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Palestina:
Tenemos que abrir el segundo frente
Edward Said
Mientras la Intifada no sea comprendida en Occidente como una insurrección
civil contra la opresión colonial, escribe Edward Said, los palestinos no
podrán obtener igualdad y justicia.
Durante las últimas semanas, el gobierno israelí ha manejado
vigorosamente sus políticas en dos frentes, en el terreno, y en el
extranjero. El primero es típico de Sharon, o realmente típico de los
militares israelíes. La idea es atacar a los palestinos de todas las
maneras posibles, haciendo que sus vidas se vuelvan intolerables y tan
confinadas y estranguladas que los haga sentir que ya no pueden seguir
viviendo allí. Las razones para esto, como lo ha señalado el erudito
palestino Nur Masalha en tres importantes obras, son que el sionismo
siempre ha querido más tierra y menos árabes: desde Ben-Gurion a Sharon,
pasando por Rabin, Begin, Shamir, Netanyahu, y Barak, hay una continuidad
ideológica ininterrumpida en la que el pueblo palestino es visto como una
ausencia deseada por la que se combate.
Esto es tan obvio y, al mismo tiempo, tan cuidadosamente ocultado de la
vista del público internacional (e incluso regional) que exige algunos
comentarios adicionales. La idea central es que si los judíos tienen
todos los derechos a "la tierra de Israel," entonces cualquier
no judío que esté allí no tiene ningún derecho. Es así de simple, y
así de unánime ideológicamente. Ningún dirigente o partido israelí ha
jamás considerado al pueblo palestino como nación o por lo menos como
una minoría nacional (después de la limpieza étnica en 1948.)
Culturalmente, históricamente, humanamente, el sionismo considera a los
palestinos como de menor valía o inferiores. Incluso Simon Peres, que a
veces parece hablar un lenguaje humano, nunca se deja llevar a considerar
a los palestinos ni siquiera como merecedores a ser tratados como iguales.
Los judíos deben seguir siendo una mayoría, poseer toda la tierra,
definir las leyes tanto para judíos como para los no judíos, garantizar
la inmigración y la repatriación sólo para judíos. Y aunque existen
toda clase de inconsecuencias y contradicciones (por ejemplo, ¿por qué
debe valer la así llamada democracia para un pueblo y no para otro en un
estado "democrático?") Israel continúa sus políticas –
etnocéntricas, exclusivistas, intolerantes – a pesar de todo. Ningún
otro estado del mundo, fuera de Israel, podría haber mantenido una política
tan odiosamente discriminatoria contra un pueblo nativo sólo sobre bases
religiosas y étnicas, una política que prohíbe a la gente nativa que
posea tierras, o que las mantenga en su poder o que exista libre de
represión militar, si no fuera por su sorprendente reputación
internacional como un país liberal, admirable y avanzado.
Esto me lleva al segundo frente de la política israelí, que por ello
debe ser contemplado usando un doble lente. Mientras sitia las localidades
palestinas utilizando técnicas medievales como zanjas y bloqueos
militares totales, lo puede hacer con el aura de una víctima sitiada por
una violencia peligrosa, DE exterminio. Los soldados israelíes
(denominados una "fuerza de defensa") bombardean hogares
palestinos con helicópteros artillados, misiles tecnológicamente
avanzados y descargas de artillería de los tanques, los soldados israelíes
matan a 400 civiles, causan 12000 víctimas, reducen la vida económica a
un nivel de pobreza de un 50 por ciento y a un 45 por ciento de desempleo,
las aplanadoras israelíes destruyen 44000 árboles palestinos, demuelen
casas, crean fortificaciones que imposibilitan todo movimiento, los
planificadores israelíes construyen más asentamientos y carreteras que
llevan a ellos – todo esto mientras mantienen la imagen de un pueblo
pobre, indefenso y terriblemente amenazado. ¿Cómo? Mediante una campaña
internacional coordinada, especialmente estadounidense, tan cínica como
efectiva.
Sólo la semana pasada Sharon, Peres, y Abraham Burg (el presidente del
Knesset [Parlamento israelí, N.d.T.]) estuvieron en los Estados Unidos
para consolidar la imagen israelí como una combate justo contra la
violencia terrorista. Los tres pasaron de una plataforma pública
influyente a la otra, ganando a cada instante más apoyo y simpatía para
la política israelí. Al mismo tiempo, los medios anunciaron que el
gobierno israelí ha contratado dos empresas de relaciones públicas para
que continúen promoviendo sus políticas a través de anuncios en la
prensa, de las presiones coordinadas de los lobbys, y de las relaciones
parlamentarias en Washington. Las noticias sobre la Intifada palestina han
gradualmente desaparecido de los medios. Después de todo, ¿por cuánto
tiempo puede una "violencia" que no parece estar dirigida ni
contra injusticias que vienen de largo (tales como son la ocupación
militar y el castigo colectivo) ni contra una política en particular (tal
como la negativa total de Israel a considerar las reivindicaciones
palestinas como si tuvieran algún mérito), ocupar a reporteros a los que
se castiga por la más mínima desviación de la política editorial
pro-israelí aceptada? No es sólo que los reporteros no tengan historias
importantes que publicar (como por ejemplo una simple descripción de la
liberación palestina), también sucede que Israel no ha sido firmemente
acusado durante años y años por sus masivos abusos contra los derechos
humanos, contra toda la población palestina.
