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Palestinos bajo sitio Edward Said NOTA DE ZNET: Este artículo hace referencia a unos mapas demasiado detallados para ser leíbles en este sitio web. Por eso se encuentran (por medio de estos links) como archivos . El Mapa 1 muestra la situación actual en Hebrón, con la ciudad árabe dominada por los asentamientos israelíes. El Mapa 2 sigue la secuencia de transferencias israelíes de territorio en Cisjordania al auto-gobierno palestino entre 1994 y 1999. El Mapa 3 presenta una visión detallada de Cisjordania luego del segundo repliegue israelí a principios del 2000. La actual situación demográfica de la Jerusalén Oriental anexada puede observarse en el Mapa 4. Un detalle de las expropiaciones de tierra en la misma parte de la ciudad entre 1967 y 1999 se brinda en el Mapa 5. Todos los mapas fueron provistos por la Fundación para la Paz en Medio Oriente con sede en Washington. El 29 de setiembre, un día después que Ariel Sharon, protegido por cerca de un millar de policías y soldados israelíes irrumpiera en Haram al-Shariff en Jerusalén (el "Noble Santuario") en un gesto destinado a afirmar su derecho como israelí a visitar el lugar sagrado Musulmán, comenzó una conflagración que aún continúa mientras escribo esto a finales de noviembre. El mismo Sharon no se arrepiente, culpando a la Autoridad Palestina por "incitación deliberada" contra Israel, una poderosa democracia, cuyo "carácter democrático y judío" los palestinos desean cambiar. Fue a Haram al-Shariff, escribió pocos días después en el Wall Street Journal, "para inspeccionar y comprobar que la libertad de culto y el libre acceso al Monte del Templo están garantizados para todos", pero olvidó mencionar el enorme cortejo armado que lo acompañaba o el hecho de que el área fue sellada antes, durante y después de su visita, lo que difícilmente asegura la libertad de acceso. También evitó comentar acerca de las consecuencias de su visita: el 29 el ejército israelí mató a 8 palestinos. Lo que es ampliamente ignorado además, es que según el Derecho Internacional los nativos de un lugar bajo ocupación militar, y Jerusalén Oriental lo ha sido desde que fue anexada por Israel en 1967, tienen derecho a resistirla por cualquier medio. Además, según los arqueólogos, dos de los santuarios musulmanes más antiguos e importantes del mundo, que datan de 1500 años atrás, fueron construidos en el sitio del Templo del Monte, un sitio de convergencia religiosa que la visita de un general extremista israelí no va a ayudar a resolver. Un general, es bueno recordar, que ha jugado un papel en varias atrocidades desde los años 50, incluyendo Sabra, Shatila, Qibya y Gaza. De acuerdo a la Unión de Comités Palestinos de Ayuda Médica, a principios de noviembre había 170 muertos y 6000 heridos; estos datos no incluyen a los 14 israelíes muertos (8 de ellos soldados) y un número algo mayor de heridos. Las muertes palestinas incluyen por lo menos a 22 niños menores de 15 años, y según la organización israelí B`tselem, 13 palestinos ciudadanos de Israel asesinados por la policía israelí en manifestaciones dentro de Israel. Tanto Amnistía Internacional como Human Rights Watch emitieron severas condenas a Israel por su uso desproporcionado de la fuerza contra civiles; Amnistía ha publicado un informe detallando el acoso, la tortura y el arresto ilegal de niños árabes en Israel y Jerusalén. Sectores de la prensa israelí han sido considerablemente más veraces en sus reportajes y comentarios sobre lo que estaba sucediendo que sus colegas de EEUU y Europa. Escribiendo en Ha´aretz el 12 de noviembre, Dideon Levy notaba con alarma que la mayoría del puñado de parlamentarios árabes del Knesset han sido sancionados por objetar la política israelí hacia los palestinos: algunos han sido relevados de su trabajo en comisiones, otros enfrentan juicio, y aún otros han pasado por interrogatorio policial. Todo esto, concluye, es parte "del proceso consistente en deslegitimar y criminalizar a los palestinos tanto dentro de Israel como en los territorios ocupados. "Vida normal" tal como era conocida por los palestinos viviendo en Cisjordania y la franja de Gaza es ahora imposible. Aún los trescientos palestinos que, bajo los términos del proceso de paz, contaban con libertad de movimiento y otros privilegios de personas importantes han perdido ahora estas ventajas y como el resto de los tres millones de personas que soportan el doble fardo de vivir bajo la autoridad palestina y el régimen de ocupación israelí -por no mencionar la brutalidad de los miles de colonos israelíes, algunos de los cuales actúan como vigilantes aterrorizando pueblos y grandes ciudades palestinas como Hebron, están sujetos a los cierres, los cercos y los caminos con barricadas que han hecho imposible el movimiento. Aún Yasser Arafat tiene que pedir permiso para salir o entrar a Cisjordania y Gaza ya que su aeropuerto es abierto y cerrado a voluntad por los israelíes y sus cuarteles generales han sido bombardeados como castigo, por misiles disparados desde helicópteros. En cuanto al flujo de bienes desde y hacia los territorios, este ha llegado a un congelamiento. De acuerdo con la Oficina del Coordinador Especial de la ONU en los Territorios Ocupados, el comercio con Israel representa