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Palestina… El holocausto que no cesa, y III
Homenajear al verdugo
Said
Alami
La
propaganda israelí, que todos sabemos que es diseñada por el Mossad y
ejecutada en el exterior por sus agentes y por los lobbies judíos
y sionistas, señala a Jordania acusándola de no permitir a los judíos,
antes de 1967, acceder al llamado Muro de las Lamentaciones ( Muro de Al-Buraq
) para rezar.
Tergiversación
y falsificación han sido siempre las señas de identidad más características
de la imagen que Israel proyecta hacia el exterior de sí misma y de sus
vecinos árabes. Pues las cosas no fueron así durante el período en que
Jerusalén pertenecía a Jordania. Cualquier judío del mundo podía
trasladarse a Jerusalén y el resto de Jordania, antes de 1967, en su
calidad de ciudadanos de otros países (estadounidenses, argentinos,
polacos, etc.) pero ningún portador de pasaporte israelí podía hacerlo,
ni siquiera los árabes israelíes, lo cual era lógico, dado que Jordania
e Israel estaban formalmente en guerra desde la tregua de 1948. Israel
tampoco permitía la entrada de ningún portador de pasaporte Jordano,
para rezar, por ejemplo, en las iglesias de Nazaret o las mezquitas de San
Juan de Acre. En la actualidad, sin ir más lejos, Israel está impidiendo
a los palestinos rezar en la mezquita de Al-Aqsa, en Jerusalén, tratándose
de palestinos de los territorios ocupados por Israel, que están en su
propio país. Por supuesto que las autoridades israelíes prohíben hoy día
la entrada en Israel y en los territorios ocupados a los ciudadanos de países
árabes que no reconocen diplomáticamente a Tel Aviv y por descontado que
con ello les prohíben rezar en las mezquitas e Iglesias de Jerusalén
Este y de toda Palestina.
¿Más
falacias israelíes?. La prensa occidental se está inundando de ellas.
Como, por ejemplo la referente a que los palestinos no aceptaron en su día
el plan de la ONU de partición de Palestina del 29 de noviembre de 1947. ¿
Es que olvida
la opinión pública occidental que Palestina era entonces una más de las
colonias británicas en el mundo árabe?. ¿
Cómo podían
entonces los palestinos aceptar o rechazar nada, máxime cuando sabemos
que Londres había prometido a los judíos, treinta años antes, en la
Declaración Balfour de 1917, entregarles a Palestina. Tampoco nadie en
1917 les pidió a los palestinos su opinión. El plan británico de
entregar Palestina a los judíos era mucho más antiguo que el plan de
partición y estaba siendo minuciosamente ejecutado, mano a mano con las
organizaciones terroristas judías.
En
cuanto al tan cacareado ataque que, según los israelíes, cinco ejércitos
árabes lanzaron contra Israel nada más proclamar su “independencia”,
cada vez que se menciona esta señalada falacia los árabes no pueden más
que reírse amargamente de tanta majadería que repite hasta la saciedad
la prensa occidental al servicio de Israel. ¿
Pero de que
ejércitos hablan esos propagandistas de Israel?. Todos los países árabes
limítrofes con Palestina, además de Irak, corrían la misma suerte que
esta. Eran colonias británicas (Jordania, Egipto, Irak) o recién
independizadas del colonialismo francés (Siria y Líbano) y sus haraposos
ejércitos, prácticamente insignificantes, eran en su mayoría comandados
por militares ingleses en todos los niveles de mando superior. Aquel
“ataque” árabe no pasaba de ser una farsa organizada para aplacar las
iras de los pueblos árabes que veían impotentes como los europeos- judíos
usurpaban Palestina. En cambio, el recién formado ejército israelí por
los terroristas de Stern, Irgun, Hagana y otras organizaciones armadas,
había sido largamente preparado para aquella ocasión y disponía de
grandes cantidades armamento moderno, incluida aviación, cedidas por los
británicos y otras potencias europeas. El armamento israelí era, por
consiguiente, muy superior al de los árabes. A este respecto, es muy
conocido el caso de los fusiles del Ejército egipcio enviado al frente en
1948, que cuando el soldado disparaba le provocaban a él mismo heridas
graves o la muerte. Aquellas “armas fraudulentas” han sido tema
frecuente desde entonces en la literatura, el arte y el cancionero
egipcios. De estos hechos documentados no se ve una sola palabra en la
prensa occidental tan entregada ella a santificar a Israel.
