| CULPAR A LAS
VICTIMAS...
YUSUF FERNÁNDEZ
Diciembre de 2000 E1
28 de septiembre de 2000, el líder “ultra"
del Likud israelí, Ariel Sharon, acompañado por 3.000 soldados armados,
proporcionados por el "moderado" primer ministro israelí Ehud
Barak, invadió la explanada de las Mezquitas en Jerusalén, en un gesto
de clara provocación. tal como se esperaba, esta provocación desató las
protestas de los palestinos, que pusieron en marcha una nueva Intifada
contra los ocupantes sionistas. La
respuesta de los israelíes, cuya política de asesinato, tortura y
expoliación contra el pueblo palestino ha sido una constante desde la
propia fundación del estado de Israel, fue particularmente brutal al
emplear a cazabombarderos, helicópteros, mísiles y tanque s contra los jóvenes
palestinos armarlos sólo con piedras. Las tropas israelíes utilizan
también balas de acero recubiertas de caucho, que producen terribles
destrozos en los cuerpos de las víctimas. Multitudes de colonos asaltaron
varias localidades palestinas asesinando a civiles indefensos y quemando y
destruyendo sus propiedades con el fin de dejar claro que "Israel
sigue siendo poderoso". El resultado de todo ello es la muerte, hasta
el momento, de más de 200 palestinos
y más de 6.000 heridos. Los
acontecimientos de Palestina han sido recogidos con detalle en la prensa
internacional. Casi nadie que siga los medios de comunicación con una
cierta frecuencia ignora los actuales acontecimientos que tienen lugar allí.
Una encuesta de la revista Times en
Interna buscaba conocer quién era, según la opinión de los
participantes, el responsable de la violencia. Un día después de que la
encuesta se iniciara el resultado era que el 71 % de los encuestador
culpaba a los palestinos. Dos días más tarde la proporción había
variado, aunque todavía un 54 % de los encuestador culpaba a los
palestinos frente un 45% que lo hacía a los israelíes. En
realidad esto es sorprendente, pues ¿cómo puede alguien que ha visto las
masacres, el disparo de balas de acero contra niños, o el lanzamiento de
mísiles contra una multitud culpar a las víctimas? La
respuesta hay que verla en la actuación de la vasta máquina de
propaganda que forman los principales medios de comunicación, que actúan
en casi todas las ocasiones con una gran sutileza en el empleo del
lenguaje, con el claro objetivo de crear una imagen, frecuentemente
distorsionada, en la mente del lector. Hay, no obstante, señalar algunas
notables excepciones tales como la de Roben Fisk, un periodista del diario
británico The Independent, que ha descrito con realismo y veracidad los
hechos que ha presenciado. Veamos
algunos ejemplos del funcionamiento de dicha máquina de propaganda. Un
reportaje difundido por la CNN el pasado 28 de septiembre sobre la visita
de Ariel Sharon a la Explanada de las Mezquitas decía: "Una visita
del líder del Partido Likud, Ariel Sharon, al sitio conocido como el
Monte del Templo por los judíos acabó en un choque el jueves cine
palestinos que lanzaban piedras y tropas israelíes que disparaban gases
lacrimógenos y balas de goma contra la multitud". Si
analizamos esta información en detalle vemos para empezar que Ariel
Sharon no es un genocida, responsable de las masacres de Shabra y Chatila,
sino un respetable político israelí. El
visitó el "Monte del Templo", no la explanad de las Mezquitas,
donde se halla la Mezquita de Al‑Aqsa, el tercer lugar más sagrado
del Islam. Luego está el tema de la "visita". No se hacía
referencia a la presencia de más de 3.000 soldados israelíes entrando en
un sitio sagrado para los musulmanes. ¿Cómo podría alguien oponerse a
la visita de un respetable político israelí a un lugar sagrado para los
judíos? Para el posible lector o espectador que formase su juicio en base
a estas informaciones, los palestinos que protestaban podrían parecer
locos o alborotadores. Incluso
la BBC, una cadena con fama de objetividad, habló de "el sitio
sagrado de Jerusalén que es reverenciado tanto por musulmanes como judíos".
