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¿Adónde Llevará Sharon a Israel?
Edward
W. Said
Se dice que el celebrado escritor Guy de Maupassant, poco
después de que se construyera la Torre Eiffel en el Paris de fines del
siglo diecinueve, solía ir por la ciudad quejándose interminablemente
sobre el disgusto que le provocaba la gran estructura. Mas a pesar de
ello, iba indefectiblemente a almorzar todos los días en el restaurante de
la torre. Cuando se le llamaba la atención sobre esa paradoja en su
comportamiento, Maupassant respondía fríamente: "Voy allí porque estando
dentro es el único sitio de Paris donde no tengo que mirar la Torre o
siquiera verla."
Mi impresión general es que, para la mayoría de los
israelíes, su país es invisible. Estar dentro significa una cierta ceguera
o incapacidad de ver lo que es y lo que le ha estado sucediendo y, lo que
es igualmente notable, una falta de voluntad de comprender lo que ha
significado para otros en el mundo, y especialmente en el Oriente Próximo.
Para cuando estas líneas aparezcan impresas, habrán pasado las elecciones
israelíes y, posiblemente, como se ha pronosticado ya durante varias
semanas, Ariel Sharon será primer ministro.
Como ha sucedido en los meses antes e inmediatamente
después de la elección de Ehud Barak, una gran parte de la atención de los
medios de los EE.UU. se ha concentrado sobre Sharon, en un esfuerzo por
hacerle parecer un candidato plausible, o por lo menos no tan estrambótico
e indignante. No creo que nadie fuera de Israel esté verdaderamente
convencido, pero es sorprendentemente extraño que una mayoría de los
israelíes puedan considerar volverse hacia el viejo asesino impenitente de
palestinos, después de cuatro meses en los que Ehud Barak ha estado
derramando inútilmente sangre palestina y castigando colectivamente a
varios millones de residentes árabes de Cisjordania, Gaza y del mismo
Israel, sin que se haya logrado cosa alguna.
De acuerdo con las encuestas, los israelíes han optado por
un hombre que les traerá más, en lugar de menos violencia, lo que, hay que
agregar de inmediato, hará que las relaciones futuras de Israel con los
palestinos, los estados árabes y el mundo musulmán, tengan aún menos
posibilidades de ser pacíficas y con menores dificultades. La pregunta es
cómo la gente puede considerar una opción tan obviamente contraproducente,
a menos que simplemente no tengan idea de lo que el mundo piensa de ellos,
para comenzar, ni idea de que semejante destrucción y semejante crueldad
les traerán aún más alienación y disgusto y, por lo tanto, inseguridad.
Flirteando con Sharon ahora es, por lo tanto, tornarse aún
más hacia dentro, un rechazo resuelto del mundo exterior a favor de la
vieja y totalmente desacreditada política de atacar a los árabes, que ha
llevado a Israel a ser un país aún más y más aislado y desacreditado de lo
que ha sido hasta ahora. Desde luego, la vida continúa dentro del país,
como sigue en todas partes y, en todo tipo de situaciones, y debiera ser
obvio que la mayoría de los israelíes son gente normal que quieren vivir
vidas normales, criar sus familias, prosperar en su trabajo, y vivir sin
temor a catástrofes o guerra. Sin embargo, gran parte de su historia
colectiva ha representado una tragedia en la historia moderna árabe y,
para los palestinos en particular, un desastre casi absoluto.
Y así ha sido durante más de cincuenta años, la vida en
una comunidad ha significado frustración y sufrimiento en la otra, medida
por medida, represalia tras represalia, inexorable y despiadadamente. A
ningún palestino hay que recordarle que cada triunfo israelí ha
representado una pérdida simétrica para los palestinos,
Incluso después de 1967, cuando israelíes y palestinos
fueron juntados demográficamente con más brutalidad que nunca antes , la
distancia y la diferencia entre los dos mundos se profundizó y se amplió a
pesar de su total proximidad. La ocupación militar no ha llevado nunca al
entendimiento, y por ello los años posteriores a Oslo, no contribuyeron a
mucha mutualidad, excepto a los grupos relativamente pequeños y
privilegiados de agentes de seguridad y de negociadores.
En lugar de tratar de relacionar la política israelí de
ocupación militar con la intifada como causa y efecto, muchos israelíes
parecen querer ahora que Sharon "se ocupe de los árabes", como si "los
árabes" fueran otras tantas moscas o un enjambre de abejas molestas. Lo
que no parece habérseles ocurrido, ni siquiera a los peaceniks
israelíes, ha sido que el ritmo increíblemente lento y tortuoso de los
pasos israelíes en la cesión de territorio aquí y allá, más los millares
de condiciones y las muchas, muchas, horas que se invirtieron en la
negociación de todas las condiciones inconcebiblemente complicadas que
Israel impuso a cada pequeño paso que adoptó, como el mover algunas tropas
de un lado de Cisjordania a otro, más la constante construcción de nuevos
asentamientos, más las nuevas subdivisiones y carreteras que dividen más y
más a Gaza y Cisjordania, más los frecuentes cierres, el continuo uso de
la tortura, la violencia de los colonos en sitios como Hebrón, más el
hecho de que bajo Barak no se cedió territorio alguno, como si todo esto
que, en vez de mejorar las cosas, las empeoró, fuera algo que el campo
pro-paz en Israel no hubiera absorbido o comprendido.
