Zinni es un general de la infantería de marina, su
manera de pensar es directa y lógica. Le es difícil comprender por qué
Sharon no cumple.
¿Qué diablos importa después de todo? Unas pocas casas
por ahí. ¿Vale la pena matar a tanta gente, tantos niños, israelíes y
palestinos, por tan poco? ¿Qué clase de locura es todo esto?
Tanto más si se considera que la vida de los colonos
mismos se ha convertido en un infierno. No se pueden mover sin arriesgar
sus vidas. Los asentamientos se han convertido en sus prisiones. El mundo
se altera cuando un atacante se suicida con una bomba en Tel-Aviv, pero no
reacciona cuando se dispara sobre los colonos. Parecen formar parte de la
ocupación, y por lo tanto son objetivos legítimos para la resistencia de
la gente ocupada.
En la actualidad, numerosos colonos -tal vez la
mayoría- estarían sin duda más que dispuestos a volver a Israel. Los que
buscaban una "calidad de vida" en un paisaje pintoresco, y han descubierto
que el paisaje pintoresco produce sobre todo atacantes suicidas
desesperados, sueñan ahora con tener un hogar tranquilo en Ra'anana, el
suburbio de los ricos cerca de Tel- Aviv. ¿Pero a quién vender una villa
con tejas rojas y un hermoso jardín, sobre la que puede caer en todo
momento un obús de mortero? Sólo el gobierno puede comprarla, y el
gobierno no quiere.
Es más fácil para las empresas industriales. Sus
propietarios fueron seducidos por sucesivos gobiernos (incluyendo los de
Rabin, Peres y especialmente Barak) para que vendieran sus valiosos
terrenos en las ciudades y que consiguieran en cambio, por casi nada,
tierras en los parques industriales de los asentamientos, donde podrían
explotar el trabajo esclavo de los palestinos. Sin salario mínimo, sin
seguridad social. Los propietarios también recibieron toda clase de
subsidios, beneficios impositivos, etc. Ahora se escapan, en todo
silencio, uno tras otro. Proveedores, conductores, empleados
profesionales, ya no vienen a esas partes. En contraste con los
combatientes de Hamás, no tienen la menor intención de suicidarse.
Todo esto lo saben bien los consejeros del general
Zinni. Tienen buenos ojos que evolucionan por los aires. Por lo tanto no
comprenden, con sus simples mentes estadounidenses, por qué Sharon es tan
obstinado.
Comprenden, desde luego, que hay presiones políticas.
Los estadounidenses comprenden las presiones políticas. Después de todo
les pasa lo mismo. Sharon tiene que tomar en cuenta a sus socios de la
extrema derecha, también al lobby de los colonos fanáticos. Pero todo esto
no explica la ferocidad de su oposición. Así que, ¿qué pasa?
Valdría la pena que el general Zinni (igual que sus
predecesores y sucesores), se detuvieran a estudiar un poco la historia
sionista. Descubrirían que los asentamientos forman parte del código
genético del movimiento desde el día mismo en que fue fundado, hace 104
años. Por cierto, desde el instante de su inicio, cuando el huevo judío se
encontró con la esperma nacionalista europea.
Ese código genético le dice al movimiento [sionista]
que colonice hasta el último rincón del país, que lo convierta todo entero
en un territorio entregado a los sionistas para su colonización. Comenzó
subrepticiamente, 'dunam por dunam'. El ritmo se aceleró durante los años
30. En la guerra de 1948, en la que los asentamientos jugaron un papel
importante, Israel conquistó un 78% del país. Después de eso, fueron
erradicadas unas 500 aldeas árabes y en su lugar se colocaron
asentamientos. Cuando acababan de terminar esa tarea, estalló la guerra de
1967, Israel conquistó el resto de Palestina y comenzó de inmediato a
establecer asentamientos por doquier. No importa quién estaba en el poder
-laboristas o el Likud, Begin o Peres, Netanyahu o Barak - la construcción
de asentamientos continuó, sin descanso.
Los 'goyim' [no judíos, N.d.T.] pueden decir lo que les
dé la gana - que los asentamientos son inmorales, un obstáculo para la
paz, ilegales, y recientemente, que constituyen un crimen de guerra. Pero
la actividad continúa. Durante el año en el que Barak negoció "el fin del
conflicto," la construcción de asentamientos se aceleró a un ritmo mayor
que en todos los años anteriores.
Sharon es hijo de colonos, creció en un asentamiento,
los asentamientos son la esencia misma de su vida. Durante toda su
accidentada carrera, en todo momento, cualquiera que haya sido su
actividad, dedicó en primer lugar sus energías a la creación de
asentamientos. Pero incluso si hubiera sido el hijo de nuevos inmigrantes
de Marruecos - hubiese hecho lo mismo. Porque la campaña de los
asentamientos no es un asunto personal, es dictada por el código genético
colectivo.
Si no hubiera habido resistencia, la campaña por los
asentamientos habría continuado hasta que toda Cisjordania y la franja de
Gaza hubieran quedado cubiertas por asentamientos hasta el último dunam.
De ahí se habría extendido a "la patria israelí oriental" (como llaman a
Jordania en las clases de geografía), así como a todos los países vecinos
que fueron incluidos en la generosa promesa hecha por Dios en la Biblia.
El ejército habría conquistado, los colonos se hubieran establecido.
No ocurrirá, porque la presión genera la
contra-presión. El incontenible movimiento se encontró con un objeto
inconmovible: el pueblo palestino. La guerra entre los dos pueblos ha
llegado ahora a un clímax sin igual en los últimos 104 años (excepto, tal
vez, en 1948). Si continúan creando asentamientos se pueden llevar toda la
empresa al desastre.
La literatura clásica conoce el carácter del jugador
compulsivo. Tiene un día bueno, gana y gana, acumula una montaña de chips
sobre la mesa. Podría levantarse en todo momento, cambiar sus chips por
verdadero dinero y vivir feliz para siempre. Podría, pero no puede. La
compulsión no lo deja. Sigue jugando, pierde y pierde, hasta que el
crupier le quita la última ficha.
En las historias clásicas, el jugador se levanta,
pálido como la pared, se tambalea hacia la puerta, levanta la pistola a su
sien y se pega un tiro.
Tenemos que preguntarnos si estamos condenados a actuar
como el jugador o si nos vamos a decir: ¡Basta! Vamos a cambiar nuestro
código genético. Es hora de cambiar el código implantando un nuevo gen que
nos permita vivir sanos, libres de la vieja compulsión.
Devolvamos los asentamientos ubicados más allá de la
Línea Verde a los refugiados palestinos y hagamos volver a salvo a los
colonos al país.
De eso se trata, general. El problema es nuestro. Pero
tal vez pueda ayudar un poco, señor general, sí señor.