Artículos de opinión

 

Israel...

 Comicios de cuartel y pacifismo 

 

Ahmed Hijazy*

 

 Ya se acabó el mito del pacifismo israelí. Los intelectuales israelíes acaban de enviar una carta a la Autoridad Nacional Palestina (ANP) en la que afirman su rechazo total al retorno de los refugiados palestinos a sus hogares, Pues se trata de unos tres millones de refugiados que siguen viviendo en la diáspora, desde hace más de cincuenta y dos años. En aquella carta los firmantes dicen: “ Nunca aceptaremos el retorno de los refugiados palestinos al interior de nuestras fronteras”. Bueno, son “sus” fronteras, pero ¿ De quién es la tierra?, ¿Esos refugiados qué estaban haciendo en aquella tierra antes de que los convirtiesen en refugiados tras las represiones militares de las bandas terroristas judías como la Irgun y la Haganah que produjeron la mayoría de los presidentes del Gobierno de Israel?. Esas bandas fueron la base que fundó el Ejército de Israel, este mismo Ejército produjo la generación llamada pacifista con manos manchadas de sangre. Basta con leer lo que decía hace pocas semanas el historiador “pacifista”, Zeev Sternhell, al diario EL PAIS, dijo: “ No he tenido problema en disparar cuando ha sido necesario”.

 

Lo peor es lo que escribió David Grossman, el miércoles 17 de enero, y en EL PAIS también. Grossman es considerado, hoy día, uno de los escritores pacifistas en el Estado de Israel. Esa consideración no tiene nada que ver con la verdad cuando Grossman escriba de la historia del conflicto, en este punto,  coinciden todos los “pacifistas” de ese país. Según el pacifismo israelí: “lo que pasó en Palestina, ha pasado y ya está. Ahora hay que buscar nuevas vías, para mantener lo que hay y acabar con el estado de conflictividad en el que estamos”. La lógica con que el pacifismo israelí trata las raíces del problema palestino es mucho más que cínica. Para nosotros, los pacifistas palestinos,  eso es muy lamentable. 

 

Lo comprobamos con el tema de los refugiados palestinos. El propio David Grossman dice: “ El Estado de Israel debe admitir su parte de responsabilidad en este problema”. Eso es porque él supone que hay una responsabilidad de los países árabes en originar el problema. Pues no hay una parte de responsabilidad israelí, sino una responsabilidad total que el Estado de Israel debe asumir.  El problema de los refugiados empezó antes de la guerra de 1948. En aquel tiempo los países árabes no imaginaban el peligro que originaron las bandas terroristas de sionismo, como la Irgun, la Haganah y Shterien. La intervención árabe vino, y eso después de las masacres cometidas contra los palestinos, para proteger a la población palestina. Además, la diáspora palestina empezó mucho antes de que los países árabes interviniesen en la guerra del 1948, mal armados y dirigidos por Mandos ingleses implicados en facilitar la inmigración judía de Europa a Palestina.

 

  La historia nos enseña, tal como el mecanismo de la lógica, que ninguna persona- para no decir ningún pueblo- deja su tierra, su propiedad y sus familiares atrás, y para siempre, porque tal o cual país le invita a marchar de su tierra con la promesa de volver pronto. Tampoco hubo privilegios en aquellos países árabes, que al menos, podían haber atraído a los refugiados palestinos, para que éstos abandonaran sus hogares. Por el terror y nada más que el terror de las bandas sionistas de Israel, los refugiados palestinos fueron obligados a huir de la muerte que originaron ésas.    

Por otra parte, David Grossman considera que el retorno palestino supone una desaparición  para el Estado de Israel, porque dicho retorno “ se puede acabar con una injusticia provocando otra similar”. Sobre este mito Israel fue fundado. El rescate de los judíos de Europa, antes y durante la Segunda Guerra Mundial, lo pagaron los palestinos. O lo digamos de otro modo, para acabar con la injusticia europea con los judíos, había que producir una injusticia similar en Palestina, expulsando a los palestinos de su tierra, y extendiendo la mentira de “tierra sin pueblo para pueblo sin tierra”. Esa mentira sigue viva, hoy día, en la mentalidad israelí, porque así se lo enseñan a los niños en los libros escolares israelíes. Con estos mitos se identifica el pacifismo israelí, y sobre los mismos construye su visión de paz con los palestinos. Es decir paz a cambio de paz, mientras los derechos palestinos no tienen importancia, porque son los del vencido, el débil.