Cabría preguntarse si estos medios multimillonarios desconocen la
existencia de la Mezquita de Al‑Aqsa en este lugar. El tratamiento
dado por la BBC ignora que esta mezquita ha estado en ese lugar durante
los pasados 14 siglos y que la reivindicación judía, basada en la
historia antigua, de hace miles de años, no tiene precedentes en la
historia contemporánea. Los
medios de comunicación ignoraron también la advertencia realizada por
las autoridades palestinas contra la visita de Sharon, que había sido
anunciada con antelación. Muchos
de los grandes diarios y cadenas de televisión occidentales,
especialmente las norteamericanas, han dejado de referirse a Cisjordania y
Gaza como "territorios ocupados". Los jóvenes palestinos que
protestan contra la ocupación israelí son calificados de
"alborotadores". Dichos medios han levantado una campaña para
culpar a los palestinos de la situación. Según ellos, los palestinos
deben "dejar de alborotar" y Arafat "debe poner fin a la
violencia" y "volver al proceso de paz". Por otro lado, los
muertos de la Intifada son presentados como un resultado de la
"lucha" o "intercambios de disparos". El propio
Clinton, al "lamentar" la muerte de Muhammad Adurra afirmó que
había sido la consecuencia de "un cruce de fuego". Esto es una
clara mentira porque sólo un lado, el israelí, estaba disparando. Así
pues, la hipocresía de estas declaraciones es más, evidente para
cualquiera que siga minimamente los
acontecimientos que están ocurriendo
en Palestina. Imaginemos por un momento lo que hubiera sucedido si un
medio de comunicación hubiera. calificado la matanza de estudiantes
ocurrida en la Plaza de Tien An Men en junio de 1989 como
"lucha". Todo, los medios de comunicación occidental. ,
refirieron a aquel acontecimiento como "masacre". Habría que
preguntarse ¿porqué aquello fue una "masacre" y no una
"lucha"`? Simplemente porque la maquina de propaganda escoge sus
términos de una forma muy
cuidadosa. La
calificación de lo que sucedió como
una "lucha" tiene como resultado el ocultar la barbarie y
brutalidad israelíes. Esta distorsión se ve reforzada por el repetido
uso de términos tales como "cese del fuego" y los llamamiento
‑ a ambas partes para que "pongan fin su violencia". Un
artículo aparecido en Los Ángeles Times el pasado 14 de octubre llegó a
afirmar que "los helicópteros sobrevolaban la zona mientras que en
el suelo los dos bandos se arrojaban piedras unos a otros". De creer
al diario cabría pensar que las balas y los mísiles israelíes se
convirtieron en piedras por una suerte de prodigio bíblico. En la mayoría
de los medios loa ataques de los helicópteros israelíes son calificados
de "respuesta" o "represalia”. La
muerte del niño palestino Muhammad ad‑Durra, el pasado 12 de
septiembre, fue recogida por un cámara palestina que trabajaba para una
televisión francesa, la TV‑2. Las principales cadena, transmitieron
unos pocos segundos de la secuencia de la muerte del niño, pero lo que
pocos saben es que toda la toma duraba 45 minutos, en los que se mostraba
a Kamal, el padre de Muhammad, intentando desesperadamente proteger a su
hijo de las balas israelíes hasta que el niño fue muerto y el propio
padre recibió ocho disparos. Un conductor de la ambulancia que intentó
ayudar a ambos cayó también víctima de los disparos de los soldados
israelíes. Los grandes medios de información ignoraron también otros
hechos particularmente espeluznantes como la muerte de Sarah Abdul Azim
Hasan, una niña de 18 meses de edad, que recibió 10 disparos en la
cabeza a manos de colonos judíos en Nablus. El
mismo tipo de mentiras ha sido empleadas con respecto a los dos soldados
israelíes muertos en
Ramallah el 12 de octubre. Todos los medios de comunicación occidentales
afirmaron que "los soldados se habían perdido", recogiendo así
la versión israelí. La verdades bastante distinta. Hubo dos coches
llenos de agentes encubiertos israelíes, todos ellos vestidos como árabes.
