Artículos de opinión

 

Compenetrarse de lo que es en realidad Israel

 

 

Edward Said
 ZNet en español

 

La palabra "Israel" tiene una resonancia poco usual en inglés, sobre todo en los Estados Unidos. Escuchar como los políticos repiten las consabidas letanías sobre el apoyo a Israel y cómo hay que mantenerlo fuerte, se comprende que no se habla de un estado o país real, sino más bien de alguna clase de idea o talismán, que trasciende de lejos el estatus de cualquier otro estado o país en el mundo.

Hace unas pocas semanas, la senadora Hillary Clinton declaró públicamente que donaba 1250 dólares a los colonos israelíes para que pudieran comprar más máscaras de gas y cascos, todo esto, agregó solemnemente, sin una traza de la ironía o del humor negro que merecía la situación, como parte de su compromiso para mantener a Israel fuerte y seguro. Como era de esperar, por lo menos para aquellos de nosotros que vivimos en EE.UU., se informó sobre este episodio como si fuera algo normal, no algo singular o ridículo.

Periódicos como The New York Times y Washington Post están repletos de columnistas tales como William Safire y Charles Krauthammer, que en cualquier otro contexto parecerían estar completamente chiflados. Ambos se han puesto a alardear sobre el ejercicio de Sharon como jefe del gobierno de Israel, no porque haya mostrado una propensión a la fuerza bruta y, en general, acciones estúpidamente destructivas, sino que porque argumentan, sin reírse, que es la única personalidad capaz de mostrar a los palestinos el tipo de razonamiento disciplinario que va a hacerlos mantener el orden.

Propuso magnánimamente que se les diera un 42% de Cisjordania, o tal vez un poco más, manteniendo todos los asentamientos en poder de Israel, y rodeando los territorios palestinos con cercos israelíes permanentes: ésta es una forma razonable y buena de solucionar la Intifada. Dijo en una entrevista con el Jerusalem Post que después de todo, "tenemos" un millón de árabes en Israel; ¿por qué no van a poder tolerar "ellos" (los palestinos) a unos pocos cientos de miles de colonos israelíes? Y otra cosa más sobre los defensores estadounidenses de Sharon. Lo que es fascinador es cómo se arrogan, como estadounidenses, el derecho de decirle a Israel lo que debiera hacer y pensar por su propio bien.

Por lo tanto se ha interiorizado a Israel como la fantasía privada personal de cada uno de sus partidarios estadounidenses, o por lo menos es lo que parecen sugerir las apariencias. Y sin embargo, los judíos estadounidenses tienen una relación especial que les da derecho, tal vez, a un mayor grado de participación en decirle a Israel lo que debiera ser, y en particular, y ésta es la característica más sorprendente de lo que estoy discutiendo, en lo que toca a temas de seguridad. Nadie se preocupa de señalar que son los ciudadanos israelíes los que están combatiendo y planificando, no los judíos a larga distancia de la diáspora.

Todo es parte de la domesticación de Israel, que lo mantiene lejos de la historia, y de las consecuencias de sus acciones. Cuando uno se atreve a decir que Israel está acumulando odio y sentimientos vengativos en todos los corazones árabes con sus bombardeos y el castigo colectivo, se responde que uno está siendo antisemita. La justicia y la sabiduría no tienen nada que ver, sólo lo que se pretende que es (en el caso de los críticos árabes de Israel) un odio insensato, profundamente arraigado, hacia los judíos.

Por ello es poco menos que milagroso que, a pesar de sus años de ocupación militar, Israel nunca sea identificado con el colonialismo o con las prácticas coloniales. Lo que me parece es el mayor defecto de todos, tanto de la información y el discurso palestinos, o incluso en el disenso israelí, es cuando emprenden la crítica de la política del gobierno israelí. Hay un excelente análisis de "¿Hasta Dónde Irá Sharon?" en el New York Review of Books actual (con fecha 17 de mayo de 2001) por Avishai Margalit, profesor de filosofía en la Universidad Hebrea, que es totalmente diferente de los análisis estadounidenses de la situación: a) no escatima palabras sobre el castigo colectivo contra los palestinos por parte de Israel; y, b) no intenta embellecer la situación con filigranas lingüísticas sobre la seguridad israelí, una costumbre espantosa de intelectuales que sienten la necesidad de hablar como si fueran generales, para tomarse en serio.

Mi única crítica a Margalit es que no es tajante y pide un fin de la ocupación militar y el reconocimiento israelí de las injusticias cometidas contra el pueblo palestino. Lo que se supone que hagan los intelectuales, en lugar de hablar de políticas desde el punto de vista de los políticos. Sea como sea, lo que es muy importante sobre los escritos de Margalit en este caso es que desmitifica el aura de Israel que ha sido edificado lentamente y estructurado cuidadosamente a través de los años, para eliminar por completo a los palestinos de la escena.

Por eso pienso que lo que el esfuerzo palestino por la paz debe lograr es, ante todo, relacionar a Israel con sus hechos, y concentrarse en terminar aquellas prácticas, en lugar de tratar de llegar a un acuerdo con ellos, o hacer que se medie un tal acuerdo. Uno de los defectos más graves cometidos en Oslo fue que la dirigencia de la OLP (es decir Yasser Arafat) haya ignorado lo que Israel había cometido como fuerza de ocupación, e incluso que haya ignorado el hecho de la ocupación propiamente tal; uno no puede llegar a un acuerdo con la ocupación, que es como un cáncer que continúa creciendo, a menos que sea identificado, aislado, y atacado. La historia de Israel lo prueba.