el 79.8% de las transacciones comerciales palestinas; el comercio con Jordania, que le sigue, representa el 2.39%. Lo bajo de este porcentaje es directamente imputable al control israelí de la frontera entre Palestina y Jordania (además de los fronteras siria, libanesa y egipcia). Por tanto con Israel cerrado, la economía Palestina está perdiendo en promedio 19.5 millones de dólares por día -esto representa tres veces el total de la ayuda recibida en donaciones durante los primeros seis meses de este año. Para una población que sigue dependiendo de la economía israelí -gracias a los acuerdos económicos firmados por la OLP en Oslo- esto significa una severa penuria. Lo que no ha disminuido es la tasa de construcción de los asentamientos israelíes. Por el contrario, de acuerdo con el reputado Informe sobre el Asentamiento Israelí en los Territorios Ocupados (RISOT por sus siglas en inglés), se ha casi duplicado durante los últimos años. El informe agrega que "1924 asentamientos han sido iniciados" desde el comienzo del régimen "pro-paz" de Ehud Barak en Julio de 1999 -y además está el programa continuo de construcción de caminos y expropiación de propiedad con tal propósito, así como la degradación de la tierra agrícola por parte del ejército y los colonos. El Centro Palestino por los Derechos Humanos con base en Gaza ha documentado los "barridos" de olivares y granjas por parte del ejército israelí (o, Fuerza de Defensa Israelí como prefiere ser llamado) cerca de la frontera de Rafah, por ejemplo, y sobre cada lado del asentamiento de Gush Katif. Gush Katif es un área de Gaza (cerca del 40%) ocupada por unos pocos miles de colonos, que pueden regar sus jardines y llenar sus piscinas, mientras el millón de palestinos que habitan en la Franja (800.000 de ellos refugiados de la Palestina original) viven en una zona dividida en islas sin agua. De hecho, Israel controla la totalidad de la distribución del agua de los territorios ocupados y asigna el 80% para uso personal de los ciudadanos judíos, racionando el resto para la población palestina; este tema nunca fue discutido seriamente durante el proceso de paz de Oslo. ¿Qué hay acerca de este aclamado proceso de paz? ¿Qué se ha conseguido y porqué, si de hecho era un proceso de paz, la condición miserable de los palestinos y la perdida de vidas continuaron igual respecto a la situación previa a los acuerdos de Oslo firmados en Setiembre de 1993? ¿Y porqué, como anota el NYT el 5 de noviembre, es que el paisaje Palestino está decorado con las ruinas de proyectos basados en la integración pacífica? Y qué significa hablar de paz cuando las tropas israelíes y los asentamientos están aún presentes en tal cantidad? Nuevamente, de acuerdo a RISOT, 110,000 Judíos vivían en asentamientos ilegales en Gaza y Cisjordania antes de Oslo; la cifra se ha incrementado desde entonces a 195,000, lo que no incluye aquellos judíos, mas de 150.000 que han pasado a residir en la zona árabe del este de Jerusalén. ¿Es que el mundo ha estado alucinado o bien la retórica de la "paz" ha sido en esencia un fraude gigantesco? Algunas de las respuestas a estas preguntas yacen sepultadas en montones de documentos firmados por las partes bajo los auspicios de EEUU, no leídos excepto por el pequeño grupo de personas que los negociaron. Otras, son simplemente ignoradas por los medios y los gobiernos cuyo trabajo, parece ahora claro, fue presionar aportando políticas desastrosas de información, inversión y cumplimiento, sin importar los horrores que tienen lugar en el terreno. Unos pocos, yo incluido, han tratado de contar lo que estaba sucediendo, desde la rendición palestina inicial en Oslo hasta el presente, pero en comparación con los principales medios y gobiernos, sin mencionar los informes de situación y recomendaciones hechos circular por grandes agencias donantes como el Banco Mundial, la Unión Europea y muchas fundaciones privadas -notablemente la Fundación Ford- que han jugado del lado del engaño, nuestras voces no han tenido ningún efecto, excepto tristemente, como profecías. Los disturbios de las pasadas semanas no han estado confinados a Palestina e Israel. Las muestras de sentimientos anti-EEUU y anti-Israel en los mundos árabe y musulmán son comparables a los de 1967. Furiosas manifestaciones callejeras se producen a diario en El Cairo, Damasco, Casablanca, Tunes, Beirut, Bagdag y Kuwait. Millones de personas han expresado tanto su apoyo a la intifada de Al-Aqsa, como se ha llamado, como su ira por la sumisión de sus gobiernos. La cumbre árabe en el Cairo en octubre produjo las habituales denuncias a Israel y unos pocos dólares más para la Autoridad de Arafat, pero incluso la mínima protesta diplomática -el llamado de los embajadores- no fue llevada a cabo por ninguno de los participantes. Al día siguiente de la cumbre, el Príncipe Abdullah de Jordania, educado en los EEUU y cuyo conocimiento del árabe se comenta que ha progresado al nivel de colegio secundario, voló a Washington para firmar un acuerdo comercial con los EEUU, el principal apoyo de Israel. Después de 6 semanas de turbulencia, Mubarak retiró con reticencia su embajador de Tel Aviv, pero él mismo depende en gran parte de los 2,000 millones de ayuda anuales que recibe de los EEUU, así que no irá mas allá. Como muchos otros