Un grupo que viajaba en una furgoneta de la Media Luna Roja secuestrada,
logró huir. El otro quedó atrapado en medio de un cortejo fúnebre y sus
ocupantes fueron arrestados. En el coche donde viajaban estos agentes fue
encontrada una gran cantidad de explosivos y armas. Ciertamente, estos
agentes encubiertos no se habían perdido. Tuvieron que atravesar al menos
dos puntos
de control, uno israelí y otro palestino antes de entrar en Ramallah. No
cabe duda de que su misión era la de identificar y asesinar a los
organizadores de la Intifada. No
hace falta decir que los medios mas hostiles en contra de los palestinos
han sido precisamente los norteamericanos, que han mantenido en general un
tono de odio estridente en contra de los árabes. Así por ejemplo, un artículo
en el periódico The Washington Times, culpó directamente a Arafat por la
violencia (20 de octubre), mientras que el columnista de Los Ángeles
Times, Cal Thomas escribió que "el Islam es la amenaza del presente
y el inmediato futuro". La
imagen de los palestinos en lo que se refiere al proceso de paz es la de
un negociador ingrato que ha rehusado aceptar la "generosa oferta
israelí" o "una retirada parcial de Jerusalén Este". El
mismo Cal Thomas afirmó también en Los Ángeles Times (17 de octubre de
2000): "Ni siquiera la oferta del primer ministro israelí Ehud Barak
de restituir el 90% de la tierra capturada y algún tipo de soberanía
sobre Jerusalén fue bastante para los palestinos cuando Al‑lah
exigió toda la tierra e instruyó a sus seguidores para tomarla por todos
los medios que sean precisos". Lo que Cal Thomas no dijo obviamente
es que la "oferta de Barak" sólo hablaba de una
"administración conjunta" sobre un par de barrios, de los
suburbios de Jerusalén Este e incluso negaba la soberanía palestina
sobre la Explanada de las Mezquitas. Incluso
en la publicación de Internet de Microsoft (Slate.com) el columnista
Scotl Shuger calificó a uno de los palestinos que participó en la muerte
de los dos agentes encubiertos israelíes en Ramallah de "un trozo de
m .... con forma humana". El resto del vocabulario iba parejo con la
baja talla de la mentalidad de los columnistas. El
columnista del Nere York Post, Rod Dreher, afirmó en otro artículo,
publicado el 17 de octubre, el superior estatus de la civilización
occidental: "...A diferencia de los israelíes, los palestinos no son
el producto de la civilización occidental sino de otra conformada por el
Islam y las costumbres étnicas árabes. A causa de esto, es fácil para
los ingenuos occidentales escandalizarse y sorprenderse por sus acciones.
Como único punto avanzado de Occidente en este salvaje e irracional
desierto, debemos a los israelíes nuestra lealtad ...Los israelíes,
cualesquiera que sean sus errores, están luchando por nosotros y por
nuestra civilización". A
través de la historia, los colonialistas de toda índole han justificado
sus crímenes y genocidios en una supuesta superioridad de raza, color o
civilización. Que Israel es un puesto avanzado en el corazón del mundo
árabe y musulmán es ahora admitido abiertamente por algunos periodistas
occidentales. Si los niños palestinos son asesinados por los soldados
israelíes a sangre fría es por la culpa
de Arafat e incluso de sus padres. Los palestinos no pueden protestar
porque no pertenecen a la "civilización occidental". Incluso
se filtró a la prensa que Anthony Cordesman, un destacado miembro de un
conocido instituto de análisis de Washington, el Instituto de Estudios
Internacionales y Estratégicas (CS/S), declaró que era necesario acabar
con la intifada por cualquier medio posible, "incluso si ello
significaba recurrir a la tortura". El CSIS tiene estrechos vínculos
con el gobierno norteamericano, y el propio Cordesman trabajó para el
Consejo de Seguridad Nacional de EEUU. No cabe duda de que sus opiniones
representan el punto de vista de una buena parte de los dirigentes
estadounidenses, incluso aunque éstos no se atreven a declararlo públicamente. Así,
mientras que el pasado 3 de noviembre la ONG Physicians for the Human
Right acusaba al gobierno israelí de brutalidad, la CNN emitió un
reportaje donde mencionaba la muerte de varios niños palestinos. Esto le
valió la inmediata acusación por parte de Los medios de comuniación
sionistas de que la cadena tenía "prejuicios propalestinos".
Algunos propagandistas sionistas fueron incluso más lejos. La periodista
judía Barbara Amiel llegó a calificar a los palestinos de
"animales" en un reportaje publicado en la revista McLean s.
Cabe imaginar lo que ocurriría si estos comentarios fueran referidos a
otr etnia o pueblo. Sin embargo, cuando se refieren a los palestinos o a
los musulmanes todo parece normal. El
arte de la propaganda consiste en exagerar algunos hechos, distorsionar
otros, y ocultar o minimizar algunos más. Todas estas técnicas han sido
empleadas en el caso de los palestinos. El uso de las balas de acero
recubiertas por una fina capa de caucho son denominadas "balas de
goma" en muchos de los diarios occidentales. No se menciona tampoco
el hecho de que los israelíes disparan preferentemente a la cabeza de los
jóvenes manifestantes. Esto ha dejado ciegos a varias docenas de ellos.