     

 Aun hay mucho que decir del pacifismo y la democracia israelíes. Ningún país fue gobernado por tantos militares como en el caso de Israel. En escasas excepciones había quienes vinieron desde fuera del Ejército para gobernar en Israel, pero ésos tampoco fueron menos malos que los militares. Simon Perés, premio Nobel de la paz, es un pequeño ejemplo; no venía del Ejército para gobernar, pero él fue el responsable del proyecto nuclear israelí que Israel alcanzó construir con ayuda francesa. Este mismo Perés ejerció como primer ministro en funciones tras el asesinato del ex primer ministro israelí Isaac Rabin a manos de un ultraortodoxo judío, en aquellos meses de 1996, Perés no  dudó en bombardear Beirut y cometer la matanza de Qana en el sur del Líbano para ganar las elecciones de aquel año. Lo hizo para demostrar ante una sociedad mayoritariamente de ultraderechas, que no era menos firme que los militares que gobiernan Israel, aun así, Perés no ganó las elecciones, el que las ganó es el actual primer ministro y candidato del Partido Laborista a la presidencia del Gobierno, el ex General Ehud Barak. Esto no es el único pecado mayúsculo que cometa el Estado de Israel. El verdadero pecado, es aquel que hace que la sociedad judía en Palestina crea en que pueda seguir gobernando al pueblo palestino con su fuerza colonial. Pero aunque esa gente lo crea así, la historia nos enseña que no se puede lograr la paz y la felicidad con mitos fundados en las leyendas religiosas, con la fuerza militar y sobre el sufrimiento del otro.

 

  Hablando de leyendas religiosas es hablar de los mitos que fundaron al Estado de Israel sobre un montón de cadáveres palestinos. Los pacifistas y militares israelíes siguen viviendo dentro de la leyenda de “ la tierra prometida”. Mientras la regla dice que no hay una cosa llamada pueblo judío, así como no hay algo llamado pueblo cristiano o musulmán. El egipcio cristiano no puede decir que es español porque es cristiano, tal como un musulmán español no puede decir que es saudí porque es musulmán, pues la religión no es una identidad nacional. El problema es que sobre este mito se ha fundado Israel, hasta que un judío norteamericano pueda inmigrarse a Palestina y establecerse en casa de un palestino después de expulsarle a éste. Todo eso pasa bajo la llamada “ Ley del retorno judío”, que sigue alimentando la necesidad de recursos humanos para la máquina militar del Ejército. Esa mitología forma, hoy día, el discurso político de ambas partes en el Estado de Israel, los llamados pacifista y los políticos ex militares que gobiernan.

 

 Al discutir el tema de las candidaturas a la presidencia del Gobierno con los pacifistas israelíes, éstos asaltan directamente a justificar el hecho de que los elegidos son casi siempre ex militares  por el miedo de los habitantes judíos del futuro. Lo grave es que estos movimientos pacifistas ven en las opciones electorales israelíes como una cosa normal, y que la existencia de dos ex Generales como únicos candidatos, es una lógica del tiempo que vive Israel, olvidándose que el tiempo que vive Israel ha sido fabricado con las propias manos de sus mandatarios.

 

 Ahora bien, ¿ Qué se espera de una sociedad que vota mayoritariamente para ex militares con un historial horrible y lleno de masacres y asesinatos? ¿ Es esa la democracia que apoya Occidente? ¿ Es este camino es el que pretende construir la paz? Vamos ahora a las elecciones israelíes, de momento está de acuerdo que se celebran el seis de febrero. Los candidatos son Ehud Barak y Arail Sharon. ¿Quiénes son estos?. Ehud Barak es básicamente el jefe del partido Laborista. Pero además, es el más condecorado en la historia del Ejército israelí. En 1991 fue nombrado el jefe del Estado Mayor del Ejército por el ex General y primer ministro laborista Isaac Rabin. Lo que no olvidarán los palestinos del historial de Barak, es que él fue el jefe del Sayeret Matkal, la mejor unidad de elite del Ejército en los años setenta, en esa unidad Ehud Barak ejecutó el asesinato a sangre fría del dirigente palestino Kamal Edwan, lo hizo en la primavera de 1973 con un disparo en la cara en pleno centro de la capital libanesa Beirut. Hoy lo esta repitiendo en Palestina, asesinando a dirigentes palestinos en los territorios administrados por la ANP. Cuando los periodistas le pregunten a Barak de estos asesinatos él prefiere el “ No comment”.  Se puede añadir dos cargos destacados en la carrera de Barak; en 1982 fue comandante de una división durante la invasión israelí al Líbano, así como fue nombrado director de la Inteligencia Militar en 1983. Hay que tener en cuenta, finalmente, que Barak fue el único diputado del Partido Laborista que no votó a favor de los acuerdos de Oslo firmados entre Arafat  y Isaac Rabin.