líderes del mundo árabe, el también necesita de los EEUU para protegerlo de su propio pueblo. Mientras tanto continúa la frustración, humillación y furia árabe, bien causada por sus regímenes antidemocráticos y antipopulares o porque sus necesidades básicas -empleo, salario, alimentación, salud, educación, infraestructura - han caído por debajo de niveles tolerables. Las apelaciones al Islam y expresiones generalizadas de indignación tienen que ver con un sentido de ciudadanía y democracia participativa. Esto es un signo de mal agüero para el futuro tanto de los Arabes como de Israel. Durante los últimos 25 años, en los círculos de política exterior, la frase era que la causa palestina estaba muerta, que el pan arabismo es un espejismo y que los líderes árabes, en su mayoría desacreditados, han aceptado a Israel y los EEUU como socios, y en el proceso de sacarse de encima su nacionalismo han acordado por una panacea de desregulación en una economía global, cuyo primer profeta en el mundo árabe fue Anwar al-Sadat y cuyo influyente acólito ha sido el columnista del NYT experto en Medio Oriente Thomas Friedman. En Octubre pasado, luego de escribir durante 7 años columnas laudatorias del proceso de paz de Oslo, Friedman se encontró en una Ramalá sitiada por el ejército israelí (y bajo fuego). "La propaganda israelí de que los palestinos se autogobiernan mayoritariamente en Cisjordania es una ilusión sin sentido anunció. "Sí, los palestinos controlan sus propias ciudades, pero los israelíes controlan todos los caminos que las conectan y por tanto todos sus movimientos. La confiscación israelí de tierra Palestina para más asentamientos continúa hoy mismo, a 7 años de Oslo". Concluye que sólo "un estado palestino en Gaza y Cisjordania" puede traer la paz, pero nada dice sobre que tipo de estado debería ser. Ni tampoco dice nada sobre la finalización de la ocupación militar, lo mismo que hacen los documentos de Oslo. Porqué Friedman nunca describió esto en los miles de pulgadas de columnas que ha publicado desde setiembre de 1993, y porqué aún hoy no dice que los eventos actuales son la consecuencia lógica de Oslo, desafía el sentido común, pero es típico de la duplicidad de criterio que rodea el tema. El optimismo de aquellos que se propusieron asegurar que la miseria de los palestinos se mantuviera por fuera de las noticias parece haber desaparecido en una nube de polvo junto con la "paz" que los EEUU e Israel han forjado con tanto trabajo para consolidar sus propios estrechos intereses. Al mismo tiempo el viejo marco que sobrevivió a la guerra fría está lentamente derrumbándose a medida que el liderazgo árabe envejece, sin sucesores visibles a la vista. Mubarak incluso se ha negado a nombrar un vicepresidente, Arafat no tiene un claro sucesor, en Irak y Siria, dos repúblicas "socialistas democráticas" gobernadas por el partido Ba´ath y en el Reino de Jordania, los hijos han tomado las riendas -o lo harán- de sus padres, cubriendo el proceso de autocracia dinástica con la más pura falta de legitimidad. Sin embargo se ha arribado a un punto crítico, y en esto la intifada palestina es un mojón significativo. Ya no es sólo una rebelión anti-colonial del tipo que se ha visto periódicamente en Setif, Sharpeville, Soweto y otras partes; es otro ejemplo del descontento general con el orden posterior a la guerra fría (económico y político) mostrado en los eventos de Seattle y Praga. La mayoría de los musulmanes del mundo ven la revuelta como parte de un cuadro más amplio que incluye Sarajevo, Mogadisho, Baddag bajo las sanciones dirigidas por los EEUU y Chechenia. Lo que debe quedar claro a cada dirigente, incluidos Clinton y Barak, es que el período de estabilidad garantizada por el dominio tripartita de Israel, los EEUU y los regímenes árabes locales está siendo amenazada por fuerzas populares de magnitud incierta, dirección desconocida y visión oscura. Cualquiera sea la forma que eventualmente tome, la suya será la de una cultura no oficial de los desposeídos, los sin voz y los marginados. Con seguridad, también, contendrá distorsiones propias de años de políticas oficiales pretéritas. Mientras tanto, es correcto decir que al escuchar frases como "las partes están negociando," o "volvamos a la mesa de negociaciones," o "ustedes son mis socios de la paz" la mayoría de la gente ha asumido que hay una paridad entre palestinos e israelíes y que, gracias a las almas valientes de ambos lados que se reunieron secretamente en Oslo, las dos partes han finalmente arreglado las cuestiones que los "dividen", como si cada uno tuviera un territorio desde el cual enfrentar al otro. Esto es seriamente, en realidad maliciosamente, engañoso. De hecho, la desproporción entre los dos antagonistas es inmensa, en términos del territorio que ocupan y en las armas de que disponen. La información sesgada esconde la magnitud de la disparidad. Consideren lo siguiente: citando un estudio de la Liga Antidifamatoria sobre editoriales publicados en los principales medios de los EEUU, Ha´arezt, el 25 de octubre, encuentra un patrón de apoyo a Israel, con 19 diarios expresando afinidad por Israel en 67 editoriales, 17 dando un "análisis balanceado", y solamente 9 "expresando criticas contra los líderes israelíes (particularmente Ariel Sharon), a quienes