Aunque hay que decir que los palestinos se han comportado
como todos los pueblos colonizados en la historia se han conducido frente
al colonizador: se rebelaron para protestar. ¿Qué hay de difícil u oscuro
en esto, y por qué un pueblo tan evidentemente bien dotado como los
israelíes se resiste a comprender los aspectos más elementales de la
conducta humana?
Pero consideremos que, si uno acepta por un momento que se
suponía que todo lo que se está haciendo a los palestinos como parte de un
proceso de paz, debiera haber mejorado las cosas, -sí, mejorado-, entonces
uno debe tener el sentido más extraño posible de sí mismo, la sicología
más inverosímil . ¿Qué revela el sentido invertido de causa y efecto sobre
la persona en cuestión?, ¿Qué sugiere el que crea que el castigo y el
sadismo mejorarán realmente las relaciones entre la gente?
Esto es sadismo punitivo puro: no sirve a la seguridad o a
un propósito a largo plazo, fuera de convertir en un infierno la vida de
todos los palestinos, que pasan la mayor parte de su tiempo en los caminos
en el curso normal de sus vidas, sufriendo demoras interminables,
desviaciones, registros, humillaciones, interrogatorios y, muchas veces,
el no poder llegar a sus destinos, simplemente por caprichos israelíes.
¿Cómo puede esto ayudar posiblemente a alguien, y cómo puede alguien,
excepto el que esté tan desesperadamente fuera de contacto con la
realidad, pensar de otra manera?
Puedo fácilmente imaginarme que los israelíes que estaban
a favor de semejante proceder eran, cuando se trataba de todos los demás
aspectos de la vida, como toda la demás gente. Sólo cuando y donde se
trataba de los árabes, pensaban que las cosas eran diferentes. Ni una sola
vez, que yo sepa, hubo un dirigente israelí que se detuvo y dijo, por
ejemplo, ‘hemos sido injustos con esta gente, los hemos expulsado de sus
hogares, hemos destruido su sociedad y los hemos desposeído, recordémonos
por lo menos de este hecho y tratemos desde ahora de hacerles la vida más
fácil’. Nunca, durante las largas y tortuosas sesiones de negociación del
proceso de paz, se llegó siquiera a susurrar a la prensa que un
funcionario israelí hubiera dicho algo magnánimo o que habría insinuado
que sintiera algún remordimiento de conciencia por lo que se había hecho
en nombre de Israel a todo un pueblo.
Todo lo que se nos dijo fue que por cada pulgada de tierra
cuya entrega a los palestinos fue discutida, conllevaba miles de
condiciones, que una Palestina ya dividida, fue subdividida tres, cuatro y
más veces para mantenerla fuerza del alcance de los palestinos, de manera
que los palestinos tuvieran aún más obstáculos que salvar y más años que
esperar antes de que puedan llegar a algo parecido a un estado viable de
autonomía. Y cientos de pesos políticos siguen aún en sus celdas, y los
ciudadanos palestinos de Israel siguen aún en sus aldeas empobrecidas, sus
escuelas y municipalidades sub-estándar, sin poder, por razones religiosas
o políticas, comprar o alquilar tierras, para que Israel pueda mantener
una mayoría judía al estilo señorial, de manera que los judíos israelíes
puedan acosar y oprimir a otro pueblo, sin tener que pensar en ellos o
siquiera verlos demasiado.
Uno no tiene que tener las dotes de Aristóteles o de de
Gaulle, para comprender que la política israelí de ceguera oficial no
llevará jamás a la victoria, como la política de Sharon frente al Líbano
tampoco fue un éxito, o la política "de paz" de Barak tampoco iba a hacer
la paz o terminar con la intifada de Al Aqsa. Como Maupassant en el
restauran de la Torre Eiffel, un Israel dirigido por un general belicista
va a entrar más y más a un sitio del que no se podrá escapar, ni ganar la
batalla. Lejos de retirarse verdaderamente a su interior, está
asegurándose por el contrario, de que permanecerá conectado con el mundo
árabe de la peor manera posible, vía su ejército, colonos, conquistadores,
e ideólogos despotricando, mientras sus ciudadanos, sus artistas, su gente
ordinaria, están paralizados por visiones de escape y de un estado limpio
que no tiene más posibilidades de realizarse ahora que las que nunca tuvo.
Ideas extravagantes del poder israelí como están
personificadas por gente como Sharon, constituyen en el mejor caso un
aplazamiento, y además un aplazamiento sangriento, de la comprensión de
que el apartheid puede funcionar sólo si dos pueblos aceptan la noción de
la separación con la inferioridad que el fuerte le impone al débil. Pero
ya que éste no es tal caso (y jamás ha ocurrido en la historia), será
siempre improbable que la gente acepte alegremente su esclavización. ¿Por
qué se están engañando en masa los israelíes pensando que funcionará en un
área tan pequeña y en una geografía históricamente tan saturada como la de
Palestina?
Es difícil creer que mientras crean en el milagro de un
Israel separado milagrosamente de sus circunstancias y entorno – una
noción estrambótica que ha sido alentada por la campaña electoral de
Sharon – los judíos israelíes se parecen a miembros de un culto que a
ciudadanos de un estado secular moderno. Y, en alguna forma, es cierto que
la historia inicial de Israel y del nuevo estado pionero, es la de un
culto utópico, sostenido por gente que sacaba gran parte de su energía de
la exclusión del entorno, mientras vivían la fantasía de una empresa
heroica y pura.
Abril de 2001
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