como a los de Israel y los del exilio. Nadie está exento de
la obligación de nuestra emancipación. Es una pena que los líderes
actuales parezcan totalmente incapaces de entenderlo. Por consiguiente,
deben mantenerse al margen, lo cual acabarán haciendo sin lugar a dudas
en algún momento
24 de Mayo de 2001
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