acusan de responsabilidad por la conflagración". En Noviembre FAIR (Imparcialidad y Exactitud en la Información por sus siglas en inglés) informa que de las 99 historias sobre la Intifada emitidas por las tres mayores cadenas de TV entre el 28 de setiembre y el 2 de noviembre, solamente cuatro hicieron referencia a los "Territorios Ocupados." El mismo informe llama la atención sobre frases como "Israel ... de nuevo sintiéndose aislado y bajo sitio", "Soldados israelíes bajo fuego a diario", y, en una confrontación donde sus soldados fueron forzados a retroceder, "Los israelíes han cedido territorio frente a la violencia palestina." Fórmulas altamente parciales de este tipo se cuelan en los comentarios de las cadenas noticiosas, ocultando los hechos de la ocupación y la desproporción militar: las Fuerzas de Defensa israelíes han estado usando tanques, helicópteros de ataque Cobra y Apache aportados por los EEUU y Gran Bretaña respectivamente, misiles, morteros y ametralladoras de gran calibre; los palestinos no tienen ninguna de estas cosas. El New York Times únicamente publicó una pieza de opinión editorial de un palestino o árabe (y resulta que se trata de un partidario de Oslo) en un comentario tempestuoso que favorece las posiciones de Israel y los EEUU; el Wall Street Journal no ha publicado ningún articulo parecido ni tampoco lo ha hecho el Washington Post. El 12 de Noviembre uno de los programas de TV más populares de los EEUU, Sesenta Minutos por CBS, emitió una secuencia que parecía diseñada para probar al Ejército israelí que el asesinato del niño de 12 años Mohammad al-Dura, el icono del sufrimiento palestino, fue planeado por la Autoridad Palestina. Se dijo que la Autoridad colocó al padre del niño en frente de posiciones de disparo Israelíes y llevó al equipo de TV francesa que registró el asesinato a una posición cercana -todo para probar un propósito ideológico. La representación fraudulenta ha hecho casi imposible para el público de los EEUU entender las bases geográficas de los eventos, en éste, el más geográfico de los conflictos. Nadie puede esperar seguir y, más importante, retener una visión exacta acumulada de las previsiones secretas en el terreno, mayormente resultado de negociaciones secretas entre Israel y un equipo palestino bajo control directo de Arafat, desorganizado, pre-moderno y trágicamente incompetente. En forma crucial, las relevantes Resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU -242 y 338- son ahora olvidadas, habiendo sido marginadas por Israel y los EEUU. Ambas resoluciones estipulan en forma inequívoca que el territorio adquirido por Israel como resultado de la guerra de 1967 debe ser retornado a cambio de la paz. El proceso de Oslo comenzó echando estas resoluciones al tacho de basura -y así fue mucho más fácil, luego del fracaso de la cumbre de Camp David en julio pasado, culpar, como lo han hecho Clinton y Barak, a los palestinos y no a los israelíes del atolladero, mientras éstos mantienen la posición de que los territorios de 1967 no deben ser devueltos. La prensa de los EEUU ha citado una y otra vez la "generosa" oferta de Israel y la voluntad de Barak de conceder a los palestinos parte de Jerusalén Oriental además de entre el 90 y el 94% de Cisjordania. Pero nadie que escriba en la prensa de EEUU o Europa ha establecido con precisión que era lo "concedido" o de que territorio en Cisjordania se estaba "ofreciendo" el 90%. Todo el asunto fue una quimera sin sentido, como mostró Tanya Reinhart en Yediot Aharanot, el principal diario israelí. En "El Fraude de Camp David" (13 de Julio) escribe que a los palestinos les ofrecieron el 50% de Cisjordania en cantones separados; 10% iba a ser anexado por Israel y no menos del 40% sería dejado "bajo debate", para usar el eufemismo de continuo control israelí. Si usted anexa el 10%, evita (como hizo Barak) desmantelar o frenar los asentamientos, niega una y otra vez volver a las fronteras de 1967 o devolver Jerusalén Oriental, decidiendo al mismo tiempo mantener bajo control áreas enteras como el Valle del Jordán, y así rodear completamente a los territorios palestinos de tal forma de no dejarles fronteras excepto con Israel, además de retener los notorios atajos y sus áreas adyacentes, el famoso "90%" se reduce rápidamente a algo así como 50-60%, la mayoría del cual estará bajo discusión en algún momento de un futuro muy lejano. Después de todo, aún el último retiro israelí acordado en los encuentros de Wye River Plantation en 1998 y reconfirmado en Sharm el Sheikh en 1999, no se ha producido. Vale repetir, por supuesto, que Israel es aún el único estado en el mundo que no tiene fronteras declaradas oficialmente. Y cuando vemos a esos 50-60% en términos de la ex Palestina, representa el 12% de la tierra de la cual los palestinos fueron expulsados en 1948. Los israelíes hablan de "conceder" esos territorios. Pero fueron tomados por conquista y, en sentido estricto, la oferta de Barak solo significa que serían devueltos, por cierto no en su totalidad. Para empezar, algunos hechos. En 1948 Israel tomó la mayoría de lo que fue la Palestina histórica o el Mandato de Palestina, destruyendo y despoblando 531 villas árabes en el proceso. Dos tercios de la población fueron expulsados: son los 4 millones de refugiados