|
Israel: Democracia Militar
Uri Avnery
¡El ejército
israelí no posee un estado!" declaró esta semana Ariel Sharon,
después de que el Jefe del Estado Mayor trató de crear un hecho
consumado a sus espaldas.
No estoy seguro de si Sharon sabe de dónde proviene la
frase. Fue acuñada por el Conde Honoré de Mirabeau, uno de los
instigadores de la revolución francesa, en su ensayo sobre Prusia. Después
de señalar que "la guerra es la industria nacional de Prusia",
Mirabeau dijo que mientras que en otros países el estado posee un ejército,
en Prusia el ejército posee un estado.
Se ha dicho más de una vez que Israel es "la
Prusia del Oriente Medio." He tratado de analizar el origen de esa
similitud.
El estado prusiano nació después de un holocausto,
antes del cual era sólo otro pequeño estado alemán, llamado
Brandenburgo en esa época. En 1618, comenzó la Guerra de Treinta Años,
inmolando a un tercio del pueblo alemán y devastando la mayor parte de
sus ciudades y aldeas. Como secuela dejó un trauma que aún no ha
desaparecido por completo.
En la Guerra de Treinta Años participaron casi todos
los principales ejércitos europeos, y todos se enfrentaron sobre suelo
alemán. Alemania está ubicada en el centro de Europa y no tiene
fronteras naturales. Ni un mar, ni un desierto, ni una cadena montañosa
defienden el país. Después de la calamidad, los dirigentes de Prusia
sacaron la lección obvia: si no tenemos barreras naturales que nos
defiendan, debemos crear una barrera artificial mediante un ejército
regular, grande y eficaz. Así es como nació el ejército prusiano, una
fuerza que estaba destinada a defender a la patria, y que con el tiempo se
convirtió en el terror de sus vecinos, hasta que, al final, se convirtió
en el ejército nazi, llamado irónicamente la Wehrmacht –
"la fuerza de defensa."
Israel se enfrenta a un dilema similar. El sionismo
fue, al principio, un movimiento pequeño y débil, rechazado hasta por la
mayoría de los judíos. Cuando los primeros sionistas vinieron al país
[Palestina], se sorprendieron al encontrarse con una población que no
estaba de acuerdo con la idea de entregar su patria a otro pueblo. Resistió
violentamente, y los sionistas se defendieron lo mejor que podían.
Luego vino el Holocausto y aniquiló un tercio del
pueblo judío. Dio al sionismo un tremendo ímpetu. El movimiento fue
visto como un valeroso esfuerzo de los sobrevivientes del Holocausto por
salvarse. En la misma medida, creció la resistencia árabe. Los sionistas
necesitaban crear una "Cortina de Hierro" (como la llamó Ze`ev
Jabotinsky) contra la resistencia, una "fuerza de defensa"
suficientemente fuerte para resistir el ataque de todo el mundo árabe. Así
nació la Fuerza de Defensa Israelí y, en la guerra de 1948, conquistó
aproximadamente un 78% de la Palestina del Mandato, y en la guerra de
junio de 1967, los 22% restantes, así como grandes territorios de los países
colindantes. Desde entonces, la "fuerza de defensa" se ha
convertido en un ejército de ocupación.
En el Segundo Reich alemán, había un dicho
popular, "der Soldate / ist der beste Mann im Staate" (el
soldado es el mejor hombre del estado.) En Israel, el eslogan fue
"Los mejores van a la Fuerza Aérea." En el joven estado, el ejército
atrajo a los mejores y a los más inteligentes. La actitud hacia los
oficiales superiores a menudo rayaba en la idolatría.
Desde que se estableció el estado hasta ahora, los
generales han controlado los medios de comunicación, tanto mediante
fuertes relaciones personales con los editores como a través de una red
compleja de portavoces del ejército que se hacían pasar por
"nuestro corresponsal militar", nuestro corresponsal de asuntos
árabes" (generalmente antiguos oficiales de la inteligencia del ejército)
y "nuestro corresponsal político."
Los observadores extranjeros han preguntado
frecuentemente si un golpe militar podría ocurrir en Israel. Es una
pregunta estúpida, porque un golpe es totalmente innecesario. Desde el
comienzo, el comando del ejército ha tenido una influencia decisiva sobre
la política nacional, y sus miembros han ocupado posiciones clave en la
democracia israelí, en una forma inimaginable en cualquier otro estado
democrático.
Unos pocos hechos debieran bastar: de los 15 jefes de
estado mayor que precedieron a Mofaz, dos llegaron a ser primeros
ministros (Rabin, Barak), cuatro llegaron a ser ministros del gabinete (Yadin,
Bar-Lev, Eytan, Lipkin-Shahak.) Dos primeros ministros fueron antiguos
dirigentes de las organizaciones clandestinas armadas anteriores al estado
(Begin, Shamir), y uno un antiguo Director General del Ministerio de
Defensa (Peres.) Dos generales llegaron a ser presidentes de Israel (Herzog,
Weizman.) En el actual gobierno hay cinco generales (Sharon, Ze´evi,
Vilnai, Sneh, Ben-Eliezer.)
Antiguos Generales han recibido siempre las principales
posiciones económicas y han controlado casi todas las grandes
corporaciones y servicios del estado. Muchos generales llegaron a ser
alcaldes. La totalidad de la clase político-militar-económico-administrativa
en Israel está llena de generales.