 

  El otro candidato israelí a la presidencia del Gobierno es el halcón Arail Sharon, el peor entre todos. Su historial está lleno de extremismo que alienta el odio contra los palestinos. Nacido en una familia fuertemente simpatizante al sionismo, a dieciséis años se afilió a la banda terrorista la Haganah, responsable de varios atentados mortales contra la población palestina entre los años treinta y cincuenta. Uno de estos atentados más sangrientos fue cometido el año 1947 con un coche lleno de explosivo en pleno centro de Jerusalén. Al final de la guerra de 1948, que marcó el inicio de la diáspora palestina, Arail Sharon decidió unirse como profesional al Ejército israelí. Sus primeros trabajos en el Ejército se concentraron en trabajos de inteligencia militar y ataques contra los palestinos que rechazaron abandonar sus hogares tras la guerra.  Los errores militares de Sharon, en la guerra del Suez de 1956 contra Egipto, estaban a punto de acabar con su carrera militar, pero fue el ex primer ministro laborista el General Isaac Rabin quien lo rescató y lo llevó a ascender en el Ejército.  El mismo Rabin le nombró como asesor militar en su Gobierno el año 1975.

 

  Durante la época de Arail Sharon como ministro de defensa, en 1981, se pusieron los planes para invadir al Líbano, éstos fueron realizado el año siguiente para acabar con la existencia de la OLP en el Líbano. En esa invasión Sharon fue el responsable de la mayor matanza cometida contra los palestinos en los campos de refugiados de Sabra y Shatiela a las afueras de la capital libanesa Beirut. En aquella matanza mas de 2500 palestinos fueron masacrados en una sola noche. En todos los cargos que ocupó su política se destacó en la provocación, tal como en su visita a la Explanada de las Mezquitas en Jerusalén que provocó la actual Intifada palestina.

 

  Con estos dos candidatos Israel va a enfrentares al desafío de un acuerdo de paz con los palestinos. No parece, de momento, que Barak o/y Sharon son valientes como para llegar a un acuerdo de paz que pueda hacer “media” justicia para los palestinos en la parte ocupada el año 1967 de su tierra; Palestina. En el mismo sentido esta muy claro de que la sociedad judía no está preparada para la paz con los palestinos, lo que demuestra que esa gente sigue convencida de que el gueto es el mejor sitio donde se ha acostumbrado a vivir. A los palestinos también se nota que están cansados de muertes y sufrimiento, pero eso no significa que van a rendirse.

 

  Hoy como nunca, los palestinos están menos interesados en las elecciones del Estado de Israel, porque los han probado a todos: Barak, Netinyahu y Sharon. No había, y casi nunca, una diferencia entre ellos prácticamente. Fueren laboristas o fueren ultraderechistas del Likud, todo sale igual. El que tiene que pagar es la víctima; el vencido, mientras el vencedor quiere más y más recompensa por su crimen. El desafío, ahora, no es para la sociedad palestina, sino es un desafío para la sociedad judía, que tiene que demostrar su deseo por la paz, rechazando las únicas opciones de votar para uno de los dos candidatos militares. La abstención puede que sirva para que ésos candidatos aprendan que la paz es el único salvavidas que tiene el Estado de Israel. Esa es una oportunidad histórica para una conciliación excepcional, aunque con ella, los palestinos no alcanzan todos sus derechos, sino una parte muy reducida. Cabe decir, por último, que la diáspora palestina existe para que los palestinos vuelvan a su tierra, gobierne quien gobierne en este Estado contranatural.