actuales. Sin embargo Cisjordania y Gaza quedaron para Jordania y Egipto respectivamente. Ambos fueron subsecuentemente perdidos con Israel en 1967 y permanecen bajo su control hasta hoy, excepto por unas pocas áreas que operan bajo una "autonomía" palestina altamente recortada -el tamaño y los contornos de estas áreas fueron decididos unilateralmente por Israel, tal como especifica el proceso de Oslo. Pocos se dan cuenta que aún bajo los términos de Oslo, las áreas palestinas que tienen su autonomía o auto-gobierno no disfrutan de soberanía: esto sólo puede ser decidido como parte de negociaciones del status final. En otras palabra, Israel ocupó el 78% de Palestina en 1948 y el restante 22% en 1967. Solamente este 22% está en cuestión ahora, y excluye a Jerusalem Oriental (de los 19,000 dunams allí, los Judíos poseían 4830 y los Arabes 11,190, el resto era propiedad estatal)[1] todo lo cual Arafat concedió a Israel por adelantado en Camp David. ¿Cuál tierra, entonces, ha devuelto Israel? Es imposible detallar en forma simple -imposible por diseño. Es parte del genio maligno de Oslo que aún las "concesiones" de Israel estaban tan fuertemente gravadas con condiciones, calificaciones y vinculaciones -como uno de los estados diferidos sin fin y físicamente inalcanzables sacados de una novela de Jane Austen -que los Palestinos no pueden sentir que gozaron de algo parecido a la autodeterminación. Por otro lado, estos pueden ser descritos como concesiones, haciendo posible para todos (incluyendo los líderes palestinos) decir que ciertas áreas de tierra estaban ahora (mayormente) bajo control palestino. Es el mapa geográfico del proceso de paz el que más dramáticamente muestra las distorsiones construidas y que han sido sistemáticamente disfrazadas por el discurso mesurado que habla de paz y negociaciones bilaterales. Irónicamente, en ninguno de las muchas docenas de informes de noticias publicados o emitidos desde el comienzo de la actual crisis se ha utilizado un mapa para ayudar a explicar porqué el conflicto ha llegado a tal grado. La estrategia de Oslo fue dividir de nuevo y subdividir un territorio Palestino ya dividido en tres subzonas, A, B y C, en forma enteramente planificada y controlada por el lado israelí puesto que, como he estado señalando durante varios años, los palestinos han carecido de mapas hasta hace poco. No tenían mapas propios detallados en Oslo; ni, increíblemente, había ningún individuo en el equipo negociador con conocimiento suficiente de la geografía de los territorios ocupados para discutir las decisiones o brindar planes alternativos. De ahí los acuerdos bizarros para subdividir Hebrón después de la masacre en 1994 de 29 palestinos en la mezquita Horahimi por Baruch Goldstein .-medidas tomadas para "proteger" a los colonos, no a los palestinos. El Mapa 1 muestra como el centro de la ciudad árabe (120,000 habitantes) -de hecho, 20% de ella- está bajo control de unos cuatrocientos colonos Judíos, casi el 0.03% del total, protegidos por el ejército israelí. El Mapa 2 muestra la primera de lo que iba a ser una serie de retiradas israelíes realizadas en áreas ampliamente separadas -esto es, no contiguas. Gaza está separada de Jericó por millas y millas de tierra bajo control israelí, pero ambas pertenecen a un área A autónoma que, en Cisjordania, fue limitada a 1.1% del territorio. El componente de área A en Gaza es mucho mayor sobre todo porque, con su tierra superpoblada y árida y sus masas rebeldes, Gaza fue siempre considerada un completo pasivo para la ocupación israelí, que se alegró de deshacerse de ella excepto sus tierras cultivables en su centro utilizadas por varios asentamientos, retenidas hasta hoy por Israel junto con la bahía, las fronteras, entradas y salidas. Los Mapas 2, 3 y 4 (el 4 fue presentado por Israel como un mapa de retirada óptimo en la cumbre de Camp David, aunque fuera anunciado antes) muestran el paso de tortuga al cual la desventurada Autoridad Palestina ha sido autorizada a controlar los grandes centros poblados (área A); en Area B, Israel permitió a la Autoridad ayudar a controlar las áreas de los principales pueblos, cerca de donde los asentamientos estaban en constante construcción. A pesar de patrullas conjuntas de oficiales palestinos e israelíes, Israel mantiene toda la verdadera seguridad del área B en sus manos. En área C ha mantenido todo el territorio para él, 60% de Cisjordania, con la finalidad de construir más asentamientos, abrir mas caminos y establecer áreas militares, todo lo cual -en palabras de Jeff Halper- estaba concebido para instalar una matriz de control desde la cual los palestinos nunca serían libres.