Artículos de opinión

 

 

Palestina;  El holocausto que no cesa II

 

El retorno de los palestinos

 

Said Alami

 

El derecho del pueblo palestino a regresar a sus tierras y a su patria, donde como vimos en la primera parte ha estado (y sigue estando) a lo largo de la Historia, a través de sus antepasados cananeos, fenicios y filisteos (grandes pueblos de grandes civilizaciones) es un derecho reconocido mundialmente. La legalidad internacional exige el retorno del pueblo palestino a su patria y respalda sus derechos nacionales a través de numerosas resoluciones de la ONU.

Sin embargo, los propagandistas israelíes niegan este derecho a los palestinos.

Ellos pueden impedirnos, gracias a la fuerza militar de Israel y de Estados Unidos, que regresemos a nuestro país, pues no se espera otra cosa de semejante mentalidad racista, pero eso nunca significará que ellos, ocupando nuestras casas y tierras, tienen derecho alguno a impedir nuestro retorno.

Ellos, los israelíes, pueden impedirnos el retorno, pero no para siempre, dado que sin nuestro regreso Israel jamás tomará carta de naturaleza en la región y seguirá siendo un cuerpo extraño y repulsivo en Oriente Próximo.

El Estado de Israel se implantó por la fuerza bruta hace 52 años, aprovechando la debilidad árabe de entonces, y sin embargo, sigue sin haber conseguido su propia independencia dado que sigue sin poder valerse por sí mismo y continua dependiendo, todos los días de su existencia, de la protección de Estados Unidos. El que los Gobiernos de Egipto y Jordania hayan reconocido a Israel diplomáticamente no significa nada, dado que los pueblos de ambos países y de toda la región siguen rechazando cualquier normalización con los israelíes. Sin el regreso de los palestinos no habrá paz y sin la paz Israel seguirá siendo un proyecto fracasado y condenado a desaparecer.

Los propagandistas israelíes minan los pretendidos cimientos morales de la propia existencia de Israel cuando niegan el derecho de los palestinos a retornar a su patria mientras proclaman como normal y natural el retorno a Palestina de personas de confesión judía de Rusia, Polonia, Estados Unidos, Argentina, etc. que, según ellos, sus antepasados vivían en Palestina hace más de dos milenios.

Sin lugar a duda cualquier persona con dos dedos de frente se sentiría insultado ante este repugnante y absurdo doble rasero que ni los formidables aparatos de propaganda del sionismo mundial pueden justificar ante los ojos de la Humanidad.

Nosotros, los palestinos, tenemos en nuestras filas a las mismas personas que fueron expulsadas de Palestina, así como a sus descendientes directos (hijos y nietos) que llevan medio siglo luchando por retornar a su patria (¿queda alguien en el mundo que no haya oído hablar de la lucha del pueblo palestino?).

Los israelíes necesitan ocultar a la opinión pública occidental, especialmente a la estadounidense, sus horrendos crímenes contra los palestinos cometidos en 1947 y 1948, (cuando forzaron el éxodo del pueblo palestino, incluidos mis padres, tíos y abuelos) y el interminable holocausto que los palestinos vienen padeciendo desde entonces. Por lo tanto, vienen contando a esa opinión pública que los palestinos (casi un millón de almas en 1948) se marcharon de sus tierras acusados por sus dirigentes como decía hace unos días en un artículo uno de esos propagandistas sin escrúpulos y que no hace más que repetir la misma retahíla de falacias que lo vienen haciendo desde hace decenios todos sus compañeros de campaña, azuzados por el sionismo mundial.

Los palestinos fueron expulsados a punta de fusil por las organizaciones terroristas judías como Stern, de Isaac Shamir, e Irgun, de Menahem Beguin, y Hagana, de Ariel Sharon, que perpetraron espeluznantes matanzas para aterrorizar a la población Palestina en 1947 y 1948, antes de obligarla a abandonar el país.

Matanzas como la de Deir Yasin cometida bajo mando de Menahim Beguin el 9 de abril de 1948 y en la que los criminales de Irgun llegaron incluso a abrir en canal a las mujeres embarazadas. De esta y otras matanzas perpetradas por los judíos en Palestina, como la de Ain Azzaitun en abril 1948, la de Salahiddin, en el mismo mes, Iqret en diciembre 1951, Attireh, julio 1953, Abu Gosh, septiembre 1953, Quibya, octubre de 1953 (perpetrada bajo el mando directo y con la participación personal del actual primer ministro, Ariel Sharon), Kafr Qasem, octubre 1956, etc. existe un sinfin de documentos.