No cabe duda de que si hubieran sido los palestinos los que hubieran
realizado, incluso en una mínima parte, hechos de esta índole, esto habría
recibido una amplia cobertura de los medios de comunicación occidentales. Estos
medios no han informado tampoco acerca de la actuación de las bandas de
colonos que han asaltado varias localidades palestinas o de mayoría árabe
dentro de Israel y que, bajo el grito de "Muerte a los árabes"
han asesinado, torturado, saqueado, quemado y linchado. Si hubo cobertura,
sin embargo, para una advertencia realizada por Kofi Annan a los
palestinos. Por otro lado, en las escasas ocasiones donde estos hechos son
mencionados, son recogidos como declaraciones o quejas de los palestinos,
y no como un producto de las observaciones de los reporteros. Por supuesto
términos como "terrorismo judío" o "fundamentalismo judío"
no son nunca utilizados. Las declaraciones de los responsables israelíes
son recogidas tal cual, sin ningún comentario crítico, por muy absurdas
que sean. Cabe señalar también la ausencia en las informaciones o comentarios sobre crisis de cualquier referencia a la así llama"comunidad internacional". Si uno estudia primeras dos semanas de informaciones sobre la intifada en los medios de comunicación occidentales, encontrará que ese término solo utilizado en muy contadas ocasiones. Los
principales medios de comunicación han ignorado la realidad de que
Palestina, incluyendo a Jerusalén, es un territorio bajo ocupación Así
por ejemplo, un editorial de la BBC publicado en su sitio de Internet se
queja del fracaso de la comunidad internacional para proveer un mediador
honesto para el conflicto de Oriente Medio. En otro artículo se menciona
la petición del príncipe heredero saudí Abdullah y del jefe de la
delegación negociadora palestina Saib Erakat para que la comunidad
internacional intervenga con el fin de proteger a los palestinos. En un
tercero se hace referencia a las declaraciones del presidente pakistaní
Rafiq Tarar que pidió la misericordia de la "comunidad civilizada
" en el caso de Palestina. En
contraste con esto, en la crisis de Timor Oriental, el término
"comunidad internacional" aparecía casi a diario. Se afirmaba
entonces que ella podía asistir impasible ante "derramamiento de
sangre", que la intervención en este conflicto se convirtió en algo
ineludible. Un caso similar sucedió en la crisis del Golfo de hace diez años,
donde cada paso que se daba era justificado en nombre de la
"comunidad internacional". Todo
lo anterior prueba que el término comunidad internacional, que describe
una suerte de ente supremo con un papel autoasignado de protección de los intereses generales de la humanidad, no
es más que una creación de la máquina de propaganda que lo saca a
relucir en todas las ocasiones en las que interesa justificar algún tipo
de intervención Por supuesto, esta "obligación moral" de
intervención de "comunidad internacional nunca se aplicará en el
caso d Palestina. Sólo los ingenuos
o los ignorantes actúan como si existiera en efecto una entidad de
esta naturaleza. En 1o que se refiere a Israel, el papel de la
"comunidad internacional" fue el legitimar la creación del
estado sionista en 1948 y el de permitir este estado que viole impune e
ininterrumpi damente todas
las normas internacionales, resoluciones de la ONU y demás instrumento
del Derecho Internacional. Un
ejemplo de esto es la última resolución de la ONU sobre la Intifada.
Esta resolución es abstracta y ambigua, y evita en todo momento condenar
a Israel. Se limita a deplorar el empleo de la "fuerza excesiva” '
(¿desde cuándo las masacres contra un pueblo son "fuerza
excesiva"?). A pesar de todo, Israel rechazó rápidamente la
resolución, sabiendo a ciencia cierta que no sería acusado de violar la
"voluntad de la comunidad internacional". "Hemos
sobrevivido al duro lenguaje de la ONU en el pasado", afirmó Abraham
Burg, el portavoz del Parlamento israelí. "Si ellos quieren
continuar con su retórica no hay problema, pero, en un punto, ella se
convierte en algo irrelevante para nosotros". Difícilmente cabe
imaginarse un desprecio mayor hacia la voluntad de las, en otros casos
sacrosantas, resoluciones de la ONU. Se
supone que vivimos en un nuevo orden internacional donde ha de primar la
libertad de expresión y de información. Sin embargo, lo cierto es que la
máquina de propaganda ha alcanzado ya un nivel en que ella misma crea las
verdades y los hechos para servir a sus propios fines e intereses. Lo
menos que podemos hacer es comprender la naturaleza de esa máquina y
abrir nuestros ojos. |