[2] Una ojeada a cualquiera de los mapas revela no sólo que las varias partes de área A están separadas entre sí, sino que están rodeadas por área B y más importante, por área C. En otras palabras, los cierres y cercos que han tornado las áreas palestinas en puntos sitiados sobre el mapa han sido planificados por largo tiempo y aún peor, la Autoridad Palestina ha conspirado en esto: ha aprobado todos los documentos relevantes desde 1994. En octubre, Amira Hass, el corresponsal de Ha´aretz en los territorios palestinos, escribió que en 1993 ambos lados acordaron un período de cinco años para la nueva retirada y las negociaciones sobre el acuerdo final. El liderazgo palestino ha accedido una y otra vez aplazar este período de prueba, a la sombra de los ataques terroristas de Hamas y de las elecciones israelíes. La "estrategia de paz" y la táctica gradualista adoptada por los líderes fue apoyada al inicio por la mayoría del pueblo palestino, que anhela normalidad -y, pensaría, un verdadero fin de la ocupación, lo cual debo repetirlo, nunca fue mencionado en ninguno de los documentos de Oslo. Ella continúa: Fatah (la principal facción de la OLP) fue la columna vertebral del apoyo al concepto de retirada gradual del yugo de la ocupación militar. Sus miembros eran quienes mantenían vigilancia de la oposición palestina, arrestaban sospechosos cuyos nombres eran dados por Israel y encarcelaban a quienes firmaban manifiestos alegando que Israel no tenía intenciones de rescindir su dominación sobre la nación palestina. Las ventajas personales que algunos de estos miembros de Fatah obtuvieron no alcanza para explicar su apoyo al proceso: por largo tiempo creyeron realmente y verdaderamente que éste era el camino a la independencia. Por "ventajas" Hass quiere decir los privilegios VIP mencionados previamente. Pero entonces, como ella apunta, estos hombres, ellos también miembros de "la nación palestina", con esposas, hijos y parientes que sufrían las consecuencias de la ocupación Iiraelí, en algún momento debieron preguntarse si el apoyo al proceso de paz no significaba también un apoyo a la ocupación. Concluye: mas de 7 años han pasado e Israel tiene el control administrativo del 61.2% de Cisjordania y cerca del 20% de la Franja de Gaza (área C), y control sobre la seguridad de otros 26.8% de Cisjordania (área B). Este control es lo que ha permitido a Israel duplicar el número de colonos en 10 años, agrandar los asentamientos, continuar su política discriminatoria de cuotas de agua para los tres millones de palestinos, impedir el desarrollo palestino en la mayoría de las áreas de Cisjordania y encerrar a una nación entera en áreas restringidas, encarcelada en una red de caminos donde sólo pueden circular judíos. Durante estos días de estricta restricción de movimientos internos en Cisjordania, uno puede ver cuán meticulosamente ha sido planificada cada ruta: tan es así que 200.000 Judíos tienen libertad de movimiento y cerca de 3 millones de Palestinos están encerrados en sus bantustanes hasta que se sometan a las demandas israelíes. A lo cual hay que agregar, a los efectos de clarificar, que las principales fuentes acuíferas del agua de Israel están en Cisjordania; que la "nación entera" excluye a los 4 millones de refugiados que tienen categóricamente prohibido el derecho al retorno, aún cuando cualquier judío en cualquier lugar todavía disfruta de un derecho absoluto de "retorno" cuando quiera; que la restricción de movimiento es tan severa en Gaza como en Cisjordania; y que la cifra de Hass de 200.000 Judíos en Gaza y Cisjordania disfrutando libertad de movimiento no incluye los 150.000 nuevos habitantes judíos de Israel que han sido traídos para transformar en judía a Jerusalén Oriental. La Autoridad Palestina está encerrada en este acuerdo increíblemente ingenioso, aunque inoperante a la larga, hecho por medio de comités de seguridad integrados por el Mossad, la CIA y los servicios de seguridad palestinos. Al mismo tiempo, Israel y miembros de alto rango de la Autoridad operan monopolios lucrativos en materiales de construcción, tabaco, petróleo, etc. (con ganancias depositadas en bancos israelíes). No solamente los palestinos están sujetos a acoso por las tropas israelíes, sino que sus propios hombres participan el abuso de sus derechos, junto con las odiadas agencias no-palestinas. Estos comités de seguridad, mayormente secretos, tienen también el mandato de censurar cualquier cosa que pueda entenderse como "incitación" contra israel. Por supuesto que los palestinos, no tienen el mismo derecho contra las incitaciones estadounidenses o israelíes. El paso lento desarrollado en este proceso está justificado por los EEUU e Israel a fin de salvaguardar la seguridad de este último; uno no escucha nada sobre la seguridad palestina. Es claro que debemos concluir, tal como el discurso sionista siempre ha estipulado, que la misma existencia de los palestinos, sin importar que tan confinados o debilitados se encuentren, constituye una amenaza racial y religiosa para la seguridad de Israel. Es de lo mas notable que en el medio de tal increíble unanimidad, Danny Rabinowitz, un antropólogo israelí, habló valientemente en Ha´aretz (17 de Octubre) sobre el pecado original de Israel al destruir Palestina en 1948, que con pocas excepciones los Israelíes han elegido negar u olvidar completamente. Si la geografía de Cisjordania ha sido alterada para ventaja de Israel, Jerusalén ha sido cambiada completamente. La anexión de Jerusalén Oriental en 1967 adicionó 70 kilómetros cuadrados al estado de Israel; otros 54 kilómetros cuadrados fueron escamoteados de Cisjordania y añadidos al área metropolitana gobernada por tanto tiempo por el Intendente Teddy Kollek, el mimado de los liberales occidentales, quien con su adjunto, Meron Benvenisti, fue responsable por la demolición de varios centenares de casas palestinas en Haret al-Maghariba para hacer camino a la inmensa plaza frente al Muro de las Lamentaciones.