La legislación de Israel permite a cualquier judío de cualquier parte del mundo retornar y obtener de inmediato la nacionalidad israelí. O sea, cualquier vecino de las islas Malvinas puede convertirse al judaísmo un martes y retornar el jueves siguiente a Israel para reclamar los derechos en Palestina de sus antepasados de la Patagonia y empezar, una vez instalado en un asentamiento judío en las afueras de Nablus, a matar palestinos. Es exactamente así de absurdo y de injusto, sin exageración alguna, aunque sea difícil de creer. Si no, preguntarles a esos autores israelíes, apellidados Grossman, Wiesel, etc. tan lloriqueantes a la hora de rechazar el retorno de los palestinos y defender el de los judíos, si uno sólo de sus antepasados de antes del siglo XIX ( que es cuando empieza la actual invasión judía de Palestina) haya pisado alguna vez la tierra de Palestina. Les desafío a ellos y a todos los judíos del continente americano y de Europa, a que presenten un sólo documento creíble que pruebe que son descendientes de los antiguos judíos de Palestina.

Los judíos de Palestina han estado siempre, y siguen estando, en Palestina o en los países de los alrededores. Judíos ha habido siempre en Palestina y son tan palestinos como nosotros. De niño conocí de cerca a los judíos palestinos del monte Jerzim, en Nablus, antes de que fuera ocupada por Israel en 1967. Siempre han estado allí, palestinos como los demás, nadie les maltrató a lo largo de muchos siglos. Otros judíos se sienten también palestinos y enarbolan la bandera de Palestina. Es notorio el caso de la secta judía, Neturei Karto, que con más de 70.000 miembros, 50.000 de ellos en Palestina e Israel, son acérrimos palestinos y tenaces oponentes a Israel al que consideran una herejía y una rebeldía contra Yahvé.

En cuanto a los judíos americanos y europeos, ¿ quien les ha impedido  a Palestina a lo largo de los últimos veinte siglos?. Que contesten a esta pregunta. ¿Quién les ha impedido  a Palestina desde que esta pasó a ser árabe en tiempos del califa Omar Ben Al-Jattab, hace 14 siglos?. Es harto sabido que los sucesivos gobiernos musulmanes, tanto en Oriente Próximo como en cualquier otra parte del mundo que estuvo bajo su dominación, incluida España que es el mejor testigo, han brindado a los judíos un trato exquisito permitiéndoles alcanzar altos puestos oficiales. Y cuando los judíos europeos sufrían persecución, por ejemplo en España, huían a países musulmanes como Marruecos, Turquía, Egipto, etc. donde se convertían en unos ciudadanos más, incluso gozando de la protección del califa, rey, o sultán de turno. ¿Quién les impidió entonces huir a Palestina?. Nadie. Si no lo hacían era porque, sencillamente, no la consideraban su patria ni lloraban por ella.

Está claro entonces que los judíos europeos nunca se han sentido descendientes de aquellos judíos semitas y Jerusalén era para ellos, y sigue siéndolo para millones de judíos que se siguen negando a  Israel, un lugar de peregrinación y espiritualidad, de idéntico modo que para los cristianos y musulmanes de todo el mundo. Sólo en los últimos decenios les entró a ciertos judíos occidentales la fiebre del retorno que es idéntica a aquella fiebre del oro que un día sacudió a los colonos del Far West. Ahora es cuando cientos de miles de rusos y de otros países de la Europa ex-socialista, desarrapados a causa de la caída de la Unión Soviética, han emigrado a Palestina, donde pueden conseguir tierras y casas usurpadas a los palestinos . Lo mismo han hecho decenas de miles de desarrapados judíos argentinos y de otros países de América, que emigran a Palestina con el sueño de convertirse en propietarios de algo que anteriormente haya sido quitado a los palestinos y donde se convierten, de hecho, en señores, esclavizando a los palestinos, humillándoles y masacrándoles, siempre financiados por la fabulosa ayuda estadounidense y de cientos de organizaciones sionistas esparcidas en todos y cada uno de los países europeos y americanos. Estas organizaciones están dedicadas a brindar toda ayuda imaginable a Israel, principalmente la económica y la propagandística, siendo esta última la que garantiza que la gallina de los huevos de oro de Occidente no deje de pagar a Israel.

Sin embargo, y a pesar de 52 años transcurridos desde la creación de Israel, los judíos que actualmente se encuentran en Israel no pasan de los 4 millones, lo que no supone ni la décima parte del censo de judíos que hay en el mundo. ¿Significa esto que 90 por ciento de los judíos del mundo no son piadosas ni buenos judíos dado que ni siquiera se interesan por su supuesto derecho a retornar. Este dato por sí sólo demuestra la falacia de un derecho que ni los mismos judíos se creen.