A
estos propagandistas del sionismo, como son Grossman, Wiesel, etc. habría
también que preguntarles, cuando a través de la prensa occidental
derraman tantas lagrimas de cocodrilo por Jerusalén ¿que
es lo que han sacrificado los judíos de Europa por Jerusalén a lo largo
del los últimos veinte siglos?. Por ejemplo cuando cientos de miles de
palestinos, árabes, kurdos y beréberes, musulmanes y cristianos, venidos
de muchas países del mundo islámico, sacrificaban sus vida para
defenderla en las Cruzadas, desde 1096 hasta la recuperación final de
Jerusalén en 1254. ¿Quién
de los judíos europeos se interesó entonces lo más mínimo por Jerusalén
o se acordaba de ella?. ¿A
que viene ahora tanto amor repentino por Jerusalén? ¿No
será porque Estados Unidos les garantiza la total superioridad militar
sobre los árabes convirtiendo su presencia en Oriente Medio en mera
invasión y colonización extranjera?. Por lo tanto ¿cuantos
judíos de origen europeo y americano quedarían a vivir en Israel si se
les despojara de todos sus actuales privilegios militares y económicos
sobre los palestinos, pasando a vivir en igualdad de condiciones con los
palestinos y con todos los pueblos de la región?.
Creo,
como lo creen la mayoría de palestinos y árabes, que en este hipotético
caso, esos judíos “retornarían”, y esta vez sería con razón, a sus
países de origen. ¿Será
por eso que Israel no quiere la paz y hace todo lo posible para
obstaculizarla?. Recordemos que los franceses, antes de 1962, consideraban
a Argelia parte inseparable de su territorio. Argelia estuvo 135 años
bajo el colonialismo francés y había casi dos millones de franceses
viviendo en Argelia, donde la mayoría de ellos habían nacido. Cuando
Argelia consiguió su independencia, nadie tocó a esos franceses, que decían
amar Argelia hasta el infinito. Pero al haber perdido estos sus
privilegios militares y económicos, que les habían permitido
anteriormente tratar a los argelinos como a esclavos, se fueron marchando
uno a uno, hasta que no quedó de ellos excepto una pequeñísima minoría.
Lo mismo harán esos europeos judíos si un día pierden sus privilegios.
Gracias
a esta constante falsificación de la verdad ante los ojos occidentales,
los palestinos, además de sufrir nuestro interminable holocausto a manos
de Israel, somos tratados por los medios estadounidenses, y por ende por
los europeos, como si fuéramos los culpables, mientras que a nuestro
verdugo se le homenajea, en una injusticia sin precedentes , pues, en
otros conflictos de invasión y de colonialismo, siempre se ha sabido
quien es la victima y quien es el verdugo y siempre se le ha castigado o,
al menos, se le ha marginado, al verdugo, excepto en lo tocante a
Palestina donde se le premia al verdugo gracias a sus fabulosos medios
propagandísticos.
Si
Israel quiere realmente la paz con los palestinos y demás pueblos árabes
tiene el camino delante de ella expedito. Los palestinos estamos deseosos
de firmar la paz y los demás países árabes están esperando que esto
ocurra para acoger a Israel como un miembro más de los componentes de la
región, prestos a enterrar para siempre decenas de años de guerra.
Nunca
los musulmanes han tenido conflicto alguno con los judíos de cualquier
parte del mundo, hasta que apareció el sionismo europeo y su absurdo
proyecto de crear un Estado foráneo para los judíos en el corazón mismo
del mundo árabe. La solución para la paz sería, y no hay otra
alternativa, que Israel acepte plenamente la legalidad internacional y
cumpla, cuanto más tarde peor, las resoluciones 242, 338 y 194 del
Consejo de Seguridad de la ONU, retirándose de todos los territorios árabes
que ocupa desde 1967, incluido Jerusalén Este, eliminando los
asentamientos judíos de Cisjordania y Gaza, y permitiendo el regreso a
aquellos refugiados palestinos que desean hacerlo. Sólo en esta solución,
exigida por la comunidad internacional, se encuentra el fin del conflicto
que sacude Oriente Próximo desde los albores del siglo XX y la propia
supervivencia del Estado de Israel.
25
de Abril 2001
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