[3] Desde 1967 Jerusalén Oriental ha sido sistemáticamente judaizada, sus límites inflados, enormes proyectos edilicios construidos, así como nuevos caminos y atajos con el fin de hacerla virtualmente no retornable y, para la acosada y menguada población árabe de la ciudad, cualquier cosa menos habitable. Tal como el diputado Abraham Dehila dijo en julio de 1993, "Quiero que los Palestinos abran los ojos a la realidad y entiendan que la unificación de Jerusalén bajo soberanía israelí es irreversible." (ver Mapa 5). El reciente ataque con armas cortas dirigido contra el asentamiento de Gilo en Jerusalén desde la vecina villa Palestina de Beit Jala ha sido unánimemente reportado en los medios sin que nadie mencionara que Gilo fue construido sobre tierras confiscadas a Beit Jala. Pocos palestinos olvidarán su pasado tan fácilmente. La cumbre de Camp David en Julio fracasó porque Israel y los EE.UU. presentaron todos los acuerdos territoriales que he estado discutiendo aquí - sólo levemente modificados para devolver a los palestinos dos "áreas naturales", un eufemismo de tierra desértica, de tal forma de incrementar su proporción del total territorial - como las bases para la solución final del conflicto palestino-israelí. Las reparaciones fueron en efecto rechazadas por Israel, a pesar de que no son una idea extraña para muchos judíos. No he visto mención alguna en la prensa occidental al largo informe sobre Camp David escrito por Akram Haniyeh, editor del diario Al-Ayyam de Ramalá, y un adepto de Fatah quien, desde su deportación por los israelíes en 1987, ha permanecido cerca de Arafat. Haniyeh deja en claro que desde el punto de vista palestino, Clinton simplemente reforzó la posición israelí, y que, con el fin de salvar su carrera, Barak quería una solución rápida a temas claves como el problema de los refugiados y Jerusalén, así como una declaración formal de Arafat terminando definitivamente el conflicto. (Barak llamó desde entonces a elecciones como forma de evitar una completa derrota parlamentaria). El cautivante relato de lo sucedido aparecerá pronto en versión inglesa en la Revista de Estudios Palestinos editada en Washington. Muestra que la posición israelí "sin precedentes" sobre Jerusalén fue confeccionada a partir de la sostenida por la derecha israelí -en otras palabras, que Israel retendría la soberanía concluyente sobre incluso la mezquita de al-Aqsa. "La posición israelí," dice Haniyeh, "fue la de cercenar todo" -y no dar casi nada a cambio. Israel hubiera obtenido la "firma dorada" del reconocimiento final de Arafat y "la preciosa" promesa de fin del conflicto. Todo esto sin una completa devolución del territorio ocupado, un reconocimiento de soberanía o del tema de los refugiados. Desde 1967 los EEUU han desembolsado más de $200 mil millones de dólares en ayuda militar y financiera incondicional a Israel, al mismo tiempo que brindan un colchón de apoyo político que le permite a Israel hacer lo que le venga en gana. Gran Bretaña, cuya política exterior es un calco de la de Washington, también facilita equipo militar que va directamente a Cisjordania y Gaza para facilitar el asesinato de palestinos. Nunca un estado en ningún lugar ha recibido ni cerca la ayuda exterior recibida por Israel e igualmente ningún estado (aparte de los EEUU mismos) ha desafiado a la comunidad internacional en tantos asuntos y por tanto tiempo. Si Gore llegara a ser presidente esta política permanecería sin cambios. Gore es inflexiblemente pro-israelí, y un cercano asociado de Martin Pertz, el principal vocero pro-rechazo y anti-árabe de Israel en los EE.UU., y propietario de New Republic. Al menos George W. Bush hizo un esfuerzo durante su campaña para atender a las preocupaciones de los árabes estadounidenses, pero como la mayoría de los presidentes republicanos sería solamente un poco menos pro-israelí que Gore. Durante siete años Arafat se ha pasado firmando acuerdos del proceso de paz con Israel. Obviamente, se entendía que Camp David sería el último. El se opuso, sin duda, al darse cuenta de lo que ya había tirado por la borda (me gusta pensar que sus pesadillas están llenas de viajes interminables por los atajos del área C), sin duda también, porque tenía claro cuanta popularidad había perdido. Sin importarle la corrupción, el despotismo, el progresivo desempleo, que llega al 25%, la absoluta pobreza de la mayoría de su gente: finalmente entendió que, habiendo sido mantenido vivo por Israel y los EEUU, quedaría librado a su gente sin el Harm al-Sharif y sin un estado de verdad, o siquiera la perspectiva de un estado viable. Los jóvenes palestinos ya tuvieron demasiado y, a pesar de sus ineficaces esfuerzos para controlarlos, han tomado las calles para tirar piedras y disparar hondas a los Cobras y Merkavas israelíes. Si Israel ha dependido en el pasado de la ignorancia, complicidad o comodidad de los periodistas fuera de Israel, ahora se encuentra combatido por la cantidad fantástica de información alternativa disponible en internet. Los ciber activistas y ciber piratas han abierto una nueva y vasta reserva de material al cual cualquiera con conocimientos mínimos puede acceder. Hay reportajes no sólo por periodistas de la prensa británica (no hay ningún equivalente en la prensa