Los
feroces e injustificados ataques que el Ejército de ocupación israelí
lleva a cabo, desde las primeras horas de la Intifada, contra la
población, las localidades y las propiedades palestinas, y de las que
no se libran ni los árboles, que son talados por el ocupante a gran
escala, han puesto al descubierto la magnitud del plan trazado con
anterioridad por la Junta Militar instalada tanto en el Gobierno como en
la oposición israelíes.
Este plan
consiste, simplemente, en enterrar para siempre el proceso de paz
palestinoisraelí, que en siete años no ha podido arrancar a Israel el
mínimo gesto de buena voluntad hacia los palestinos, que por otra parte
no reclaman nada que no sea suyo y que no esté reconocido por el
derecho internacional, las resoluciones de la ONU, su Consejo de
Seguridad y todos los gobiernos del mundo, incluido el de Washington.
Los
generales que gobiernan Israel hoy, como sus antecesores que han
gobernado desde que este "Estado-cuña" fue clavado en el
corazón del mundo árabe, han demostrado que no abandonan el sueño
sionista del Gran Israel, ni aquello de "la tierra de Israel, desde
el Eufrates hasta el Nilo", dos ríos que, miren por donde, están
representados por dos franjas azules en la bandera de Israel. Lo que en
realidad busca Israel, lanzando despiadadas agresiones, la guerra total,
tanto contra los palestinos como contra los sirios, y si hace falta,
como en guerras, anteriores, contra Egipto y Jordania.
Israel se
atreve a instalarse en semejantes locuras y en otras más graves si
fuera posible, sólo gracias al incondicional apoyo que disfruta de
EE.UU., la primera y única superpotencia. Este apoyo llega a cegar a
los dirigentes israelíes de tal manera que posiblemente estén pensando
que la mejor salida del berenjenal en que se han metido, llamado proceso
de paz, y que nunca han tomado realmente en serio, es una huida hacia
adelante, una guerra, en la que, según el pensamiento expansionista que
rige la vida de Israel desde 1948, obtendrán más territorios árabes,
y más tiempo, posiblemente otros 20 años, antes de que llegue el
próximo proceso de paz, que pueda durar otros siete años, para volver
a obtener nuevos territorios en una nueva guerra.
Este es,
simple y llanamente, el elemental pensamiento criminal de Israel, un
Estado nacido para la expansión, la usurpación, las inacabables
matanzas contra los árabes, la expulsión de sus poblaciones, hasta que
algún día llegue el fin de esta nueva Cruzada, flagrantemente
occidental, que esperamos que no dure tanto tiempo como duró la
primera.
Los
palestinos, árabes y musulmanes, tal como expresan a través de sus
medios de información, creen profundamente en la occidentalidad del
interminable holocausto que les ha tocado vivir a los árabes de
Palestina, Jordania, Líbano, Siria y Egipto, y que de no ser arrancado
Israel de la región alcanzará con sus calamidades, en las próximas
décadas, a los pueblos de Irak y de la Península Arábiga. Y es que
Israel, según el pensamiento criminal sionista que la rige día a día,
desde que Occidente la dio a luz, considera que tiene tantos derechos en
Irak, el país del Ur de Abraham y de Nabucodonosor como en Arabia, de
donde el profeta Mohammad, la paz sea con él, expulsó a los Quraida,
Qunaiquna, y demás tribus judías después de sus repetidas traiciones
a los pactos que firmaban con los musulmanes y después de que
intentaran asesinarle reiteradamente (propósito que lograron finalmente
pues, según numerosos testimonios de la época, el profeta murió
envenenado por una mujer judía). Las inmensas riquezas petrolíferas y
mineras de Arabia, incluida la costa desde Kuwait hasta Omán, no se
escapan al sueño de esta nueva y bien camuflada cruzada
occidental-sionista, a pesar de que esa región queda fuera de las dos
bandas azules antes señaladas, lo que convertiría aquello del Eufrates
y el Nilo en una simple cortina de humo.
Occidente
(el Reino Unido) inventó, implantó y financió a Israel y sus primeras
agresiones contra los árabes, en un crimen organizado en el que
participaron otros países europeos. Hoy, Israel está siendo sostenido
minuto a minuto por EE.UU., ante una hipocresía europea, llamada
imparcialidad, que roza lo grotesco.
La Unión
Europea, algunos de cuyos miembros (Reino Unido) son los auténticos
autores del crimen que se está perpetrando desde 1948 contra el pueblo
palestino y contra la nación árabe, se aferró en la IV Conferencia
Euromediterránea, celebrada a mediados de noviembre en Marsella, a su
falsa imparcialidad ante la horrenda matanza que los israelíes están
ejecutando en Palestina.
No
olvidemos en primer lugar que ese pretendido foro de paz y cooperación
euromediterráneo fue creado en Barcelona, en 1995, para diluir el
carácter de cooperación euroárabe que afloraba antes de la señalada
fecha, y para evitar que cristalice semejante foro que hubiera sido de
gran utilidad para el acercamiento entre Europa y el Mundo Árabe, dos
mundos que carecen actualmente de foro alguno para su entendimiento
mutuo, sin la constante interferencia de Israel, Estado diametralmente
opuesto al mundo árabe , o de otros terceros países ajenos a lo
euroárabe.
Con la
Conferencia Euromediterránea se ha querido a todas luces, y así lo han
comentado ministros árabes (de lo que soy testigo directo), favorecer a
Israel, romper su aislamiento y potenciar el proceso de paz
árabe-israelí, que ha sido diseñado por Occidente sólo para servir a
los intereses de Israel en detrimento de toda la nación árabe.
Por ello,
era lógico, a pesar del enfado de las delegaciones árabes
presentes en Marsella, especialmente la Palestina, encabezada por Nabil
Shaaz, que las delegaciones europeas se aferraran a aquello de la
imparcialidad, absolutamente cómica cuando se trata de un verdugo que
está degollando a su víctima.
La
indignación árabe ante tamaña mezquindad fue expresada rotundamente
al negarse las delegaciones árabes a firmar el documento final de la
Conferencia, lo cual puede suponer el principio del fin de ese foro. En
la clausura de la Conferencia, Shaaz hablaba en nombre de las
delegaciones árabes, para calificar la postura de la UE, al negarse a
formular cualquier forma de condena a las matanzas israelíes contra la
población Palestina, de "perniciosa doctrina de neutralidad".
Con tanto
apoyo y complicidad estadounidense y con tanta "neutralidad"
europea ¿como no iba Israel a seguir adelante con su plan de
destrucción de la paz, masacrando a su antojo al pueblo palestino?.