Para aquellos que dicen que Israel debe ser aceptado, la única respuesta sana es preguntar de qué Israel estamos hablando, ya que el país nunca ha tenido fronteras declaradas internacionalmente, sino que continúa jugueteando interminablemente con su propio tamaño. Ningún otro país, desde la Segunda Guerra Mundial, ha estado en semejante posición, y no hay razón para permitir que eso continúe interminablemente. La Paz se puede hacer sólo sobre la base de un retiro total y el fin de la ocupación. Estos son asuntos concretos, y no generales, que a menudo nos desvían de nuestro objetivo como pueblo en busca de la autodeterminación.

Aunque puedo comprender el deseo de la dirigencia palestina de hacer algo ahora para tratar de terminar con lo que es obviamente una agotadora guerra de desgaste, también pienso que es extremadamente inmoral y estúpido recomenzar simplemente las negociaciones de Oslo, como si nada hubiera pasado. En septiembre de 1996, estalló una mini-intifada, después que Israel abrió provocativamente un túnel bajo el Haram [Haram El Sharif (la Explanada de las Mezquitas) en Jerusalén, N.d.T.], pero eso terminó con numerosas muertes palestinas, y nada cambió ni en el terreno, ni en las negociaciones. Bajo Barak, como apunta correctamente Margalit, la construcción de asentamientos aumentó, combinada con toda clase de dificultades para los palestinos.

¿Qué sentido tiene el que la OLP continúe los inaguantables sufrimientos de su pueblo, sólo para que al Sr. Arafat se le invite de nuevo a la Casa Blanca? No tiene ninguno, pero lo que me sorprende es la actitud descarada de la Autoridad de continuar simplemente con su palabrería de recomenzar las negociaciones, como si no hubieran muerto 400 personas y como si 13 mil jamás hubieran sido heridos. ¿No tienen ninguna dignidad estos dirigentes, ningún sentido de la decencia o siquiera de su propia historia?

Por lo tanto parecería que la crueldad oficial de Israel hacia los palestinos ha sido interiorizada, no sólo por los sionistas extremos estadounidenses, el horrible Ariel Sharon, y el establishment político israelí, sino que por la dirigencia palestina. En su entrevista del 27 de abril en el Jerusalem Post, Sharon repitió todo el tiempo que la Intifada consiste sólo de "terrorismo" y así reduce toda la acción palestina, con excepción del fin de la resistencia y de la renovada detención de los activistas islámicos, como únicamente eso y nada más.

Para Arafat, negociar la paz con Sharon, sin eliminar la palabra "terrorismo" de su vocabulario, equivale a aceptar la ecuación de la lucha palestina contra la ocupación con el terrorismo, y sin embargo, que yo sepa, no se está haciendo ningún esfuerzo concentrado a través de la información y dirigiéndose a israelíes y estadounidenses, por devolver realidad al discurso. La suposición lógica parece ser: Israel-ocupación militar-resistencia palestina. Así que lo que ahora debe ser el aspecto central en los esfuerzos árabes es desbaratar e incluso destruir la ecuación, no presentar simplemente argumentos abstractos sobre el Derecho al Retorno de los refugiados palestinos.

El reingreso a la política de Sharon ha producido un esfuerzo bastante consciente de su parte por devolver la escena a lo que era en 1948, tratar de poner en escena de nuevo el conflicto de Israel con los palestinos, como una batalla por la supervivencia misma de Israel. Parece no haber tenido dificultades en encontrar apoyo para este punto de vista atávico, extremadamente regresivo, entre algunos (pero obviamente no todos los) israelíes, que han respondido a la idea no declarada de que los judíos no pueden jamás vivir libres de persecución y hostilidad. Para un extraño, una noción semejante parece tanto improbable como indefendible. Porque habiendo establecido un estado que en muchos sentidos es poderoso y exitoso, los judíos israelíes deberían verse ahora en una posición excelente para mostrarse confiados y magnánimos en su actitud hacia víctimas a las que han tratado de manera tan injusta.

Pero lo que hacen es continuar escenificando de nuevo la situación original en la que comenzaron por desposeer a los palestinos, experimentando una vez más la hostilidad y la consternación que ellos mismos causaron a otros, sintiendo, sin embargo, que el trauma fue suyo, no de los palestinos. Sharon explota este terrible síndrome, un ejemplo tan dramático como el más extremo que se pueda encontrar, de la neurosis que Freud llamó la compulsión de repetir; uno vuelve una y otra vez a la escena de su trauma original, consintiéndose la permanencia bajo el control de un poderoso miedo neurótico, sin aprovechar el consuelo ni de la razón, ni de la realidad.

Las políticas israelíes deben aparecer, por lo tanto, como lo que son, en lugar de lo que sus propagandistas quisieran que parecieran. Por ello, necesitamos los esfuerzos combinados de los disidentes israelíes, así como de los intelectuales y ciudadanos ordinarios árabes. Porque no sólo las corrupciones del idioma o de la historia no examinada han infectado fatalmente el proceso de paz, sino que parecen haber penetrado en el pensamiento mismo de dirigentes cuya primera responsabilidad es hacia el pueblo que dirigen, en lugar que hacia sus enemigos o sus supuestos patrones (en este caso, los EE.UU.)

Habría que aprender las enseñanzas apropiadas de las observaciones hechas por Colin Powell a Israel, sobre su invasión a Gaza. Básicamente estaba condenando la resistencia palestina, para luego condenar la respuesta de Israel, como desproporcionada; esto está muy lejos de la verdad, por cierto, y prolonga las distorsiones de la percepción que han menoscabado nuestros argumentos como un pueblo injustamente maltratado.

21de Octubre de 2001