grande de EEUU) pero también de la prensa israelí y árabe con base en Europa; existe investigación realizada por académicos e información que se entresaca de archivos, organizaciones internacionales y agencias de la ONU, así como de ONGs en Palestina, Israel, Europa, Australia y Norte América. Aquí, como en muchas otras instancias, la información veraz es el mayor enemigo de la opresión y la injusticia. El aspecto mas desmoralizador del conflicto palestino-sionista es la oposición total entre los puntos de vista mayoritarios israelí y palestino. Nosotros fuimos desposeídos y expulsados en 1948; ellos piensan que consiguieron la independencia y los medios fueron justos. Nosotros recordamos que la tierra que dejamos y los territorios que estamos tratando de liberar de la ocupación militar son todos parte de nuestro patrimonio nacional; ellos creen que es suyo por mandato bíblico y asociación con la diáspora. Hoy, bajo cualquier estándar concebible, nosotros somos las víctimas de la violencia; ellos creen ser ellos. Simplemente, no hay terreno común, discurso común, ningún área posible para la genuina reconciliación. Nuestros reclamos son mutuamente excluyentes. Aún la idea de una vida común compartida en el mismo pedazo de tierra es impensable. Cada uno de nosotros piensa en separación, quizás incluso en el aislamiento y el olvido del otro. La mayor presión moral para cambiar está del lado de los israelíes, cuyas acciones militares y necia estrategia de paz provienen de una preponderancia de poder a su favor, y una falta de voluntad para ver que están acumulando años de resentimiento y odio por parte de los musulmanes y los árabes. Dentro de diez años habrá una paridad demográfica entre árabes y judíos en la Palestina histórica: ¿entonces qué? ¿Puede el despliegue de tanques, bloqueo de caminos y demoliciones de casas continuar como antes? ¿No tendría sentido que un grupo de respetados historiadores e intelectuales, compuesto por partes iguales de palestinos e israelíes, mantuvieran una serie de reuniones para tratar de acordar un mínimo de verdad sobre este conflicto, para ver si las fuentes conocidas pueden guiar a los lados para ponerse de acuerdo sobre un cuerpo de hechos -quién tomo qué de quien, quién hizo qué a quién, y así sucesivamente - y que en su momento pudiera mostrar una salida a la parálisis actual? Es demasiado temprano quizás, para una Comisión de Verdad y Reconciliación, pero algo como un Comité de Verdad Histórica y Justicia Política sería apropiado. Está claro para cualquiera sobre el terreno que el viejo marco de Oslo que tanto daño ha hecho no es más utilizable (un reciente sondeo de opinión de la Universidad de Bir Zeit muestra que sólo un 3% de la población palestina quiere volver a las viejas negociaciones) y el equipo negociador palestino dirigido por Arafat no puede ocupar su centro, aún menos de la nación. Todos sienten que ya es suficiente: la ocupación ha durado demasiado, las conversaciones de paz se han empantanado con muy poco para mostrar, el objetivo, si ha sido la independencia, no parece más cerca (fracaso que debe las gracias a Rabin, Peres y sus contrapartes palestinas), y el sufrimiento de la gente común ha ido más allá de lo tolerable. De ahí que se tiren piedras en las calles, otra actividad estéril con sus trágicas consecuencias. La única esperanza es confiar en la idea de coexistencia de dos pueblos en una tierra. Sin embargo, por ahora, los palestinos necesitan desesperadamente una guía y, sobre todo, protección física. El plan de Barak para castigarlos, contenerlos y asfixiarlos ya consiguió calamitosos resultados, pero no puede, como él y sus mentores estadounidenses suponen, ponerlos de rodillas. ¿Porqué será que más israelíes no se dan cuenta -como algunos ya lo han hecho- que una política de brutalidad contra los árabes en una parte del mundo con trescientos millones de árabes y 1.200 millones de musulmanes, no podrá hacer al estado judío más seguro?
EDWARD SAID enseña en la Universidad de Columbia en Nueva York. El autor quiere agradecer a Shifra Stern, Ali Abunimah, Andrew Rubin, Mostapha Barghuti, Ibrahim Abu-Lughod, Linda Butler, Sara Roy, Raji Sourani, Noam Chomsky y Jeffrey Aronson por su ayuda en este artículo. Reflections on Exile tiene prevista su edición el año próximo en Granta en Gran Bretaña y Harvard en los EEUU. Notas: 1.- Estas cifras están tomadas de Jerusalem 1948: The Arab Neighbourhoods and Their Fate in the War, editado por Salim Tamari (Instituto de Estudios sobre Jerusalén, 1998). 2.- Halper ha escrito los estudios más impresionantes sobre la planificación territorial israelí durante el proceso de Oslo; ver por ejemplo, su estudio sobre la autopista trans-Israel, "The Road to Apartheid", en News from Within (mayo 2000) y "The 94 Per Cent Solutcion: A Matrix of Control" en Middle East Report, 216 (otoño 2000). El geógrafo holandés Jan de Jong, quien dibujó dos de los mapas reproducidos aquí, ha realizado también un trabajo importante en esta área. 3.- Un sobrio relato de la era dorada de Kollek emerge de Separate and Unequal: The Inside Story of Israeli Rule in East Jerusalem de Amir Cheshin, Bill Hutman y Avi Melamed (Harvard, 282 pp, junio 1999). Título original: Palestinians under siege
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