La dispersión de los generales entre los diferentes
partidos políticos no cambia nada. Es demostrado por el hecho de que
muchos generales, después de dejar el ejército, recibieron ofertas de
posiciones de dirección en los dos principales partidos políticos --
Laborista y Likud—y escogieron el uno o el otro según el precio
ofrecido. Algunos pasaron de un partido al otro (Dayan, Weizman, Sharon,
Mordecai.) Al principio del actual Knesset [Parlamento], cuatro partidos
políticos estaban dirigidos por generales (Likud por Sharon, Laborista
por Barak, Merkaz por Mordecai, Moledet por Ze´evi.) El campo religioso,
hasta ahora, ha estado privado de generales, pero con la aparición del de
extrema derecha, Effi Eytam, se corregirá esta situación.
No habría nada de malo en todo esto, si hubiera sido sólo
un fenómeno personal y profesional. Pero el problema es mucho más serio,
porque todos los generales gobernantes tienen una mentalidad común. Todos
creen la política de fuerza, en anexiones y asentamientos, aunque algunos
sean menos extremos que otros. Las excepciones se pueden contar con los
dedos de una mano, y algunos dirían que un dedo basta, (el difunto Matti
Peled.)
En este sentido, no hay diferencia alguna entre
oficiales activos y retirados. Todos ellos han formado siempre una especie
de super-partido, rigiendo la clase política dirigente. No porque estén
organizados y decidan en conjunto, y tampoco por sus fuertes lazos
sociales, sino que por su manera uniforme de pensar, que les lleva casi
automáticamente a las mismas conclusiones en cualquier situación
–independientemente de su pertenencia al Likud, al Partido Laborista, a
la Unión Nacional o a Merkaz. No necesariamente en todos los detalles,
sino que en la dirección general.
Uno de los resultados es la neutralización de las
mujeres en el sistema político israelí. No hay sitio para las mujeres en
los niveles superiores del ejército y su espíritu machista, que dirigen
todas las esferas de la política israelí. (La única extraordinaria
excepción, Golda Meir, proclamó su orgullo de ser "el único hombre
en el gobierno" y se rodeó de generales.)
Todo esto es realizado en forma bastante democrática.
En la "Única Democracia en el Oriente Medio", el ejército
recibe sus ordenes del gobierno y obedece. Según la ley israelí, el
gobierno como tal, es el Comandante en Jefe de las fuerzas armadas. Pero
cuando el gobierno mismo está controlado por antiguos generales, esto no
tiene importancia.
Así fue en los años 59, cuando el Jefe del Estado
Mayor, Moshe Dayan, impuso al gobierno una política de "acciones de
represalias" y la hizo implementar por el Mayor Ariel Sharon. Y así
es en la actualidad, cuando el mismo General Sharon impone la misma política
y la hace implementar por el general Ben-Eliezer, Ministro de Defensa, (es
extremadamente raro que el Ministro de Defensa sea un antiguo general.) El
predecesor de Sharon, el ex Jefe del Estado Mayor, Barak, se rodeó de un
grupo de generales, rechazando a todos los civiles.
Últimamente ha tenido lugar una evolución nueva y
peligrosa. Bajo el liderazgo del Jefe del Estado Mayor, Shaul Mofaz, un
hombre con una perspectiva de extrema derecha, el ejército ha comenzado a
rebelarse contra las "directivas políticas." Moviliza a los
medios de comunicación contra el gobierno y lo hace responsable por su
ignominioso fracaso en la guerra contra el "terrorismo"
–trayendo a la memoria a uno de los generales prusianos después de la
Primera Guerra Mundial que acusó a los políticos de "apuñalar por
la espalda al ejército." Cuando el Ministro de Relaciones
Exteriores, Peres, con la aprobación de Sharon, comenzó recientemente a
propiciar una reunión con Arafat, una "fuente militar superior"
filtró a los medios la información de que el ejército objeta enérgicamente
a toda reunión de ese tipo.
Las cosas llegaron a su clímax esta semana, cuando el
Jefe del Estado Mayor decidió crear a lo largo de la Línea Verde (la
frontera anterior a 1967) "áreas militares cerradas" con campos
de detención y cortes militares irregulares y arbitrarias para los
palestinos que trataran de entrar. Esto significa una anexión de facto,
con implicaciones políticas, internacionales y nacionales de gran
alcance.
Sharon, que supo de esto mientras se encontraba en una
visita de estado en Rusia, se enfureció. Comenzó un juego de acusaciones
y contra-acusaciones, y el ejército filtró documentos secretos a los
medios ("Llegué a ver un documento" anunció un comentarista en
la televisión.)
Si esto da la impresión de que hay una confrontación
mayor entre el gobierno y el ejército, es una ilusión. Sharon mismo
pertenece a la camarilla militar más que cualquier otro. Pero tiene un
antiguo resentimiento contra el Estado Mayor, que en su época impidió
que llegara a ser Jefe del Estado Mayor. Además, contrariamente a los políticos
civiles, no tiene complejos de inferioridad cuando trata con los
generales.
Es una confrontación dentro de la familia. No hay
diferencias reales de opinión entre Sharon y Mofaz. Ambos creen en la
misma política de expansión de los asentamientos y de impedir cualquier
compromiso con el pueblo palestino. Los dos creen en la máxima "si
la fuerza no funciona, hay que usar más fuerza." Ambos se mueven
hacia la escalada y más escalada.
En la República de Weimar, después de la Primera
Guerra Mundial, había un dicho: "El Káiser se fue, los generales se
quedaron." En Israel, el gobierno cambia de cuando en cuando, pero
los generales siguen ahí.
11 de septiembre del 2001
|