La comisión de investigación del senador George Mitchell y el equipo
similar de expertos en los derechos humanos de Mary Robinson, formado por
un distinguido grupo que incluye al profesor Richard Falk de Princeton,
llegarán indudablemente a conclusiones similares. He leído el informe
Robinson y condena sin ambages la crueldad y la respuesta militar
desproporcionada de Israel a lo que es en efecto un levantamiento civil
anticolonialista. Pero se puede estar seguro de que pocos verán o serán
afectados por esos excelentes informes. La máquina israelí de relaciones
públicas, especialmente en los EE.UU., se asegurará que así sea.
Semejantes campañas de propaganda en los EE.UU. son mucho más efectivas
de lo que son en el Reino Unido, por ejemplo, Robert Fisk, el excelente
periodista sobre el Oriente Próximo del Independent, se ha quejado de los
ataques en su contra y contra su periódico por parte del lobby israelí
en Gran Bretaña, pero continúa valerosamente sus publicaciones. Y cuando
el potentado de los medios canadienses Conrad Black trató de detener o
censurar las críticas contra Israel en el Daily Telegraph o el Spectator,
ambos de su propiedad, un coro de sus propios periodistas y otros, como
Ian Gilmour, pudieron responderle en sus propios periódicos.
Algo así no podría ocurrir en los EE.UU., donde la mayoría de los
principales periódicos y periodistas simplemente prohíben todo
comentario editorial pro- palestino. El New York Times ha publicado solo
una o dos columnas editoriales de esa tendencia, comparadas con docenas de
comentarios "neutrales" o pro-israelíes. Una conducta similar
se repite en cada uno de los mayores periódicos de los EE.UU. Así, el
lector promedio se ve inundado con docenas y docenas de artículos sobre
la "violencia" como si la violencia fuera algo equiparable, o
peor, que los ataques israelíes con helicópteros, tanques y misiles. Si
bien es tristemente verdadero que una muerte israelí parece valer muchas
muertes palestinas en el terreno, también es cierto que a pesar de todo
su indiscutible sufrimiento y su diaria humillación, en los medios parece
que los palestinos fueran apenas más humanos que las cucarachas y los
terroristas con las que han sido comparados.
La simple realidad es que la Intifada palestina continuará sin protección
y sin efecto mientras no sea vista en Occidente como una lucha por la
liberación. Los EE.UU. son el principal apoyo de Israel con 5 mil
millones de dólares por año, y si hay una cosa que los israelíes han
comprendido hace tiempo es el valor directo de su propaganda, que les
permite que hagan inequívocamente lo que quieran y que a pesar de ello
sigan conservando una imagen de justicia serena y corrección segura.
Nosotros los palestinos, como pueblo, tenemos que hacer lo que hizo el
movimiento anti-apartheid en África del Sur, es decir conquistar
legitimidad en Europa y especialmente en los EE.UU., y deslegitimar
consecuentemente el régimen del apartheid. Todo el principio del
colonialismo israelí debe ser desacreditado de la misma manera para que
la autodeterminación palestina pueda lograr algún progreso.
Esta tarea ya no puede ser postergada. Durante el sitio de Beirut en 1982
por los ejércitos de Sharon, un grupo importante de hombres de negocios e
intelectuales palestinos se reunieron en Londres. La idea era ayudar a
aliviar los sufrimientos palestinos, y también establecer una campaña de
información en los EE.UU.: la resistencia palestina en el terreno y la
imagen palestina fueron consideradas como dos frentes iguales. Pero con el
pasar del tiempo, el segundo esfuerzo fue abandonado por entero, por
razones que aún no puedo comprender en su totalidad.
No hay que ser Aristóteles para relacionar el marco propagandístico que
presenta a los palestinos como terroristas alarmantes, fanáticos, con la
facilidad con la que Israel comete todos los días horrendos crímenes de
guerra, y logra seguirse presentando como un temerario pequeño estado en
lucha contra el exterminio y conserva el apoyo incondicional de los
EE.UU., pagado en su totalidad por el atónito contribuyente
estadounidense.
Es una situación intolerable, y hasta que la lucha palestina se enfoque
resueltamente en la batalla por presentar su valiente lucha por la
supervivencia contra el colonialismo israelí, no tendremos ninguna
posibilidad de conquistar nuestros derechos como un pueblo. Cada piedra
lanzada simbólicamente en apoyo a la igualdad y de la justicia debe por
lo tanto ser interpretada como lo que es en realidad, y no ser deformada
como un acto de violencia o un rechazo ciego de la paz. La información
palestina debe cambiar el marco de referencia, debe asumir su
responsabilidad y debe hacerlo de inmediato. Tiene que haber un objetivo
colectivo unificado.
En un mundo globalizado, en el que la política y la información son
virtualmente equivalentes, los palestinos ya no pueden seguir eludiendo
una tarea que, por desgracia, su dirigencia es sencillamente incapaz de
comprender. Tiene que realizarse si se ha de terminar con la pérdida de
vidas y propiedades, y si el verdadero objetivo es la liberación, no la
servidumbre frente a Israel. La ironía es que la verdad y la justicia están
del lado palestino, pero que hasta que los palestinos mismos no hagan que
esto sea fácilmente comprendido – por el mundo en general, por ellos
mismos, por los israelíes y por los estadounidenses en particular -- ni
la verdad ni la justicia pueden prevalecer. Un pueblo que ya ha sufrido un
siglo de injusticia, tiene que tener una política de información
adecuada. Lo que se necesita es una voluntad redirigida y reenfocada para
lograr la victoria sobre la ocupación militar y el desposeimiento basado
en razones étnicas y religiosas.
http://www.ahram.org.eg/weekly/2001/527/op2.htm
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